Es vital que las experiencias del Cordobazo vuelvan a resurgir desde el cajoncito del alma donde la memoria popular ha guardado aquellos trágicos pero triunfales momentos.

Es el ejercicio de la memoria histórica lo que podrá mantener viva aquella gesta de nuestros adultos mayores, ya que gran parte de esas generaciones de laburantes de todas las ramas del trabajo que pusieron el cuerpo en las calles durante esos días están poco a poco yéndose de la vida.
Es por ello que cobra especial valor el recuerdo permanente que hagamos hoy de las y los protagonistas de aquellas jornadas gloriosas de lucha, que no se pierdan ni se callen sus voces, que las vivencias no se olviden, porque sus recuerdos en el presente nos demandan con urgencia que esa gran experiencia popular vuelva a repensarse con la franqueza que se requiere en estas horas aciagas que vivimos como país; donde millones de jubilados, laburantes sin trabajo y jóvenes sin derecho al futuro son castigados con crueldad para evitar que se reconstruya y consolide un nuevo y poderoso proyecto de país próspero y feliz, con justicia social, independencia económica y soberanía política.
Es vital que las experiencias del Cordobazo vuelvan a resurgir desde el cajoncito del alma donde la memoria popular ha guardado aquellos trágicos pero triunfales momentos. Estos tiempos actuales lo exigen. Aquel movimiento de fuerzas sociales y patrióticas que se multiplicó por todos los rincones del país, que se reflejó desde aquellos días en cada acto de resistencia a la opresión, volverá a enseñarnos el camino que debe tomar nuestro pueblo ante los ataques de las clases dominantes. Nos ayudarán a “romper el aislamiento” al decir de Walsh, como un paso primordial hacia la unidad del campo popular y encontrar nuevas respuestas para defender los derechos sociales que intentan ser eliminados por este actual gobierno de traidores a la patria.
Sólo cobrarán nuevos significados para el aprendizaje de las actuales generaciones de pibes y pibas que deben luchar por ganarse sus derechos si desempolvamos aquellas enseñanzas que nos dejara el Cordobazo y sus líderes o liderezas que fueron impulsores, artífices y protagonistas de aquella gesta heroica.
Hoy como ayer, es la misma lucha. Es contra el mismo intento de dominación y martirio.
El intento de los actuales gobiernos que están arrodillados ante la avanzada neoliberal (tal como lo estuvo el dictador Onganía allá por 1969) busca cercenar las conquistas sociales que lograron las generaciones de argentinos que nos precedieron. Son el botín de las mafiosas clases opulentas y del poder imperial que las apaña.
Mirémonos de una vez por todas en el espejo de la primera joven clase obrera industrial de Córdoba que por los años sesenta lograba ingresar a estudiar a la universidad más antigua y elitista del país. Pongámonos en los zapatos y alpargatas de los trabajadores que defendieron las conquistas de los años 30 como el “sábado inglés” y por la cual dieron la vida los obreros industriales como Máximo Mena y cientos de otros tras él.
Esas bases obreras y sus dirigencias pusieron todo lo que había que poner para mantener una conquista laboral que hoy disfrutamos todavía. Honor y gloria le debemos.
Miremos a la dirigencia más lúcida del movimiento obrero de la Córdoba de entonces que logró tal nivel de representación y empatía que logró ganar en las elecciones de 1973, tras largas luchas (hasta con las armas en la mano), convirtiendo a un dirigente sindical en el vicegobernador de la mediterránea y doctoral provincia de Córdoba. Un laburante cordobés, un militante sindical, un líder popular único que surgió de la dirigencia gremial y de la cual logró sintetizar los métodos de lucha de la “resistencia peronista y la reforma universitaria” para poder garantizar los actos públicos de los trabajadores, para que sus reclamos sean escuchados, para evitar además que la represión militar y policial les impida manifestarse en el centro de una ciudad siempre negada a los pobres. Rompieron así los trabajadores de entonces el maleficio que impedía el derecho a manifestarse en la ciudad. Y las paredes se pintaron con las consignas de los estudiantes solidarios y comprometidos con su pueblo, con los reclamos obreros, con el grito de los negros provenientes de las barriadas de la periferia.
Hoy nuevamente los derechos del pueblo laburante deben ser defendidos como sea posible en cada lugar y rincón de la Patria. Una banda de mercenarios en el gobierno, que son bancados por clases sociales angurrientas y que viven del sudor ajeno, intentan perdurar en el poder. No lo lograrán por mucho tiempo más. El Cordobazo dio una lección que el Pueblo no olvida: para defender y conquistar más derechos hay que luchar con inteligencia y tener una férrea unidad en la lucha, garantizando por encima de las diferencias circunstanciales la unidad en la acción de los trabajadores para poder tener la fuerza necesaria que posibilite derrotar a los tiranos que nos oprimen.
Todos estos motivos me impulsaron a conservar lo mejor posible los registros fílmicos que otros compañeros cineastas y periodistas realizaron en aquellos días vertiginosos. Esas grabaciones están plasmadas en el film QUÉMENLOS. Todo el universo sonoro y las imágenes de las contiendas que calle a calle, esquina por esquina, libró aquella joven generación de cordobeses y estudiantes del interior profundo del país, junto a las experiencias vividas, no se perderán si todos nuevamente nos ponemos de pie para ejercer nuestros derechos, a la altura de las actuales circunstancias y de nuestra Historia.
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