Le alcanzaba con ganar para clasificar, pero el campeón perdió 2-0 con Corea del Sur y se despidió en primera ronda. Avanzaron Suecia y México.

El primer batacazo de la Copa del Mundo fue acaso el más impensado. Porque Suecia le ganaba cómodo a México y le dejaba la clasificación servida en bandeja a Alemania. Le alcanzaba con ganar. Necesitaba un gol, tal vez su gran déficit en el suelo ruso. Los comandados por Joachim Löw anotaron solo dos goles -ambos en la victoria agónica ante Suecia- en tres partidos del Grupo F. Timo Werner estaba llamado a llenar ese casillero, pero no pudo gritar ninguno. Mario Gómez tampoco lo logró cuando entró desde el banco y Hummels tuvo el triunfo en su cabeza. Pero impactó el centro con el hombro y la pelota se fue desviada.
Y Corea del Sur lo hizo. En el descuento, ya sin chances de avanzar de fase, sacudió al mundo del fútbol. Se fue de Rusia, pero se llevó puesto al último campeón. Lo eliminó. Lo confinó al último lugar del Grupo F. Alemania ahora sabe que también puede perder.
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