El árbol de la vida y la abundancia: la muestra de Abel Rodríguez en MALBA

La exposición presenta alrededor de 60 dibujos con los que el artista colombiano, cuyo nombre indígena es Mogaje Guihu, preservó la identidad de la Amazonia colombiana.

Las copiosas formas verdes que pintó Abel Rodríguez (1941-2025) recrean el mundo vegetal de la Amazonia colombiana y sus puentes hacia la memoria: los saberes de la cultura nonuya y la interacción de los pueblos de su región con el medio ambiente. Y es lo que expone la muestra El árbol de la vida y la abundancia en el MALBA (Av. Pres. Figueroa Alcorta 3415) hasta el 23 de agosto. ¿Qué visiones y emociones trasuntan las obras de Abel Rodríguez?

Así lo explican en el MALBA: “Nacido a orillas del río Cahuinarí, Rodríguez -cuyo nombre indígena, Mogaje Guihu, significa ‘pluma de gavilán resplandeciente’- fue uno de los últimos miembros de la etnia nonuya, cruelmente diezmada durante el ‘holocausto del caucho’, ocurrido en la región entre fines del siglo XIX y comienzos del XX”. Criado por la familia de su madre, fue formado desde la infancia como un “sabedor”, alguien capaz de reconocer todas las plantas de la selva” y “sus relaciones con los animales, las personas y el territorio”.

Foto: Gentileza Prensa Malba

Cuando comenzó a dibujar, a eso de los 40 años, Rodríguez volcó “los saberes de las lenguas indígenas que no eran traducibles al castellano. En tres décadas produjo cerca de 500 obras -en acuarela, témpera, tinta y acrílico-, que reconstruyen de memoria la selva amazónica, árbol por árbol y hoja por hoja”. Allí, la diversidad de verdes expresan su avezada visión de la selva: “Cada una de sus obras está firmada con sus dos nombres, Mogaje Guihu y Abel Rodríguez, marcando una frontera entre dos mundos” y “una convivencia armónica”.

En qué consiste la muestra El árbol de la vida y la abundancia

La exposición El árbol de la vida y la abundancia reúne una amplia selección de lo que produjo Rodríguez / Mogaje Guihu, “una de las figuras más relevantes del arte contemporáneo latinoamericano y uno de los primeros artistas indígenas en ingresar al circuito internacional del arte”, consignan en el MALBA. Su título remite al Árbol de la Abundancia de numerosas cosmogonías indígenas: “Es el árbol primordial del que brotaron todos los frutos existentes y que un hacha derriba, dispersando las semillas por el mundo”.

Abel Rodríguez / Mogaje Guihu: El árbol de la vida y la abundancia es la versión en español-inglés del catálogo originalmente publicado por el Museu de Arte de São Paulo Assis Chateaubriand (MASP). Y, justamente, de la curación de la muestra en el MALBA se ocuparon Adriano Pedrosa, Director Artístico del MASP, y Leandro Muniz, curador asistente del MASP, quien dice desde Brasil: “Sus dibujos tienen múltiples capas de significado y de elaboración. Podemos entenderlos como una mirada integrada sobre la naturaleza, en la que el ser humano no aparece separado de ella y donde el bosque no es concebido como un espacio intocado, sino como un territorio con su propia sabiduría”.

Foto: Gentileza Prensa Malba

Al mismo tiempo, “la circulación de su obra por exposiciones colectivas, bienales y museos plantea preguntas sobre cómo difundir el arte indígena sin reproducir nuevas formas de exotización, sino favoreciendo un diálogo entre distintas formas de producción de conocimiento”, prosigue Muniz. Los dibujos de don Abel “poseen un nivel de precisión extraordinario en la representación de las texturas de la selva, algo que sólo puede apreciarse plenamente al ver las obras en persona -dice Muniz-. Dibuja las lianas, las raíces de las bromelias y los pelajes de los animales sin establecer jerarquías, al tiempo que preserva la singularidad de cada uno y de sus múltiples relaciones”.

Todo ello “está realizado de memoria y Don Abel siempre fue consciente de la importancia de transmitir este conocimiento, especialmente si se considera que muchas de estas especies eran conocidas únicamente por él y por su comunidad, los Nonuya-Muinane”. ¿En qué consistió la curaduría? “El primer paso -explica Muniz- fue realizar un relevamiento general de toda su producción, de alrededor de 500 dibujos”. A partir de allí “el objetivo fue comprender los aspectos centrales de su práctica, ya que esta exposición no pretende ser una retrospectiva, sino una selección de aproximadamente 60 dibujos significativos”.

De allí surgió la idea de organizar la muestra en cuatro núcleos: dibujos botánicos, ciclos, naturaleza integrada y árboles mitológicos. “Estos núcleos no establecen una secuencia cronológica, sino que buscan reflejar el carácter circular de la cosmovisión de don Abel”,  cuenta Muniz. Y detalla: “Junto con David Queiroz como asistente de investigación, elaboramos un glosario en colaboración con el equipo editorial del catálogo. Muchos de los títulos de las obras, así como el propio nombre indígena de don Abel -Mogaje Guihu-, no eran fácilmente identificables o comprensibles para un público amplio”.

Foto: Gentileza Prensa Malba

Ese trabajo “fue fundamental para comprender la riqueza de su cultura, así como para reflexionar sobre cómo traducir esos conceptos a otro contexto, siendo siempre conscientes de que una parte de ese universo permanecería inevitablemente fuera de nuestro alcance y de que sólo don Abel podría explicar plenamente muchos de esos significados”. La exposición en el MALBA también sirve para ubicar a Rodríguez en su recorrido vital: en su adultez estableció una granja cerca de Araracuara y contribuyó a fundar la Reserva Indígena Nonuya de Villazul y la comunidad Peña Roja.

Ya en los años ‘90, el avance del conflicto armado, el narcotráfico y el extractivismo en la Amazonia colombiana llevaron a Rodríguez a emigrar a Bogotá, donde vivió hasta su muerte. En 2014, luego de recibir el Premio Prince Claus, ingresó al circuito internacional del arte contemporáneo e integró numerosas muestras y bienales: en 2022 formó parte de la Toronto Biennial of Art y de la Biennale of Sydney; en 2023 pasó por la Bienal de Gwangju y, en 2024, por la Biennale di Venezia. La muestra del MALBA atestigua la mirada vegetal y el incansable trabajo que Rodríguez trazó para unir culturas y territorios recónditos.

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