Los miembros más cuestionados del gabinete macrista lograron, por ahora, sobrevivir, pero pocos se animan a apostar por su permanencia a largo plazo.
Que Bergman se sentara en la primera fila del Salón Blanco durante el anuncio de acuerdos gremiales por Vaca Muerta pareció casi una ironía. Tanto como el gesto de Mauricio Macri en Córdoba, cuando posó junto a Juan Schiaretti rodeado de obreros con cascos de la empresa Odebrecht, el mismo día que su jefe de inteligencia había sido denunciado como intermediario en los sobornos de la compañía brasileña. Lo cierto es que la foto del rabino en medio de Nicolás Dijovne y Esteban Bullrich fue un espaldarazo para un ministro que tiene pocos defensores en el gobierno. «Volvió de La Pampa y le echó la culpa a (Carlos) Verna por los incendios. Para ayudarnos así que se quede en su casa», apuntaron desde el Ministerio del Interior. El caso de Chaín es diferente. Su salida está decidida. «Se va a hacer, la semana próxima o en marzo, pero no sigue», explicaron en Casa Rosada. Su continuidad no tiene que ver con una valoración positiva del desempeño de uno de los funcionarios más cercanos a Macri. «Todavía no encontramos un reemplazante», señalaron días atrás a Tiempo.
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