
Todos los índices negativos de la economía baten records. Las ventas navideñas resultaron ser las peores de la última década, al igual que el Riesgo País, que escaló a niveles de principios de siglo luego de un proceso de hiperendeudamiento –también récord– que «los mercados» ahora evalúan inviable. El dólar aumentó un 105,3% en el año y el peso tuvo la devaluación más alta desde 2002. En resumen: los libros de estadísticas económicas dirán que en 2018 el país es 2,5 puntos más pobre, que es lo que se redujo el Producto Bruto.
A esas cifras que espantan se suman otras escenas de terror. La legalización de la «doctrina Chocobar» que convalida el gatillo fácil, la obscena judicialización de la política, la infiltración y represión de las manifestaciones populares, la criminalización de la crítica y la protesta, el vaciamiento de medios públicos y la consolidación de oligopolios de prensa privados.
Son postales de una debacle anunciada. Los lectores de Tiempo Argentino pueden dar fe de que semana a semana se acumulaban advertencias sobre las consecuencias de un modelo económico y político basado en la transferencia regresiva de ingresos, la sublimación de la «meritocracia», la demonización del Estado y el saqueo de recursos estratégicos.
El recordatorio no es jactancia, sino agradecimiento: este diario pudo contar el derrumbe en tiempo real gracias al respaldo de los lectores, que aportan el 60% de los ingresos que mantienen a la cooperativa en pie. El 40% restante lo aportan anunciantes que creen y apoyan el ejercicio del periodismo libre y autogestivo.
Gracias a ellos –ustedes–, el año que llega nos encuentra donde más nos gusta: en nuestra redacción. Es un privilegio que prometemos recompensar haciendo más y mejor periodismo. Tenemos por delante la misión de contar hechos históricos que ya iniciaron, como la revolución de las mujeres, y otros que vendrán, como la novena elección presidencial desde el retorno de la democracia.
En 2018 implosionó un modelo de gestión cimentado en el odio político, el individuialismo económico y la protección de los privilegios de clase. ¿El año que llega alumbrará algo mejor?
La esperanza, ya se sabe, es lo último que se pierde.
Bienvenido, 2019. Te estábamos esperando. «
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