El triunfo sufrido contra Cabo Verde encendió las alarmas y las conversaciones alrededor de cuántos cambios necesita el equipo y qué botones tiene que tocar Scaloni frente a Egipto, el martes, por los cuartos de final.

No es pesimismo ni pronóstico, es simplemente una de las opciones presentes en el menú. Por estas horas, es la alarma encendida en la patria futbolera con grupos de WhatsApp que escupen verdades y conversaciones alrededor de cuántos cambios necesita el equipo, quiénes están para sentarse al lado de Lionel Scaloni y qué botones tiene que tocar para decir que “ahora nos volvimos a ilusionar”. Bienvenidos al drama, bienvenidos al Mundial. El evento deportivo insuperable, incluso con cambios reglamentarios difíciles de digerir, está -continúa- entre nosotros para marcar el ritmo de nuestros días y humores.
“De los 100 partidos, este es el que más me ha marcado y me va a ayudar como entrenador. Pero por suerte lo ganamos, sino mi partido 100 sería una estadística triste», dijo Lionel Scaloni. Fue una forma respetuosa de avisarle a sus jugadores -la gran mayoría campeones- que ya tomó nota. La actuación argentina transcurre -como todo- en un determinado contexto. Este Mundial es de los superhéroes, con Lionel Messi, Kylian Mbappe y Erling Haaland como protagonistas principales de la película. También es la Copa, como describen los Lioneles de la selección, de los partidos igualados.
Lo sabe Alemania, el único campeón que se retiró en 16avos. Lo sufrió Brasil, que ganó cuando faltaban menos de 60 segundos para el alargue contra Japón. Lo confirmaron Inglaterra y Noruega, que se subieron a los octavos en los últimos diez minutos de los 90, y Bélgica, que gambeteó la definición por penales en el último instante del tiempo complementario. Francia -hasta ahora el de mejor producción colectiva, aunque le costó ante Paraguay-, México y España fueron el reverso de ese sufrimiento y construyeron victorias relajadas y convincentes.
La foto ya se cambió, aunque el cuadro de los octavos mostró el estado del arte del fútbol: el dominio europeo y americano -siete representantes cada uno- solo se cortó con Marruecos y Egipto, la presencia septentrional de África, un continente que animó la competencia con partidazos, historias entrañables como la de Vozinha y unos cuantos sustos -entre ellos el argentino- que estarán en cualquier resumen cuando termine el Mundial. Sin embargo, todavía hay bastante espacio en la memoria de la Copa.
A la edición número 23 le quedan exactamente dos semanas para la final en el MetLife, en el suburbio de East Rutherford de Nueva Jersey. Catorce decisivos días. Una eternidad para la vida futbolera. Y Argentina está ahí, instalada en esa competencia con sus flechas hacia abajo y hacia arriba, con cuatro victorias sobre cuatro, con Messi dispuesto a llevarse algún otro chichón en la frente. Con 39 recién cumplidos y el espíritu de ese pibe que hace 22 años debutó con la Sub 20 en un amistoso ante Paraguay organizado para primerear a España, está entregado -como dijo después del trompazo de Arabia Saudita en Qatar 2022- a no dejarnos tirados. «
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