La Argentina pasó el purgatorio, pero el sufrimiento no puede ser un método

Por: Alejandro Wall

Scaloni dijo que recibió la mayor enseñanza en sus cien partidos con la selección. Quizá, como otras veces, llegó en el momento justo. Contra Cabo Verde hubo un problema de funcionamiento. Un mediocampo en el que Alexis MacAllister no termina de estar cómodo de 5.

Bienvenidos a este newsletter de Tiempo. Estas cartas del Mundial, Postales del Norte, que intercambiamos junto a Alejandro Wall. Hoy Wall, desde Miami, donde Argentina venció el viernes a Cabo Verde, le escribe a Burgo, en Ciudad de México, donde los locales esperan a Inglaterra este domingo.

Hola Burgo, como va.

El aire en Miami es espeso. Es la misma espesura con la que en el campo de juego la Argentina toca la pelota. Todo va lento, menos el tiempo. El partido todavía está sin goles. En las tribunas todo es celeste y blanco, un público preparado para la fiesta. Hay en algunos sectores unos puñados de hinchas de Cabo Verde, la selección que está dispuesta a dar pelea. No llegó hasta acá para ser el invitado a un goce ajeno, quiere jugar, quiere ganar, la foto con Lionel Messi puede esperar. 

Toda esa pesadez que envuelve al estadio encuentra un respiro con el gol de Messi. Es un desahogo necesario porque el partido parece convertirse en un padecimiento. La Argentina necesitaba sacarse de encima la dificultad que supone enfrentar a una selección que tiene una buena estructura defensiva, necesitaba vulnerarla. Con ese gol, un control maravilloso del joven de 39 años y un toque rápido frente a su coetáneo Vozinha, da la impresión de que todo se despeja. Pero comienzan a formarse nubes negras en el cielo de Miami. No es la tormenta que pronostican, es el partido que se avecina, el que va a hacer Cabo Verde.

El pase a los octavos de final se tramitó con angustia. El Mundial XL obligó a una nueva fase de dieciseisavos de final, la que terminó ayer, que también podría llamarse fase purgatoria. Antes la pesadilla podía ser irse en fase de grupos, un trauma adquirido en 2002, pero ahora hay que incluir esta línea de partidos, que también se presume como demasiado temprano para dar el adiós. No estás de un lado ni del otro. Estás en el purgatorio mundialista. Argentina lo atravesó con Cabo Verde en una Miami tórrida y pegajosa, igual que el partido

Foto: NA

Hay una idea que se repitió a la salida del Hard Rock, que también se dijo en Qatar, y es que el sufrimiento es una condición argentina para ganar, un karma tanguero. Estamos condenados a sufrir para el éxito. Arabia Saudita resultó un golpe más que un sufrimiento. En 2022, se sufrió contra México cuando no llegaba el gol -el que consiguió Messi- y, sobre todo, con Países Bajos cuando levantó el 0-2 del tiempo regular hasta los penales, y con Francia -o con Kylian Mbappé-, que recompuso dos veces lo que era ventaja argentina en el 2-0 y en el 3-2. Fue distintos tramos de la final, los últimos diez minutos dentro de los noventa y luego el pasaje final del suplementario, tapada de Dibu Martínez a Kolo Muani, respuesta argentina, y luego los penales.  

Los partidos ocurren en tramos, los equipos que dominan y ganan a veces también sufren. Hay que saber transitar esos momentos. La Argentina fue superior a esos rivales de Qatar. El sufrimiento no tuvo que ser una condición necesaria, pero ocurrió en instancias que eran decisivas. Dentro de los cien partidos de Scaloni, que cumplió el viernes contra Cabo Verde, sólo quince veces la Argentina comenzó abajo en el marcador. Según un informe de Opta, de las últimas doce veces que ocurrió, en ocho ocasiones pudo evitar la derrota. El equipo siempre encuentra alguna reacción.

Con Cabo Verde no estuvo nunca en desventaja. Dos veces el rival le empató el partido. También según datos proporcionados por Opta, sólo cedió la posesión en el segundo tiempo extra. Ahí fue cuando Cabo Verde salió a buscar el empate. Pero el equipo africano también pudo equipar la tenencia en otros tramos. Fue cuando le sacó la pelota. En los primeros quince minutos del segundo tiempo -53% para Argentina y 47% para Cabo Verde, que logró ahí la primera igualdad- y en la parte inicial del alargue -con el mismo reparto-, en el que tuvo el golazo de Sidny Lopes Cabral. Cuando se mide ese dominio por territorio, en la prórroga Cabo Verde tuvo más la pelota en zonas ofensivas, mientras que la Argentina la tuvo más en su propio campo. Los datos son parecidos a los que dejó el partido con Argelia, me acota Matías Conde, analista de Opta, pero en este caso Cabo Verde le llegó más a la Argentina. 

¿Qué nos dice esto? Que hubo un problema de funcionamiento. Un mediocampo en el que Alexis MacAllister no termina de estar cómodo de 5. Enzo Fernández, que había tenido buenas prestaciones frente a Argelia y Austria, se sumó al mismo desconcierto. Los laterales, sobre todo el derecho, muestran inconvenientes. Además de lo que deja Messi, hay que rescatar de esta historia a Lisandro Martínez, el defensor mejor parado que tiene la selección. Gol y asistencia genial para el capitán.  

Foto: @CONMEBOL

La Argentina sacó adelante el partido del viernes, pero el sufrimiento no puede ser un método. Puede que ser, en todo caso, un momento. Podés ser vulnerable. El rival también juega. Pero nunca puede ser una necesidad. Hay que comprenderlo, atravesarlo, pero evitar generar una identidad del sufrimiento.

La angustia argentina fue la heroicidad caboverdiana. A diferencia de lo que había hecho frente a España y Uruguay, el equipo de Bubista fue a buscar el partido, mostró técnica, disciplina y valentía. Nunca se subestima a ningún rival, pero era indudable la diferencia de jerarquía. Debutantes en un Mundial, se van con orgullo de Estados Unidos. 

La Argentina deja Miami para trasladarse a Atlanta. El clima en el estado de Florida también fue un variable puesta en juego. No debe ser una excusa, pero se jugó en un estadio abierto, con mucho calor y humedad, un campo de juego pesado en el que a la pelota le costaba circular. Hace un año, durante el Mundial de Clubes que jugó -y ganó- con Chelsea, Enzo sufrió mareos por el calor. Las altas temperaturas se sufren y pueden ser peligrosas. Nada de eso cambia los errores de la Argentina. Scaloni dijo que recibió la mayor enseñanza en sus cien partidos con la selección. Quizá, como otras veces, llegó en el momento justo.

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