Columna de opinión.
Hay que tener en cuenta que la economía brasileña viene de pasar dos años con caídas récord de su Producto Interno Bruto, de entre el 5% y el 3,5 por ciento. En el primer trimestre de este año, mostró un crecimiento ínfimo. Es decir, que ya había una tendencia manifiesta en la economía brasileña. No hay novedad en ese sentido, pero lo que sí habrá es una acentuación de esta caída, justo cuando el gobierno nacional argentino especulaba con contar con la demanda de Brasil como un motor auxiliar a la falta de demanda local por la caída del salario y la falta de inversiones a la altura de las necesidades.
De esta forma se podría acentuar el deterioro de la balanza comercial bilateral dado que, al revés de nuestras exportaciones, las importaciones brasileñas se han expandido al calor de una política de apertura aduanera poco controlada.
También veremos movimientos financieros, en términos de volatilidad de tasas de interés, tipo de cambio y flujos especulativos. Pero ello suele ser pasajero y torna a aquietarse cuando se estabiliza el plano institucional.
Mientras tanto, la política económica argentina alimenta el esquema procíclico que impulsa Brasil, ya que no prevé más ingresos de dólares comerciales y apuesta todo al ingreso de dólares por endeudamiento para seguir tapando un agujero fiscal provocado por su decisión de generar desgravaciones impositivas a determinados sectores productivos. «
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