La multiplataforma Brote Poético festeja su primera década de trayectoria con un encuentro comunitario alrededor de la autora de “Árbol de Diana” que, en pocos días hubiese cumplido 90 años.

La escritora, que ideó el proyecto nómade y federal Brote poético en 2016, está convencida de que la poesía en una herramienta de trasformación social y probablemente hoy también un refugio plural frente a la opacidad de los tiempos que corren.
“Pizarnik es, sin dudas, una de las hacedoras más importantes de la poesía del siglo XX, una revolucionaria adelantada a su época, por eso es fundamental recordarla y esperamos que muchas personas se sumen a leer y se acerquen también para escuchar y compartir en el Festival, donde también celebramos nuestra primera década ganada como Brote Poético”, apuntó la gestora.
Y agregó: “seguramente nos tomemos la licencia también de leer algo de Ana María Lassalle, la única escritora pampeana mujer que figura oficialmente en las listas negras de la última dictadura, que falleció hace pocos días, porque fue tan revolucionaria y única como Alejandra y queremos honrar su vida”.
Es que desde esa pulsión de vida se hacen los poemas. Y hace diez años, en los bordes geográficos y simbólicos del sur del Gran Buenos Aires, nació una propuesta que pronto se volvió federal y trashumante, que entiende –como dice Nicanor Parra– que la poesía es un “artículo de primera necesidad” y no un lujo o un género de élite.
Así, dos lustros después esa semilla se ha transformado en una multiplataforma itinerante que transita por radios, centros culturales, redes sociales y plazas, para democratizar al género en todos los rincones del país.
Para Cavalletti, este aniversario no es solo un balance de ferias, podcast o fanzines, es también la confirmación de una militancia autogestiva que se vuelve urgente ante la hostilidad social y económica que experimentamos en la actualidad. «Este tipo de proyectos son más necesarios que nunca en los momentos más difíciles», sostiene la coordinadora, quien concibe al ciclo como un espacio de resistencia cultural y un «hogar, un fogón momentáneo» para quienes buscan en el arte un refugio seguro. Todavía más, en Brote Poético germinan las palabras y el encuentro humano se vuelve imperativo para tejer abrazos reales y traspasar pantallas.
La identidad de esta multiplataforma está profundamente anclada en el ADN del Conurbano. Para Marina, producir desde estas latitudes implica habitar el «borde», un lugar que, lejos de ser una carencia, es una posición privilegiada para la observación. «El conurbano nos da muchos espacios para pensar en la poesía porque son espacios donde tenemos la mente, el corazón y los ojos disponibles para mirar a través de las ventanas», explica.
Esa estética de los márgenes se traduce en una poesía trashumante que ha recorrido provincias como Salta, Jujuy, La Pampa y Mendoza Festival Brotes Alejandrinos, llevando consigo la premisa de que no es necesario estar en el centro de la escena para ser protagonistas del pulso cultural.
En este marco, las celebraciones se iniciaron en verano con encuentros poéticos por la Patagonia y también como oposición a la ley de Glaciares. A eso, se añade ahora el Festival Brotes Alejandrinos, un tributo a Alejandra Pizarnik en el 90° aniversario de su nacimiento.
El evento se desarrollará los días sábado 25 y domingo 26 de abril, de 17 a 20 horas, en el centro cultural La Calle Larga (Laprida 298, Avellaneda), el barrio natal de la poeta. Bajo la consigna «90 voces por los 90 años», la convocatoria intenta reunir a 45 participantes por jornada en una curaduría que Cavalletti define como comunitaria. «No queríamos que nadie se quedara fuera», señala, invitando a creadores de diversas disciplinas a dialogar con el universo de la «hija del insomnio» a través de lecturas y obras nuevas que capturen su impronta en el presente.
Con todo, el proyecto no solo celebra a Alejandra, el ciclo tiene una agenda que en mayo refuerza el eje de Derechos Humanos que atraviesa la gestión del de la iniciativa cultural / literaria. En esa tónica, el viernes 1 de mayo, a las 19 en el marco de la 50° Feria Internacional del Libro de Buenos Aires, Brote Poético desembarcará en el Stand Norte con el taller gratuito «Brotes para la memoria: Huellas del Norte».
Esta actividad propone un ejercicio de reflexión y lectura sobre autoras y autores desaparecidos en el Noroeste Argentino (NOA) durante la última dictadura cívico-militar, al cumplirse cinco décadas del golpe de 1976. Para la directora del ciclo, rescatar estas voces es una forma de «reforzar el tejido de nuestra identidad y dar batalla al olvido», consolidando a la poesía como un bastión de memoria.
Allí se leerán versos de César Ángelelli, Alicia Raquel Burdisso, Alcira Fidalgo y Julio César Campopiano, entre otros: sus voces serán ecos de una resistencia contra el negacionismo en un encuentro fundamental y sensible.
En otro orden de cosas, la experiencia de gestión literaria tendrá una edición especial internacional el martes 19 de mayo a las 18:00, en el espacio Je suis Lacan (Balcarce 749, San Telmo).
Allí se recibirá al destacado poeta y diplomático Indran Amirthanayagam, nacido en Sri Lanka y radicado en Estados Unidos. El políglota, galardonado con el Paterson Poetry Prize, presentará su libro más reciente, Isla itinerante. La jornada contará con las palabras de figuras clave de las letras nacionales como Ana Guillot y David Sorbille, además de las lecturas de Edda Sartori, Raquel Graciela Fernández, Gabriela Pais y Estela Zalungo, conformando un mapa diverso de expresiones del mundo.
Con la mirada puesta en el presente, pero también con un ojo vislumbrando el futuro, Brote Poético proyecta seguir expandiendo sus fronteras. Con su octava temporada recién iniciada en la Radio Pública de Avellaneda (Radio A), el ciclo continúa su labor de difusión federal.
Marina Cavalletti, quien también integra su faceta como Magíster en Escritura Creativa y docente de la UNDAV, repasa estos diez años con la convicción de que la poesía es un «territorio desde donde dar batalla».
En un mundo que tiende a la fragmentación digital, el Brote persiste en la presencialidad del café compartido, los libros que pasan de mano en mano y los versos que se alzan contra el silencio y el individualismo, es que mientras haya poesía, la vida será al menos un poco más amable, con algo de esperanza en el horizonte, esa esperanza que se concreta en cada encuentro, en cada abrazo y en cada estrofa, porque, como escribió alguna vez Pizarnik: “cada palabra dice lo que dice y además más y otra cosa”.
Para la búsqueda de ese algo más el Brote siembra sus semillas y a diez años de su inicio florece con la potencia del verde que se evoca en su nombre.
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