Carrère y el afán de salir vivo para contarlo todo

Por: Nicolás G. Recoaro

En Yoga, el autor francés se embarcó en la aventura de escribir un “librito risueño y sutil”. Pero el plan, divino tesoro, se hundió en un mar de problemas que incluyeron "electroshocks", la muerte de su editor y un juicio de divorcio. Con dosis desparejas de franqueza y humor afilado, la obra vuelve a ese lugar donde "no se miente", escala insalvable de la buena literatura.

¿Querés hacer reír a Dios? Contale tus proyectos. Es un sabio proverbio judío. Lo cita con sabiduría Emmanuel Carrère a la mitad de Yoga, su flamante libro. Hace algunos años, el escritor francés, autor de clásicos de clásicos de la no ficción contemporánea como De vidas ajenas y Limónov, se embarcó en la aventura de escribir un “librito risueño y sutil” sobre el yoga. Pero el plan, divino tesoro, se hundió en un mar de problemas poco risueños y sutiles.

Su divorcio, la inmersión en una profunda depresión melancólica con internación incluida en una clínica psiquiátrica, el asesinato de un amigo en el ataque terrorista al semanario Charlie Hebdo, una temporada con jóvenes migrantes en Grecia y la muerte de su editor de toda la vida. Una deriva que va de la plácida meditación Vipassana hasta las ideas del suicidio, sin olvidar la terapia electroconvulsiva, en criollo: “electroshocks”. Carrère, ese intelectual burgués parisino de gigante ego y algún que otro tornillo flojo en la cabeza, sale vivo de su abismo para contarlo en forma descarnada, con dosis desparejas de franqueza y humor afilado. Por supuesto que también buena pluma.

¿Libro de autoayuda? ¿Autobiografía psiquiátrica? ¿Ensayo novelado? ¿Novela ensayada? Hace años que Carrère se sacó de encima el corsé de los géneros. Hace literatura, a secas. De la buena. Ese lugar donde “no se miente”. El francés escribe: “Es el imperativo absoluto, todo lo demás es accesorio, y creo haberme atendido siempre a ese imperativo. Lo que escribo es narcisista y vanidoso, pero no miento. Puedo afirmar tranquilamente, podría afirmar tranquilamente ante el tribunal de los ángeles que escribo ‘sin hipocresía’, como exige Ludwig Börne, lo que me acontece, lo que pienso, lo que soy, lo cual, ciertamente, no me brinda motivos para alardear”. En la estela de Proust se acomoda Yoga. Ese fluir de la conciencia que tanto se parece a meditar. O a recordar. Lo escribió Célice, lo cita Carrère: “La gran derrota en todo es olvidar, y sobre todo es lo que te mata”.

Dato menor, pero no tanto: Yoga no estuvo exento de polémicas antes de salir del horno. Algo que el autor de Una novela rusa también deja clarito. Su exesposa, la periodista Hélène Devynck, en el juicio de divorcio pidió no ser incluida en los libros de su ex y vetó los capítulos de Yoga donde aparecía mencionada. De alguna manera, la obra gana con estas elipsis forzadas. Permiten ver la cocina del libro. Cómo Carrère, diagnosticado como bipolar durante su escritura, teje alguna que otra “mentira por omisión”.

Casi al cierre del libro, cuando aún sigue con vida mientras puede, Carrère compila su lista de definiciones sobre el yoga. Perdón, la cita será larga: “La meditación es estar sentado inmóvil, en silencio. La meditación es todo lo que se te pasa por la conciencia, mientras estás inmóvil, en silencio. La meditación es provocar que nazca en tu interior un testigo que observa el torbellino de los pensamientos sin permitir que le arrastren. La meditación es ver las cosas como son. La meditación es despegarte de tu identidad. La meditación es descubrir que eres otra cosa que lo que dice sin cesar: ¡yo!, ¡yo!, ¡yo! La meditación es descubrir que eres otra cosa que tu ego. La meditación es una técnica para erosionar tu ego. La meditación es zambullirse y afincarse en las contrariedades de la vida. La meditación es no juzgar. La meditación es prestar atención. La meditación es observar los puntos de contacto entre lo que eres tú y lo que no eres tú. La meditación es el cese de las fluctuaciones mentales. La meditación es estar al corriente de que los demás existen. La meditación es zambullirte en tu interior y excavar túneles, construir barreras, abrir nuevas vías circulatorias y presionar para que algo nazca y desembocar en el gran cielo abierto. La meditación es encontrar en tu interior una zona secreta e irradiante en la que te sientes bien. La meditación es estar en tu lugar, sea donde sea. La meditación es ser consciente de todo todo el tiempo (esta definición es de Krishnamurti). La meditación es aceptar todo lo que se presenta. La meditación es no contarse más historias. La meditación es desistir, no esperar ya nada, no intentar una acción, sea lo que sea. La meditación es vivir en el instante presente. La meditación es mear y cagar cuando meas y cagas, nada más. La meditación es no añadir nada más. Ya está.” Quizá se le escapó una sola definición a Carrère. La meditación es leer. Ahora sí, ni una palabra más.   

Compartir

Entradas recientes

La familia de Pablo Grillo y el CELS exigen transparencia en la causa por la represión frente al Congreso

Mientras el fotógrafo sigue en rehabilitación con pronóstico reservado, su familia denuncia errores notorios en…

12 mins hace

La escalada suma otro frente: Irán atacó una base militar de EEUU en Siria

La Guardia Revolucionaria iraní sumó un nuevo objetivo a su ola de represalias contra instalaciones…

57 mins hace

Qué está en juego con la Ley de Extranjerización de Tierras, que el Gobierno busca aprobar tras 5 intentos fallidos

Desde el DNU 70 hasta la última votación postergada en el Senado, el mileísmo acumula…

1 hora hace

La pobreza de cada día

Entendida como la incapacidad de cubrir las necesidades básicas personales o familiares, no responde a…

1 hora hace

Regaladores de alegría, donantes de felicidad

Este equipo juega como si fueran regaladores de alegría o donantes de una felicidad que…

1 hora hace