China, Japón y la delgada línea roja de Taiwán

Por: Fernando Capotondo

La real magnitud de estas tensiones puede resultar difícil de advertir, pero claramente no es un pleito ajeno.

Para China, la cuestión de Taiwán funciona como una línea roja que nadie debe cruzar. Es una muralla de soberanía que no admite reinterpretaciones, por más que vengan envueltas con moños rojos de argumentos, teorías y explicaciones. Es un tema innegociable y punto. Por eso, cuando la primera ministra japonesa, Sanae Takaichi, sugirió que Tokio podría desplegar sus fuerzas armadas en el Estrecho de Taiwán, en Beijing lo leyeron como una amenaza por partida triple al principio de una sola China, a la soberanía territorial del país y al orden internacional posterior a la Segunda Guerra Mundial. La respuesta fue inmediata y sin matices. Hubo protestas diplomáticas, acusaciones de incumplir acuerdos bilaterales, advertencias sobre el riesgo de reescribir la historia y anuncios de posibles represalias. “China nunca permitirá el resurgimiento del militarismo japonés”, afirmaron desde la Cancillería, mientras el gobierno difundía inusuales recomendaciones para que los ciudadanos eviten viajar al país vecino.

Todo comenzó en la sesión del Parlamento de Japón del 7 de noviembre, cuando Takaichi fue consultada sobre qué circunstancias vinculadas a Taiwán implicarían un riesgo para su país. “Si hay buques de guerra y se usa la fuerza, desde cualquier punto de vista podría constituir una situación que amenaza la supervivencia”, fue la respuesta de la primera ministra, al invocar términos que – según dijeron – activarían los derechos a la autodefensa colectiva contemplados en la ley de seguridad de 2015.

Más allá de la justificación, el rechazo que generó en China fue unánime. El Ministerio de Relaciones Exteriores calificó sus palabras como “atroces”, llamó a Japón a “dejar de jugar con fuego” y advirtió que sería un “acto de agresión” si Tokio “se atreviera a inmiscuirse en la situación entre ambos lados del Estrecho de Taiwán”.

“Si Japón no aprende de la historia y se atreve a correr riesgos temerarios, incluso recurriendo a la intervención militar en la situación del Estrecho, solo pagará un alto precio y sufrirá una aplastante derrota contra el férreo Ejército Popular de Liberación”, advirtió la Cancillería, sobre la que fue consideró la máxima “provocación” desde la derrota de los japoneses en 1945.

Con el correr de los días, fracasaron todas las gestiones diplomáticas para que Takaichi aclarara lo que Beijing calificó como “una grave injerencia en los asuntos internos de China”. “Son declaraciones equivocadas y peligrosas, y Japón debe retirarlas”, planteó el vicecanciller chino Sun Weidong al embajador japonés, Kanji Kanasugi.

Días después, el ministro de RREE de Japón, Toshimitsu Motegi, explicó que la posición de Tokio sobre Taiwán no había cambiado, rechazó las críticas y aclaró que no había necesidad de retractarse porque las palabras cuestionadas fueron pronunciadas en el contexto de un debate parlamentario. “Taiwán es Taiwán, territorio chino. ¿Qué mensaje pretende enviar la líder japonesa a las ‘fuerzas separatistas independentistas’ taiwanesas? ¿Acaso Japón pretende desafiar los intereses fundamentales de China e impedir su reunificación?”, preguntó el portavoz de la Cancillería china Lin Jian. “Japón debería recordar que Taiwán es de China y lo que suceda con Taiwán no es, en absoluto, asunto japonés”, agrego su colega Mao Ning.

Las entrelíneas

En este contexto, los medios oficiales chinos se cansaron de difundir informes que casi no tuvieron difusión en Occidente. Para el China Daily, las palabras de Takaichi “constituyen una violación del principio de una sola China y del espíritu de los cuatro documentos políticos firmados entre ambos países para confirmar la soberanía de China sobre Taiwán” (Declaración de El Cairo de 1943, Proclamación de Potsdam y Acta de Rendición de Japón de 1945 y Declaración Conjunta Sino-Japonesa de 1972). “Esto dista mucho de ser una mera disputa diplomática ya que las declaraciones de Takaichi plantean interrogantes sobre la dirección de Japón. La expresión ‘situación que amenaza la supervivencia’ resulta particularmente alarmante e irresponsable, ya que los imperialistas japoneses la emplearon como pretexto para sus agresiones, incluyendo la flagrante provocación del Incidente del 18 de septiembre de 1931, que sumió a China y a la región en el abismo de la guerra”.

Para la agencia oficial Xinhua, “Taiwán pertenece a China y claramente no es ‘un país’ con estrechas relaciones con Japón, por lo que ninguna contingencia imaginable en Taiwán constituye una amenaza para la supervivencia del Estado japonés”.

El Global Times, por su parte, se detuvo en el análisis de otras palabras que pasaron algo desapercibidas: cuando la Cancillería se contactó con el embajador japonés e informó que lo había “convocado siguiendo instrucciones”, expresión que no es habitual en la diplomacia china, pero que goza de una profunda “seriedad y autoridad”. Fuentes diplomáticas explicaron que esta figura no suele utilizarse en comunicaciones de rutina. El académico Xiang Haoyu, del Instituto Chino de Estudios Internacionales, coincide que la frase transmite la “postura de una autoridad superior, una voluntad nacional respaldada por 1.400 millones de chinos”.

En este contexto, Xinhua insistió que las palabras de la primera ministra “suenan a severa advertencia de que los demonios militaristas de Japón están siendo invocados de nuevo (…) El ascenso político de Takaichi fue respaldado por facciones revisionistas que sueñan con restaurar la ‘gloria’ imperial”, con gestos que van “desde poner en duda la Declaración de Murayama (la máxima expresión de la disculpa de Japón por los crímenes perpetrados antes y durante la II Guerra) hasta negar la Masacre de Nanjing y glorificar símbolos militaristas”.

Desde Beijing recuerdan que a poco de asumir su cargo, la primera ministra propuso una reformulación de las políticas de defensa, con aumentos en el presupuesto militar, flexibilización de los controles de exportación de armas y fortalecimiento de las capacidades de ataque preventivo, entre otras medidas que expresarían la intención de Tokio de pasar de la moderación de posguerra a una posición más “ofensiva”.

La portavoz del Ministerio de Relaciones Exteriores, Mao Ning, señaló que no pasó desapercibida la intención de Tokio de recuperar antiguos rangos militares del Ejército Imperial Japonés, como el de “Taisa” (Coronel), en una iniciativa que podría alterar la tradicional convención usada por las Fuerzas de Autodefensa de limitarse a responder eventuales ataques.

Aunque lo que más preocupa, lejos, son los indicios de un posible retroceso en los Tres Principios Antinucleares –No Poseer, No Producir y No Permitir la Introducción de armas nucleares- que Japón adoptó y defiende desde 1967, según coinciden analistas internacionales y académicos de ambos países.

Mientras continúa la escalada, por ahora retórica, Tokio pidió a sus ciudadanos en China que se mantengan alerta, extremen las precauciones y eviten grandes concentracione; al tiempo que tres ministerios chinos recomendaron no viajar a Japón en el corto plazo, medida que provocaría daños económicos por U$ 14.000 millones.

La verdadera magnitud de estas tensiones puede resultar difícil de advertir, sobre todo en regiones donde llegan filtradas, tarde y sin la verdadera dimensión de su relevancia. Adentrarse en este conflicto no es espiar un pleito ajeno, sino observar la dinámica global de un siglo tan “problemático y febril” como el anterior.  

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