
En ese sentido, las Ciencias Sociales son uno de los tantos instrumentos que tiene la sociedad para operar sobre sí misma. Incómodas siempre, en tanto suponen pensar que lo social no es efecto de ninguna naturaleza sino de las formas que se construyen para organizar nuestra vida, los problemas tienen responsabilidades sociales. Naturalizar los problemas sociales suele ser conveniente para quien goza de los beneficios de este orden. Por eso, esa incomodidad es un aporte importante a la forma de construirnos como pueblo.
Ahora, asumimos la gestión de la Facultad de Ciencias Sociales de la UBA en el marco de enormes desafíos, pero el primero es ser consecuentes con el mandato que como institución pública tenemos. Generar conocimiento, formación y prácticas sociales dirigidas a transformar nuestra Sociedad. Ya los institucionalistas nos enseñaron que las formas institucionales internas no se pueden desprender del objetivo de una institución. Y no se trata de dos objetivos sino de un objetivo que se despliega interna y externamente.
Debemos mejorar las formas de habitar nuestra facultad, valorizando la memoria institucional porque esta institución, en rigor la facultad más joven de nuestra Universidad, tiene un papel central en la discusión del sentido de lo público como lo que es de todos, todas y de todes. Necesitamos recuperar los universales que nos habiliten objetivos que superen lo sectorial, pensar nuestra presencia en la ciudad y vincularnos por medio de proyectos de trabajo con la Universidad que nos permitan recuperar densidad institucional.
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