Con ira y algoritmo se ganan elecciones

Por: Alí Mustafá

Para los llamados ingenieros del caos, la coherencia es un lastre: lo que importa es la intensidad narrativa.

«Los ingenieros del caos comprendieron antes que otros que la rabia constituía una fuente colosal de energía, y que podía explotarse para lograr cualquier objetivo» (Giuliano da Empoli).

En tiempos de las redes sociales la política dejó de ser un espacio para el debate racional. Para el intelectual y ensayista Giuliano da Empoli, autor del libro Los ingenieros del caos, el nuevo paradigma que domina el escenario político en occidente representa una simbiosis entre la rabia social y las plataformas digitales. Estos elementos parecen convertirse en el camino para ganar elecciones. 

El cambio en este siglo se produjo del paso de una política basada en la razón hacia una lógica cuántica donde la realidad es subjetiva y varias verdades contradictorias coexisten en burbujas digitales separadas. Esta fórmula está transformado las democracias en debates agresivos y la búsqueda de la verdad se oculta detrás de cortinas de odios, así la capacidad de movilizar resentimientos clausura toda posibilidad de construcción de gobernabilidad.

La actividad política desde siempre funcionó, según Da Empoli, bajo una lógica centrípeta para ganar donde los candidatos debían moderar sus discursos y buscar al votante medio en el centro del espectro. Pero, la irrupción de la Big Data y las redes dio paso a una política cuántica y centrífuga. Este nuevo contexto busca encender las pasiones de grupos atomizados para sumarlos, incluso si sus demandas son contradictorias.

Los llamados ingenieros del caos, como Steve Bannon en EE UU, Dominic o Cummings en UK, comprendieron que en el mundo digital los hechos generan clics, pero las opiniones generan indiferencia. Para ellos, la coherencia es un lastre. Lo que importa es la intensidad narrativa, similar a los discursos de los pastores pentecostales, y la capacidad de capturar la atención en un sistema político saturado de mensajes.

Giuliano Da Empoli, también, identifica a Italia como el laboratorio de vanguardia de esta revolución. Allí, Gianroberto Casaleggio, un experto en marketing digital, concibió el Movimiento 5 Estrellas (M5S) no como un partido tradicional, sino como un partido-algoritmo. Utilizando al cómico Beppe Grillo como su avatar de carne y hueso  Casaleggio logró canalizar la rabia contra la llamada casta política a través de una plataforma digital cerrada que funcionaba con miles de usuarios interactuando sin conocer el plan general, coordinados por una entidad omnisciente. Esta técnica permitió que fuerzas marginales llegaran al poder, basándose en lo que Da Empoli llama «el modelo Netflix de la política», que ofrece un servicio eficiente a las demandas inmediatas del consumidor-elector, sin necesidad de un sustento ideológico sólido.

Durante la campaña del Brexit, el equipo de Dominic Cummings envió  millones de mensajes digitales personalizados, como una de las herramientas más potentes de esta ingeniería que llaman microtargeting. Gracias a los algoritmos de facebook, pudieron detectar a votantes persuasibles y enviarles mensajes diseñados a medida de sus miedos específicos. Por ejemplo, mientras que a un ambientalista se le decía que la Unión Europea no protegía lo suficiente a los animales, a un cazador se le enviaba un mensaje denunciando que las regulaciones europeas eran excesivas y limitaban su actividad. Esta técnica, conocida como la política del silbato para perros, permite emitir señales que solo el destinatario escucha y comprende, evitando el conflicto con otros sectores de la opinión pública. Así, en este escenario, la veracidad de la información pasó a un segundo plano.

Para los ingenieros del caos, las noticias falsas fortalecen la cohesión, creer en lo absurdo es una demostración de lealtad y compartir una mentira visible por el líder reafirma su pertenencia a una tribu frente a un enemigo común. Esto se complementa con una estrategia deliberada de odio hacia el periodismo tradicional. No es casual que Javier Milei señale a los periodistas críticos a su gobierno como la verdadera oposición, tratando(nos) como lacras inmundas o sicarios con micrófono para deslegitimar cualquier opinión que pueda romper el blindaje  informativo construido por los algoritmos.

Para Da Empoli, la llegada de Javier Milei al poder es la confirmación de sus tesis. Un líder libertario, asesorado por Santiago Caputo, apodado el Mago del Kremlin, ejemplifica la victoria de la emoción disruptiva sobre la estructura política tradicional.  Milei utiliza el conflicto permanente como motor de energía y, al igual que Matteo Salvini con su software La Bestia,  no busca convencer a los moderados, sino radicalizar a su base y recoger la indignación de sus opositores y amplificar su mensaje. Para Da Empoli, «la promesa central de estos líderes no es económica o social, sino la humillación de lo que llama la casta, una promesa que se cumplió al tomar el poder».

En conclusión, Da Empoli utiliza una metáfora: “la democracia representativa es como un gato negro. En los refugios del Reino Unido, los gatos negros ya no son adoptados porque no salen bien en las selfies; son masas oscuras y poco fotogénicas”. De la misma manera, la democracia liberal, con sus tiempos lentos, sus compromisos tediosos y su necesidad de mediadores, es incompatible con la cultura de la selfie, que exige inmediatez, gratificación instantánea y sitúa al individuo en el centro exacto de la imagen.

El desafío es reinventar una mística democrática que pueda competir en la era de la política cuántica. Como dice Da Empoli, “una vez que se rompen los tabúes del lenguaje y el comportamiento civilizado, es casi imposible recomponerlos”. Hoy, con el resultado de las últimas elecciones en América Latina es evidente que la racionalidad política pasó a un plano subalterno dejando lugar a la manipulación de las emociones y la indignación construida en laboratorios políticos.

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