Con una tasa de positividad de contagios de Covid de 0,7% y una final que atrajo todos los ojos del mundo, Alejandro Domínguez sonríe después de meses complicados.

Con una tasa de positividad de contagios de Covid de 0,7% y una final que atrajo todos los ojos del mundo, Alejandro Domínguez sonríe después de meses complicados. Ningún país se quiso hacer cargo de esta Copa América en plena crisis sanitaria. Primero fue Colombia la que se bajó, el 20 de mayo. Cuando parecía que Argentina recibiría la totalidad de los 28 partidos que se disputaron, el gobierno de Alberto Fernández también decidió dar un paso al costado porque los contagios marcaban récords en el país. Brasil fue el país elegido. Por su infraestructura futbolera, heredada del Mundial 2014, los Juegos Olímpicos 2016 y la Copa América 2019. Pero, también, por el guiño político de Bolsonaro, el presidente brasileño que siempre miró para un costado ante los peligros del coronavirus.
La Conmebol se puede anotar ahí el éxito sanitario: no hubo que lamentar brotes masivos y el torneo, más allá de los malos campos de juegos y de la poca previsibilidad de la que se quejaron algunas selecciones, siguió el curso esperado. Lo que no logró la entidad que maneja el fútbol sudamericano es absorver las pérdidas económicas por jugar los partidos sin público. La Directora Jurídica y Secretaria General Adjunta de Conmebol, Monserrat Jiménez, anunció esta semana que, aunque aún faltan las cifras definitivas, se estima una pérdida de alrededor de 15 millones de dólares.
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