Cuando hacemos historia

Por: Belauza

Cuatro capítulos que cuentan la historia del movimiento LGBT desde fines de los 70 a nuestros días. Un tono épico para una lucha que también lo fue.

El próximo domingo a las 22:30 se emite el segundo capítulo de esta miniserie sobre las luchas del colectivo LGBT desde fines de los 70 hasta los años recientes. La miniserie (son cuatro capítulos) arranca con la interpelación de Guy Pearce (como el activista Cleve Jones) a su joven reporteador, que con el asombro de sus pocos años, se pregunta cómo consiguieron todo lo que consiguieron: ¿ustedes están dispuestos a pelear?, le plantea el veterano militante.

 

Escrita y creada por el guionista ganador del Oscar, Dustin Lance Black, esta miniserie además cuenta con los protagónicos de Mary-Loise Parker (como Roma Guy), Michael K. Williams (Ken Jones) y figuras Whoopi Goldberg y Rosie O’Donnell con participaciones especiales. Porque si algo busca Cuando hacemos historia es mostrar a un actor colectivo antes que individual, un colectivo que se convirtió en sujeto y que a partir de ahí pudo dar la lucha por sus derechos, ser reconocido y finalmente exitoso en cuanto al logro de los objetivos buscados.

Así, el tono de la miniserie es épico, y está bien que lo sea. Pero como toda épica, corre el riesgo de sacar aquello que no le gusta tanto de sí mismo -o le duele un poquito- para exponer la mejor versión de sí mismo. Sin tergiversar los hechos, Cuando hacemos historia soslaya las luchas en otros lugares del mundo (en especial en Europa, con las que no se “linkea”) y plantea como rencillas hacia dentro del movimiento, disputas conceptuales -y de egoísmo político- que fueron mucho más fuertes: costó bastante más de lo que aparece conformar y hacer entender que las luchas de gays, lesbianas, trans eran parte de una sola lucha que podía contemplar todas las particularidades.

Pese a esto, y para los que menos avezados en la problemática LGBT, Cuando hacemos historia es entrar a ese mundo por la puerta grande. Ahí están todas las humillaciones, vejaciones, sufrimientos que millones de personas padecieron (y aún padecen) por decidirse por una vida sexual distinta a las que se intenta imponer como real y verdadera: la heterosexualidad. El dolor por haber atravesado la epidemia del Sida, cómo la enfermedad afectó sus derechos ciudadanos y unos cuantos detalles más que el tratamiento de la serie consigue transmitir con elocuencia en la búsqueda de una empatía que finalmente alcanza, son una invitación más que atractiva para verla.

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