Columna de opinión.

El cambio de época, manifiesto e irreversible en ciertos ámbitos de la clase media urbana, universitaria, politizada, pero todavía latente en sectores postergados, donde las mujeres son carne de cañón de la violencia machista, del abuso, de la disparidad laboral, se está llevando puesta a la misoginia berreta que hasta aquí había sido norma en el microclima del show business y los medios. Ya no hay margen para los Castaña, los Pettinato, para el elogio canchero de la depredación machista. Aquí con el #NiUnaMenos, en Estados Unidos con el #MeToo, en todo el mundo con movilizaciones que arreciarán el 8M, las mujeres dijeron basta, y hay quienes, enrolados durante años en otro palo, toman debida nota. Rial, por ejemplo.
¿Cuál es el público de Rial? Sus programas de la última semana, dedicados a las demandas del feminismo, tuvieron una audiencia de medio millón de televidentes, de seguro muchas mujeres que, por diversas razones socioculturales, tienen vedado el acceso a las proclamas de paridad de género, a reivindicaciones impostergables que no les llegan. ¿Existe el riesgo de que la tevé basura se fagocite el debate por la violencia de género, lo banalice? Desde luego. Algún productor retorcido imaginará factible un debate entre una feminista y, digamos, Rolando Hanglin, para que haga la apología del cavernícola proveedor. No importa. Los «chimenteros» se aprestan a debatir sobre aborto. ¿Cuándo lo hará el Congreso? Felizmente para las mujeres y para los hombres, nada de esto tiene vuelta atrás. «
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