El rechazo de Diputados al veto presidencial a la Ley de Emergencia en Discapacidad fue una victoria enorme para un movimiento que demostró su fuerza. Ahora queda lograr otro paso en el Senado para que efectivamente se garanticen todos nuestros derechos.

En un país donde ya cargamos con las barreras de la exclusión social, tener un gobierno que usa el aparato del Estado para destruirnos multiplica el daño. Es un golpe difícil de medir, pero que condiciona nuestro presente y nuestro futuro.
Y sin embargo, esta vez vencimos. Y esto fue posible porque nos organizamos, porque pusimos el cuerpo, porque el Congreso sintió la presión de miles de personas con discapacidad, familias y prestadores que no nos resignamos. En medio de tanta crueldad, volvimos a poner sobre la mesa algo simple pero fundamental: la unión hace la fuerza y la lucha da sus frutos.
No hablamos de fuerza colectiva solamente, sino también de esa fuerza que refuerza nuestra identidad personal como mayor anticuerpo ante el miedo, el odio y el desprecio que nos quieren adjudicar. Nuestra fuerza es en unidad con todos los sectores: prestadores, familias y los discas en el centro de escena. Hay que ponerla en valor, porque no solo logramos que no gane el miedo y la desesperación, sino que sea un golpe de impacto que no logró ningún otro sector. La muestra de que “le entró la bala”. Y no es por una mirada de compasión, sino porque con nuestra garra, nuestro grito y nuestra valentía logramos ponernos en escena. Esa es nuestra fuerza y que hay que seguir forjando.
Mientras nosotros luchamos por acceder a nuestros derechos más básicos, se difunde un entramado de coimas vinculada a la ANDIS y que llega a Karina Milei. Me da mucha bronca pensar en todo lo que nos insultaron, nos dijeron que mentíamos por una pensión, nos sometieron a auditorías inhumanas, mientras corrían los sobres en la Agencia. Escribo esto, mientras se siguen produciendo allanamientos, y el ahora ex director de la peor gestión de la ANDIS de la historia, Diego Spagnuolo, no se lo puede encontrar. Se les va cayendo la careta.
Por último, me gusta pensar que no nos queda solo la victoria del Senado, sino también en octubre. El peso de nuestra fuerza no la podemos resignar solo a una ley. Sino que está ley tiene que ser el punto de partida para discutir un proyecto de país que nos incluya y se piense con nosotros adentro.
El miércoles afuera del Congreso, mientras festejábamos, me emocioné de volver a ver y sentir lo que es la alegría de una victoria colectiva. Si hoy milito y estoy acá, es porque no hay nada más lindo que eso, y lo logramos nosotros, los discas. Y ahora sabemos que somos un actor clave para este país. Venimos bien. Vamos a redoblar los esfuerzos.
Por nosotros, por los jubilados, por los trabajadores que reclaman condiciones dignas de laburo, por las familias humildes de los barrios populares. Redoblamos esfuerzos, unidad y lucha. Hasta que el futuro sea como lo soñamos.
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