Su vice dijo que tienen un colchón de U$S 20.000 millones. De los U$S 11.000 millones que la entidad compró este año, sólo retuvo un tercio. Economistas alertan que las reservas disponibles aún son negativas.

El optimismo oficial fue evidenciado por el vicepresidente del Banco Central, Vladimir Werning, en una presentación organizada por la Fundación Mediterránea, que se realizó la semana pasada. El funcionario expuso allí los planes oficiales y hasta se aventuró a hablar de una “fase 4” del programa económico.
Werning ponderó el nuevo esquema monetario que puso en marcha el BCRA para 2026, que incluyó la flexibilización en la evolución de las bandas cambiarias, cuyo piso y techo se van actualizando por la inflación; y un esquema de programa de compras de divisas para engrosar reservas internacionales.
«La política macro permite converger a un escenario en el que la moneda escasa en Argentina dejará de ser el dólar y pasará a ser el peso», afirmó el funcionario. Según las filminas con que acompañó su ponencia, el BCRA ya acumula más de U$S 11.000 millones en compras de divisas en lo que va de 2026, que junto a otras opciones de divisas (como el «swap» con China) le permitieron armar un colchón de U$S 20.000 millones que, aseguró Werning, podrá volcar al mercado en caso de algún episodio de estrés previo a las elecciones del año que viene.
También se jactó del incremento de los depósitos de dólares en el sistema financiero local, de manera que las compras de divisas por parte de los residentes locales “no reducen las reservas internacionales y por el contrario, impulsan la intermediación financiera en dólares por vía del crédito bancario y del mercado de capitales”.
Sin embargo, detrás de esas cifras aparece un debate cada vez más intenso entre economistas y consultoras privadas sobre la verdadera calidad de la acumulación de reservas y sobre la sustentabilidad del esquema cambiario. La principal objeción apunta a una cuestión metodológica: comprar dólares no es lo mismo que fortalecer el balance del Banco Central.
De hecho, desde enero sólo se acumularon U$S 3500 millones de los U$S 11.000 millones adquiridos en el mercado oficial. Las reservas internacionales arrancaron el año en U$S 43.105 millones y el lunes pasado estaban en U$S 46.577 millones. El escaso aumento respondió a pagos de deuda, variaciones en la valuación de activos y cesión de divisas al Tesoro.
Por otro lado, las reservas netas disponibles son bastante menores a ese colchón del que habló Werning. Según el economista Federico Machado, luego de restar los encajes de los depósitos bancarios, el swap con China y los repos de los bancos internacionales (todos pasivos exigibles dentro de los 12 meses, por lo que los especialistas aconsejan no contabilizarlos), la cifra se reduce a U$S 4795 millones. Y si se restan los Bopreales que vencen en los próximos 12 meses y los depósitos del gobierno nacional, las “súper netas” están en terreno negativo por U$S 696 millones.
En el Banco Central minimizaron esa cuenta. En su exposición, Werning presentó una “definición BCRA” de las reservas internacionales netas, que no consideró como pasivos los desembolsos del Fondo Monetario Internacional, que desde el salvataje de abril de 2025 giró el equivalente a U$S 14.000 millones. En cambio, dejó constancia del “esfuerzo del Tesoro Nacional”, que aportó U$S 4000 millones en base a compras propias y colocaciones de bonos en moneda extranjera.
Carlos Rodríguez, un ortodoxo muy crítico de las licencias que se toma el gobierno libertario para acomodar la realidad a su relato, dijo este miércoles en una entrevista que hay una demanda reprimida de U$S 13.000 millones que responde a la operatoria de las empresas, al giro de dividendos al exterior y a cajas de ahorro y plazos fijos que, si se flexibilizaran las normas, serían propensos a dolarizarse. “Si sacaran el cepo, se irían al dólar y eso haría saltar el tipo de cambio”, alertó.
Sin poder esquivar sus metáforas arrabaleras, Carlos Melconian, referente económico de Patricia Bullrich en la campaña electoral de 2023, también dudó de la solidez del proceso de acumulación de divisas, en tanto continúen las restricciones para las empresas. Lo ejemplificó con el superávit comercial: “El saldo (en abril) fue de U$S 2700 millones y las personas nos llevamos U$S 2600 millones. Es una margarita a los chanchos”, dijo durante una charla en el Congreso Nacional Pyme. «Los dólares de Vaca Muerta terminan todos en Miami», resumió.
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