La banda estrenó un registro audiovisual en vivo nacido de la gira de su trabajo más reciente. Además, se presenta este sábado con el músico chileno y ya trabaja en nuevas canciones.

Hay discos que nacen en el estudio y terminan de completarse arriba de un escenario. Y hay otros que, directamente, parecen pedir otra vida, otra forma, otra dimensión. Eso fue lo que le pasó a Duratierra con A los amores, el álbum que terminó convirtiéndose no solo en uno de los puntos más altos de su carrera sino también en una obra que necesitó expandirse hacia algo nuevo: un registro audiovisual en vivo donde las canciones respiraran junto al público, crecieran en la escena y quedaran finalmente capturadas como experiencia colectiva.
El resultado fue A los amores en vivo en el ND, grabado durante los conciertos que la banda ofreció los días 6 y 7 de junio de 2025 en el Teatro ND de Buenos Aires. Allí, esas canciones que habían nacido desde un lugar íntimo y pequeño encontraron una nueva potencia en el encuentro con la gente. “No sabemos muy bien cómo nombrarlo. ¿Video-álbum?”, cuenta Vita entre risas. Y enseguida explica que el proyecto apareció casi como una consecuencia natural del recorrido que hizo el disco. A los amores había nacido desde un lugar “súper intimista, chiquitito, pequeño”, pero cuando empezaron a llevarlo al escenario las canciones comenzaron a crecer.
La cantante recuerda que con la llegada de la directora escénica Giselle Hauscarriaga la música “se expandió en la dimensión escénica”, y que después el público terminó de completar esa transformación. “La gente cantando las canciones, emocionándose, bailando… hicieron crecer a la obra inicial”, explica.
La idea de registrar un disco en vivo venía rondando desde hacía tiempo dentro de la banda. Para Duratierra, asumir ese desafío significaba aceptar que la obra quedara registrada exactamente como sucede arriba del escenario, con toda la fragilidad y la potencia del vivo. Pero recién sintieron que estaban preparados después de girar durante más de un año y medio por todo el país.
“Venían los Ateneos, que eran la despedida de esta gira y del disco sucediendo en vivo. Y dijimos: ‘Bueno, es ahora’. Ya hizo su recorrido y la mejor forma de despedirlo es dejarlo ahí registrado”, señala Vita. La grabación terminó convirtiéndose también en una experiencia emocional para la propia banda, que pudo verse desde afuera por primera vez. “Desde arriba del escenario percibimos un montón de cosas, pero nunca nos vemos desde afuera en vivo. Entonces volver a ver el material fue también tomar conciencia de todo eso otro que sucede abajo del escenario, toda la fiesta que se percibe ahí.”
El trabajo audiovisual quedó en manos de Conurbana Audiovisual, mientras que Facundo Rodríguez se encargó de la grabación, mezcla y masterización. Pero una parte central del universo estético del proyecto pasó por el trabajo de Giselle Hauscarriaga, responsable de la puesta en escena. Vita habla de ella con una mezcla de admiración y afecto. Dice que en Duratierra el factor humano es tan importante como el artístico y que siempre buscan trabajar con gente con la que exista un entendimiento profundo.
Según recuerda, Hauscarriaga escuchó el disco y enseguida tradujo las canciones en imágenes, escenas y climas que coincidían casi perfectamente con lo que la banda sentía desde la música. “Pudo pescar los tesoros que ella escuchaba en las canciones y expandirlos”, explica. Y agrega que el universo escénico que propuso terminó funcionando como una especie de prolongación emocional del disco.
La puesta tuvo además una evolución conceptual. Si el inicio de la gira, en el Teatro Xirgu, funcionaba como algo más íntimo y doméstico, el cierre en el ND aparecía ya como una expansión hacia un espacio colectivo, abierto, luminoso. “Aquello que se inició como adentro de la casa, en esta visión final ya sucedía en un jardín”, describe Vita. Las canciones, dice, ya no pertenecían solamente a la banda: habían pasado a formar parte de la gente, de los niños que las cantaban, de quienes las hicieron propias durante la gira.
El registro audiovisual incluye además algunas “yapas” que terminaron quedándose por puro entusiasmo. Temas como “La del pueblo” y “Trinchera” no tenían material filmado completo, pero sí habían quedado registrados en audio durante aquellas noches y la banda sintió que era imposible dejarlos afuera. “Cuando escuchamos el material grabado se cayó de maduro que esas canciones tenían que estar”, cuenta la cantante. También sumaron una versión especial de “Amor tecnócrata”, enlazada con “Yo me llamo cumbia”, junto a invitados como Ivonne Guzmán, Astor Saraco Vita y músicos cercanos al universo afectivo de la banda.
Vita cuenta que mucha gente les escribió agradeciendo poder volver a habitar emocionalmente aquellos conciertos. Y también aparecieron quienes no habían podido asistir y encontraron en el video-álbum una manera de acercarse a esa experiencia desde otros lugares del país. “A veces vas a ver algo que te conmueve y cuando querés contárselo a alguien no tenés forma de trasladarlo”. Para muchos seguidores de la banda, entonces, el material funcionó como la posibilidad de conservar algo que antes solo existía en la memoria emotiva.
Pero mientras Duratierra sigue celebrando el recorrido de A los amores, el grupo ya se encuentra proyectado hacia nuevos desafíos. El más inmediato será el concierto que compartirán el próximo 16 de mayo con Nano Stern en La Trastienda. La relación entre Stern y la banda viene desde hace años. Habían compartido escenarios anteriormente y Vita mantenía con él un vínculo afectuoso y cercano. Pero el impulso definitivo llegó cuando el músico chileno empezó a escribirle repetidamente mientras escuchaba A los amores durante sus giras. En cada intercambio aparecía la misma idea: hacer algo juntos. Finalmente las agendas coincidieron y el encuentro terminó tomando forma.
“Nano es un musicazo. Una persona que admiramos muchísimo”, dice Vita. Y adelanta que el show tendrá momentos individuales, cruces entre ambos proyectos y varias sorpresas. “Va a haber de todo”, promete. También confirma que habrá músicos invitados, aunque prefiere mantener los nombres en secreto. El recital tendrá además un carácter especial porque será una de las pocas oportunidades de ver a Duratierra este año en Buenos Aires. El motivo es simple: la banda está completamente concentrada en la grabación de un nuevo disco.
“Es un disco que nos tiene absolutamente enamorados”, afirma sin dudar. Explica que el grupo sigue moviéndose dentro del folklore latinoamericano, aunque nunca desde un lugar estático. “Nosotros nunca nos quedamos exactamente en el mismo lugar porque la música nos hace movernos”, señala. Para ella, cada disco deja aprendizajes y abre caminos nuevos. Y el material que están grabando ahora aparece como una profundización natural de lo que había comenzado en A los amores. “Sentimos que es una nueva expansión de aquello que se plantó como una semilla”.
Mientras habla del proceso creativo, Vita encuentra una comparación inevitable: el enamoramiento. “Es lo más parecido a decir: ‘Ay, qué lindo que sos. Qué linda canción. Tengo ganas de cantarte’”, dice entre risas. El álbum, adelanta, verá la luz durante la segunda mitad del año.
Actualmente Duratierra funciona como sexteto, integrado por Micaela Vita, Juan Saraco, Nicolás Arroyo, Tomás Pagano, Valen Bonetto y Martín Beckerman. Tras la salida de la pianista Silvia Aramayo, la banda comenzó a trabajar con distintos músicos invitados según cada ocasión. Para el show en La Trastienda, por ejemplo, sumarán a Clara Presta en piano.
Después de más de dos décadas de trayectoria, Duratierra sigue sosteniendo una lógica profundamente autogestiva. Y aunque Vita reconoce que el contexto económico actual volvió todavía más difíciles las condiciones para la música independiente, también asegura que nunca conocieron un escenario verdaderamente cómodo. “Siempre estuvimos en los márgenes porque la música que hacemos y las decisiones que tomamos nos llevaron a caminar por este lugar autogestivo”.
Sin embargo, lejos de paralizarlos, el contexto parece reforzar la necesidad de crear. Vita asegura que justamente en los momentos más angustiantes aparecen más ganas de escribir canciones y generar espacios colectivos donde compartir algo de alivio. “Queremos cantar canciones para este momento, para poder acompañar”, explica. Y sostiene que los conciertos de Duratierra funcionan muchas veces como espacios de encuentro entre personas que sienten el presente de una manera similar. “Eso tiene una potencia muy grande para aliviar las penas y darse fuerza”.
En paralelo, el regreso de ella y Juan Saraco a Buenos Aires -vivieron unos años en Córdoba- también modificó la dinámica cotidiana de la banda: ensayan varias veces por semana, pasan más tiempo juntos y recuperaron también una cercanía humana y familiar. “Ahora estamos teniendo una cotidianeidad con la banda”, cuenta Vita. “No es solo juntarse a tocar: también podemos compartir tiempos de amistad y de familia”. La decisión de volver implicó resignar otras cosas de la vida, admite. Pero sienten que, en este momento, necesitaban estar cerca del proyecto y sostenerlo con toda la energía posible.
Sábado 16 de mayo a las 21 en La Trastienda, Balcarce 460.
1. Árbol – huayno – (Letra: Tomás Pagano/Matías Zapata – Música: Matías Zapata)
2. A los amores – gato – (Juan Saraco)
3. Te miré por vez primera – aire de estilo – (Juan Saraco)
4. Mudanza – zamba – (Juan Saraco)
5. Las flores del jardín – chacarera doble – (Juan Saraco)
6. Verano del 19 – milonga canción – (Juan Saraco)
7. Las cosas – chacarera – (Juan Saraco)
8. Milonga de despedida – milonga canción – (Juan Saraco)
La yapa:
1. La del pueblo (Juan Saraco / Valen Bonetto)
2.Trinchera (Juan Saraco)
3. Amor tecnócrata (Micaela Vita) / Yo me llamo cumbia (Mario Gareña)
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