Eduardo López: «Que haya 100 mil chicos que no recibieron ninguna vacuna es una alarma sanitaria»

Por: Gastón Rodríguez

El jefe de Infectología del Hospital de Niños Ricardo Gutiérrez, asegura que es responsabilidad del Estado la caída en los índices de inmunización: hoy solo Haití, Venezuela, Bolivia y Surinam están peor que Argentina. Advierte que "el riesgo de el riesgo de tener enfermedades remergentes es alto". Y propone salir a vacunar a escuelas, clubes e iglesias.

“El rol del Estado es irrenunciable”, sentencia Eduardo López, pediatra infectólogo y jefe del Departamento de Medicina del Hospital de Niños Ricardo Gutiérrez
de Buenos Aires.
Nuestro país atraviesa una alarma sanitaria que es invisibilizada, pero cuyas consecuencias pueden ser críticas. “En la Argentina –justifica ahora– el 83% de la población pediátrica se vacuna en el sistema público, por lo tanto, si el sistema no cumple con su rol, las coberturas van a seguir estando bajas”.

La advertencia de López no es novedosa, aunque las últimas publicaciones sobre los índices de vacunación infantil avivaron la inquietud. Según un informe de Unicef y la Organización Mundial de la Salud (OMS), Argentina alcanzó el nivel crítico de 101.000 niños y niñas que jamás recibieron ninguna dosis de ninguna vacuna en toda su vida. Esta cifra -alarmante– representa un aumento del 60% respecto a los 63.000 casos previos, posicionando al país entre los que tienen la cobertura de vacunación infantil más baja de la región. Más concreto: sólo Haití, Venezuela, Surinam y Bolivia están peor que la Argentina.

“El dato de que haya 100 mil chicos en la Argentina que no recibieron ninguna vacuna es una alarma y, por lo tanto, un signo de que tenemos un problema de vacunación. Desde 2018 que las estimaciones están en baja. Si bien mejoró en el 2025, sigue estando muy por debajo de los estándares de la región, teniendo en cuenta que el país siempre fue líder en ese aspecto», remarca.

–¿Qué grado de riesgo implican estos datos con respecto a la salud de los chicos en Argentina?

–El riesgo es que puedan aparecer brotes de enfermedades controladas o reemergentes. El año pasado tuvimos un brote de sarampión en la Ciudad de Buenos Aires por casos importados; si nosotros hubiéramos tenido una cobertura de vacunación del 95% no hubiera ocurrido. En 2024, 2025 y aún en 2026 también tenemos casos de tos convulsa o coqueluche. Tampoco tenemos cobertura para gérmenes que provocan neumonías como es el neumococo, cuya cobertura está realmente baja. Insisto en este punto, el riesgo de tener enfermedades remergentes es relativamente alto como ya nos pasó con el sarampión y la tos convulsa.

–¿Cómo llegó la Argentina a esta situación si supo tener un eficiente programa de inmunización?

–Las razones que explican está caída son varias. Los datos proporcionados por dos encuestas de la Fundación Argentina de Infectología Pediátrica y de la Fundación Bunge y Born nos muestran que el índice de acceso general de la población, es decir, la facilidad con que la gente va a vacunarse, está alrededor del 65 por ciento. En la mayoría de las provincias del país, los vacunatorios atienden hasta el mediodía o hasta las dos de la tarde. Tampoco abren los sábados ni domingos o lo hacen en horario restringido. En las encuestas, además, los padres relataron que cuando llevan a sus hijos a los vacunatorios no encuentran la vacuna que necesitan. Otra cuestión es la vacilación o reticencia a vacunarse. Dudan, por ejemplo, si vacunarse para la gripe todos los años o si tienen que vacunar al hijo para enfermedades con pocos casos. Los pediatras, la sociedad científica y el Estado tienen que trabajar para disminuir o hacer desaparecer esa duda o reticencia a vacunarse. Y, por último, están los grupos antivacunas, que son minoritarios en la Argentina, pero muy activos en las redes sociales, donde mienten y tergiversan los datos. La clave de todo está en el acceso y eso es responsabilidad del Estado.

–¿Qué políticas o acciones concretas debería tomar el Ministerio de Salud para revertir este cuadro de vacunación infantil?

–No es un tema solo del Ministerio de Salud de Nación, sino también de los ministerios provinciales y municipales. Hoy la vacunación en Argentina es pasiva; la gente tiene que ir a vacunarse al vacunatorio y como trabaja hasta las cinco de la tarde, no llega y los fines de semana, como ya dije, los vacunatorios están cerrados. La responsabilidad es de todos los estamentos de salud pública. La idea que venimos proponiendo es ir a las escuelas y jardines de infante y aprovechar para vacunar en grupos de acuerdo a las edades. Te doy un ejemplo concreto, si a un chico de sexto grado o de primer año de secundaria le aplicas la vacuna contra el papiloma humano vas a prevenir seis tipos de cáncer, entre ellos, el de cuello uterino, que es el más común de todos. Pero en Argentina no llegamos a estar por encima del 70% de cobertura para esa vacuna, quiere decir que vamos a seguir teniendo casos de cáncer de cuello uterino a pesar que hay países que lo han controlado totalmente. Hay que ir a vacunar a las iglesias, los templos, los clubes, inclusive, las plazas. Eso es lo que hoy no se está haciendo en la Argentina. No es correcto hablar de crisis sanitaria, pero sí de alarma sanitaria porque ninguna de las vacunas que tenemos alcanza los niveles adecuados de cobertura según los estándares de la OMS.  «

Pseudociencia en Diputados

Una de las jornadas más oscuras (lo cual es mucho decir dada su machacada reputación) de la Cámara de Diputados de la Nación se vivió el jueves 27 de noviembre de 2025, durante una exposición pública de pseudociencia disfrazada de debate académico titulada “¿Qué contienen realmente las vacunas?”. El panel, organizado por la diputada del PRO Marilú Quiroz buscó cuestionar la eficacia y seguridad de las vacunas (particularmente las de COVID-19), con un hombre sin remera que, supuestamente, padecía de “magnetismo” tras recibir la vacuna de AstraZeneca, con objetos metálicos adhiriéndose brevemente a su torso. Según los Centros para el Control y Prevención de Enfermedades de Estados Unidos, la Organización Mundial de la Salud y expertos, las vacunas contra el coronavirus son seguras y no contienen metales ni componentes capaces de atraer imanes.

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