Como una remake acelerada del menemismo, LLA desmanteló 300 oficinas y recortó más de 7000 trabajadores de la empresa estatal. Hay localidades en las que los vecinos deben trasladarse más de 100 kilómetros para mandar una carta documento. Más costos para las Comunas.

“Es la misma situación que pasó en los ’90, en la previa de la privatización del correo en el gobierno de Menem, cuando fue ‘concesionado’ por las empresas de Macri. Es exactamente igual, lo único que ahora es más agresivo. La decisión política es muy fuerte, profunda”, explicó a Tiempo un dirigente regional de la Asociación Argentina de Trabajadores de las Comunicaciones (AATRAC) que prefirió no aparecer con su nombre, abocado de lleno por estos días a las elecciones del sindicato.
El gremialista consultado reconoció que los trabajadores que decidieron irse de la empresa en su gran mayoría adhirieron al retiro voluntario: “Fueron inducidos. Nosotros lo llamamos ‘despidos elegantes’, porque los compañeros se asustan con la idea de que el correo va a desaparecer”.
Al igual que ocurre en el resto de los sectores públicos, los salarios fueron prácticamente congelados. Hoy un trabajador promedio del correo cobra alrededor de 900 mil pesos. “La situación es apremiante, los compañeros se desesperan para llegar a fin de mes. Entonces, desde el gobierno ofrecen una suma de dinero tentadora y el sistema postal se vacía. Pero con esa plata nadie se salva, porque hoy es imposible emprender algo. Mucha gente se acogió al retiro y luego pidió ser reincorporado”, graficó el dirigente de AATRAC.
Las consecuencias ya comenzaron a sentirse en distintas provincias. En Chaco, por ejemplo, el exgobernador Jorge Capitanich denunció en sus redes la eliminación de sucursales en “distintas localidades como Makallé, General Vedia, Concepción del Bermejo y Hermoso Campo”. Además, adelantó que “el plan de privatización de la empresa prevé el cierre de otras oficinas”. El exmandatario indicó que la cobertura de Correo Argentino llegaba a 50 de las 70 localidades de la provincia. “Si bien el cambio tecnológico y la aparición de nuevos actores redujeron la planta de 1000 a 200 empleos, nunca hubo una reconfiguración de las prestaciones de los servicios postales y de encomiendas”, insistió.
Aunque los retiros voluntarios se vuelven la herramienta más efectiva, Correo Argentino también despidió quirúrgicamente a muchos trabajadores: la semana pasada, el jefe, un jefe zonal y un cartero de la oficina de Olavarría recibieron un telegrama: “Por cuestiones de reestructuración y de reorganización interna de la empresa nos vemos obligados a prescindir de sus servicios”, rezaba la notificación.
Desde la Federación de Obreros y Empleados de Correos y Telecomunicaciones (FOECYT) aseguraron a Tiempo que el proceso de reducción alcanza a todo el país. Según un relevamiento interno del sindicato, ya se registran cierres confirmados en provincias como Buenos Aires, Córdoba, Mendoza, San Juan, La Pampa, Chaco, Catamarca, La Rioja, Río Negro, Neuquén, Santiago del Estero, Entre Ríos y Salta, mientras que otras oficinas permanecen bajo «evaluación» o con cierres programados para los próximos meses. Tanto AATRAC como FOECYT estiman que el gobierno prevé cerrar unas 900 sucursales en total, de las 1400 que el correo supo tener.
«Ni siquiera eso alcanzó»
El informe del gremio registra algunas situaciones extremas como en Catamarca. Allí, según FOECYT, el cierre de oficinas en localidades como Pomán, Mutquín y Saujil obliga a los usuarios a trasladarse entre 70 y 103 kilómetros para acceder a otra sucursal postal. A mayo de este año, en Catamarca quedaban 89 empleados, 49 en la capital y el resto en el interior. Hace tres años eran 165.
En Villa del Dique –Calamuchita, Córdoba–, el histórico jefe de la sucursal, Julio Ernesto «Tito» Ramírez, contó a Tiempo que desde el cierre de la oficina los vecinos deben viajar a Villa Rumipal para realizar trámites que antes hacían a pocas cuadras. «Lo más triste es que está pasando en todos los pueblos», resumió.
La Patagonia, por sus distancia, su geografía y su menor densidad poblacional, es la región que más sufre los cierres del Correo. Y la que más protesta. Pasó en Cholila. Y también en Campo Grande, Río Negro, donde el intendente Daniel Hernández cuestionó que el municipio nunca recibió una comunicación oficial sobre el cierre de la sucursal de Villa Manzano. Se enteró por los trabajadores. Desde entonces, los vecinos de Villa Manzano, Sargento Vidal, San Isidro y El Labrador deben trasladarse hasta Cinco Saltos para realizar trámites que antes resolvían en la localidad. “Campo Grande se queda sin correo, y eso duele porque era un servicio indispensable”, analizó. Y recordó que la sucursal había sobrevivido al macrismo. En ese momento, la comuna cedió un edificio y comenzó a pagar el agua, la luz y el gas. “Ofrecí renovar el comodato, no se pagaba alquiler ni un solo peso en servicios. Todo lo absorbía el municipio. Pero ni siquiera eso alcanzó y la cerraron”, concluyó Hernández.
En algunos de estos sitios, Correo Argentino informó que parte de la atención que brindaban las agencias y oficinas será remplazada por los denominados Puntos Correo instalados en comercios barriales, focalizado en la recepción de paqueterías, cuyo negocio crece de la mano de empresas privadas o de particulares. De todas formas, Correo Argentino reconoció que servicios como cartas documento, telegramas y operaciones monetarias continuarán prestándose únicamente en ciertas sucursales oficiales.
Por otra parte, la conducción nacional de FOECYT está en plena discusión paritaria con el gobierno que les ofreció un incremento en los haberes de apenas el 6,6%, mientras que el gremio reclama un 15%. Alberto Cejas, secretario general de la Federación, apuntó al exceso de cuadros de mando de la empresa estatal: “Ni el correo de Estados Unidos tiene la estructura que tiene el correo de Argentina. Más de ciento y pico de personas. No existe ninguna competencia privada local que tenga semejante estructura gerencial, de directores, gerentes de área como la que tiene el Correo Argentino”. Apuntó que ya se fueron más de 7500 personas por el congelamiento del salario y empezaron hace un tiempo con el cierre de oficinas, «dejando a localidades totalmente despobladas, violando convenios internacionales e inclusive la misma Constitución, porque el correo oficial tiene la obligatoriedad de brindar el servicio básico universal”.
Cuando Julio Ernesto «Tito» Ramírez ingresó al Correo Argentino en 1979 apenas tenía 18 años. Comenzaba la construcción de la Central Nuclear Embalse y Villa del Dique, en el valle de Calamuchita, vivía un crecimiento inédito. Pasó de 2000 habitantes a rondar los 3000 por la llegada de trabajadores de distintos puntos del país. La oficina postal fue en el sentido inverso: al principio eran siete empleados, con el correr de los años quedaron tres y, finalmente, sólo él.
Durante más de cuatro décadas fue mucho más que el jefe de la sucursal. Abría las puertas a las 7 AM, clasificaba la correspondencia, atendía al público y, cuando cerraba el mostrador, salía a repartir cartas y encomiendas por el pueblo. Conoció cada familia, cada calle y cada rincón. «Acá muchas calles tienen nombre, pero no numeración. Después de tantos años uno ya sabía dónde vivía cada vecino», cuenta.
Se jubiló con 45 años de servicio. Nunca imaginó que, poco después, también desaparecería la oficina. Cuando la empleada que lo reemplazó alcanzó la edad jubilatoria a los pocos meses, el Correo decidió cerrar la sucursal y reemplazarla por un Punto Correo administrado por la Municipalidad. Allí se entrega paquetería y se distribuye correspondencia, pero ya no pueden realizarse trámites como el envío de cartas documento o telegramas. Desde entonces, quien necesita esos servicios debe viajar hasta Villa Rumipal, cuya sucursal también está próxima a bajar las persianas. «Si alguien quiere mandar una carta documento o presentar una renuncia laboral tiene que ir a otro pueblo. Eso es lo más triste que está pasando en todos los pueblos».
Ramírez, de 67 años, asegura que la antigüedad hacía más conveniente retirarse que continuar trabajando. Sin embargo, observa con preocupación el vaciamiento de una institución a la que dedicó toda su vida: «Hoy cualquier empresa reparte encomiendas. Antes eso lo hacía el Correo. Se fue perdiendo terreno y ahora cierran oficinas». Junto a su esposa, también jubilada, crió cuatro hijos. Uno de ellos trabaja justamente en el Punto Correo de Villa del Dique y por las tardes es bombero voluntario. «Si algún día vuelven a abrir la oficina, seguramente él quede trabajando ahí», dice con mezcla de esperanza y resignación.
La Libertad Avanza primero desreguló, a través del Decreto 1005/2024 de noviembre de 2024, a todo el sector: flexibilizó los requisitos para operar en el mercado postal, habilitó la digitalización de determinados servicios, eliminó exigencias regulatorias para los operadores privados y amplió la posibilidad de que presten servicios que tradicionalmente concentraba el Correo Argentino.
Si bien el Gobierno debió dar marcha atrás con la inclusión de la privatización del Correo Argentino en la denominada Ley Bases, funcionarios como el ministro de Desregulación, Federico Sturzenegger, plantearon públicamente que mantienen como objetivo avanzar hacia una mayor participación privada en la empresa y evalúan distintas alternativas, entre ellas la privatización, la concesión o incluso un esquema de participación de los trabajadores.
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