Fue 2-1 en Old Trafford, con un arranque demoledor, en el reencuentro con Mourinho.
Hablaron, en Inglaterra y en el mundo, de que ahí, con ese rato de juego, al City le alcanzó para ganar su cuarto partido de cuatro y liderar la Premier con 12 puntos. En la segunda mitad, el United, que ya había acortado la diferencia después de un centro, una salida en falso del chileno Claudio Bravo y una definición pura técnica de Zlatan Ibrahimović, retrasó al City. El camino para el empate, entre desbordes y bolas bombeadas al área, no fue el mejor, pero estuvo cerca. El City caminó por la delgada línea roja. Y quedó circunscripto a los ataques veloces. La victoria y los elogios -el rendimiento del City en los primeros minutos dio la ocasión para un nuevo amanecer en el fútbol doméstico, ya que fue deslumbrante, siguió Holt- fueron para el City. Un partidazo, porque el United de Mourinho puso sus cartas en la mesa, y esos dos equipos predispuestos a atacarse, fueron un gran salto hacia adelante en el fútbol de todo el mundo.
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