El día en que Mbappé, Olise, Dembelé y Barcola le ganaron 1-0 a Paraguay con un penal de VAR

Por: Santiago Núnez

El equipo dirigido por Gustavo Alfaro, que había eliminado a Alemania, resistió gran parte del partido ante la mejor delantera del Mundial. Mbappé convirtió el gol y ya suma siete, como Messi.

Lo dice la tapa del libro que publicó antes del Mundial de Qatar. Gustavo Alfaro no le tiene miedo a cazar “utopías imposibles”. Así llegó, con Paraguay, a una nueva Copa del Mundo. Así su selección enfrentó a la mejor delantera del planeta: Ousmane Dembelé, Bradley Barcola, Michael Olise y Kylian Mbappé. Llegó mucho más lejos que lo indicado por la lógica futbolera: 70 minutos de ilusión de una “Albirroja” que hizo un partido digno y emocionante, antes de la derrota 1-0 con un gol de penal de Kylian Mbappé, cobrado por VAR, por los octavos de final del Mundial 2026.

¿Cómo lo hizo? Hay un viejo presagio inmortalizado por un técnico que, como Alfaro, supo hacer historia en Sudamérica. “Nadie es mejor que todos juntos”, lanzó al viento alguna vez el gran Oscar Washington Tabarez. Así jugó este sábado Paraguay. Otro Oscar, Ruggeri, supo decir una frase en forma de meme, cuando sugirió que a Mbappé le costaría jugar en la cancha de Olimpo. El partido no fue en el famoso Carminatti, pero Alfaro decidió una defensa férrea armada entre el fútbol argentino y paraguayo de la bendita Copa Libertadores.

Juan José Cáceres, que anuló a Barcolá, nació en Dock Sud y debutó en 2020 en Arsenal de Sarandí. Gustavo Velázquez, que salió de Cerro Porteño, en 2022 jugó en Newell’s, mientras que el otro Gustavo, Gómez, protagonista habitual de los certámenes latinoamericanos, dio la vuelta olímpica en el fútbol argentino: fue en 2016 con Lanús en aquella recordada final contra San Lorenzo por 4 a 0. Omar Alderete, jugador del Sunderland inglés, entre 2027 y 2019 defendió los colores de Gimnasia y Huracán. Junior Alonso pasó por Boca entre 2019 y 2020, donde fue dirigido por el propio Alfaro.

A los cinco del fondo se sumaron los del medio. Miguel Almirón por derecha. Matías Galarza Fonda por izquierda, con Diego Gómez y Andrés Cubas de interiores. Era un cerrojo: Paraguay duplicaba y hasta triplicaba marcas a los cuatro delanteros de Francia, con los volantes por los costados bajando al nivel de los laterales, y los stoppers y ambos volantes defensivos haciendo el rol de rueda de auxilio. Tan efectivo fue el planteo de Paraguay que la primera amonestación fue utópica: se la llevó Barcola luego de una falta contra Cáceres en una salida del fondo del conjunto de Alfaro.

¿Y adelante? Poco. Alguna corrida de Almirón, pocas jugadas de Enciso, condenado al movimiento eterno sin pelota. Un córner. El viejo y querido “dios de 9”, que entiende que el reloj es un enemigo mucho más considerable que el arco de enfrente. La utilidad al servicio de perder el tiempo. Esto es Sudamérica.

Francia puso a sus dos centrales, Dayot Upamecano y William Saliba, en tres cuartos de cancha. El relator de la transmisión lo dejó claro: “no se ve el círculo central”. Pero su posicionamiento ofensivo no redundó en chances claras, hasta el cambio de Desiré Doue por Barcola. La jugada del extremo del PSG, que gambeteó a tres rivales en un solo movimiento, generó un penal que Mbappé cambió por gol.

Como aquella tarde de verano del 98, Francia le ganó a Paraguay por la mínima con una jugada aislada, sin someter en el juego al conjunto guaraní. El sitio oficial de la FIFA recordó aquel partido de octavos de final en la semana. En el artículo rememoró una vieja frase de  Laurent Blanc, capitán de aquel equipo, que le dijo a La Dépêche du Midi que Paraguay era “la trampa perfecta”. Hoy, con Alfaro, fue igual. Hay una calle del pueblo Clapiers, a kilómetros de Montpellier, que lleva el nombre de “Paraguay 98”, como homenaje a aquel equipo que se concentró en esa localidad hace veintiocho años en otra Copa del Mundo.

El final de Paraguay dejó poco: un remate de Mauricio, muchos laterales al área rival y algunos pocos avances posicionales, sin que eso genere chances significativas de gol. Nos queda una hermosa tapada doble de Orlando Gill, arquero de San Lorenzo, en un mano a mano contra Mbappé.

El grito final del propio Mbappé, las innumerables revueltas por el piso de jugadores franceses y el hecho de terminar haciendo tiempo con la pelota en un córner son imágenes lógicas, pero que pintan de cuerpo entero las dificultades que tuvo Francia que, hasta el penal, no merecía vencer a Paraguay.

A veces la derrota no destruye los anhelos construidos. No se pierde todo por perder. Para Alfaro y los suyos hoy vale esa frase que Eduardo Galeano, otro ícono de la pasión futbolera sudamericana, le robó a su amigo Fernando Birri: «La utopía está en el horizonte. Camino dos pasos, ella se aleja dos pasos y el horizonte se corre diez pasos más allá. ¿Entonces para qué sirve la utopía? Para eso, sirve para caminar». «

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