El duelo entre México y los de Harry Kane comenzará a las 21. Será el regreso de los inventores del fútbol al estadio en el que Diego les convirtió sus dos goles más famosos en el Mundial '86.

Cómo va Wall, ¿cómo está ese sistema nervioso? ¿Cómo sigue tu logística, y la de la selección, de Miami a Atlanta para el partido con Egipto?
Te cuento que Inglaterra llegó a Ciudad de México el viernes por la noche, cuando Argentina sufría hasta lo indecible -pero le ganaba- a Cabo Verde en Miami. De repente la pantalla de los canales mexicanos se dividió en dos cuadros: por un lado el partido -comentan muchos argentinos en diferentes señales, Jorge Valdano, Juan Pablo Sorín y Javier Zanetti-, y por el otro Harry Kane y los suyos, ya en México.
Hay partículas de Copa Libertadores por acá: los ingleses primero anunciaron que no comunicarían en qué hotel se alojarían para evitar lo que le pasó a Ecuador la noche previa al cruce por los dieciseisavos de final el martes pasado, también en el Azteca, cuando hinchas mexicanos se agruparon enfrente del edificio para hacer sonar pirotécnica y poner música a todo volumen.
Era una idea impracticable, salvo que a los ingleses se los hubieran llevado los extraterrestres que supuestamente tenían programado aparecer en el partido Brasil-Escocia: no había forma que no trascendiera dónde iban a estar. Lo que hicieron entonces los organizadores fue bloquear el hotel a varias cuadras de distancia para evitar el mismo recurso de los trasnochados mexicanos. El tema no termina ahí: Inglaterra también llegó con otros temores y fantasmas.
Uno es la altitud, un rival desconocido para los europeos, un continente de capitales bajas. Le pregunté a nuestra amiga en común, Marcela Mora y Araujo, si se hablaba del tema en Londres. “No se habla de otra cosa”, me sorprendió. Pero tiene lógica: los 2240 metros sobre los que se eleva el Azteca es el doble de altitud que el pico más alto de Inglaterra.
El viernes hubo manejos y desmanejos acerca del horario del partido de hoy. Estaba programado para las 18 (21 de Argentina) pero fuentes de la FIFA y de la televisión dejaron trascender que se adelantaría para las 12 de México (15 de Argentina), una referencia al mediodía que ya daba calor de solo pensarla, con los cuerpos de los jugadores sin proyectar su propia sombra, tal como ocurrió en México 1986. Nunca hubo una explicación oficial de ese supuesto cambio -que se llegó a dar por hecho- pero se parecía a un combo de razones.
En primer lugar, la seguridad de los mexicanos, que están congregando más de un millón de personas en el Ángel de la Independencia después de cada partido, pero también la de los ingleses, dado que los ecuatorianos la pasaron mal en las tribunas. Luego, y tal vez principalmente, un pedido de la televisión inglesa, dado que el partido arrancará a la 1 de la madrugada del lunes en Londres. Y finalmente, la climatológica, dado que suele llover a la tarde en México, al punto que el inicio del partido de Ecuador se postergó una hora por tormenta eléctrica. Semejante previsión, sin embargo, sonaba rara: este viernes, por ejemplo, no llovió. Finalmente, las federaciones de ambos países se negaron -con toda razón- al cambio y el partido arrancará tal como estaba previsto, a las 21 de Argentina.
Dicho todo esto, el fantasma al que Inglaterra además tendrá que enfrentar en Ciudad de México se llama Diego Maradona. El partido de hoy es el regreso de los ingleses al Azteca después de 40 años: nunca más jugaron tras aquel 22 de junio de 1986 y es posible que nunca más lo hubiesen vuelto a hacer sino fuera porque el Mundial los obliga.
Tuve la suerte de estar tres veces en el Azteca en este Mundial -en un partido de Colombia y en dos de México- y en todas me quedé petrificado mirando hacia al arco en el que Diego convirtió sus dos goles, la Mano de Dios y el Barrilete Cósmico. La referencia de los ingleses, 40 años después, será inevitable: Harry Kane como supuesto vengador de Gary Lineker, Jordan Pickorfd en lugar de Peter Shilton, Jude Bellingham como sustituto de Glenn Hoddle y Marcus Rashford por John Barnes.
Mientras tanto leo que, en el resto del país, la aparente tregua del Mundial se rompe y los homicidios vuelven a superar las 50 víctimas por día. Y no puedo -ni quiero- dejar de mencionar que, en el último partido de México, contra Ecuador, un grupo de al menos 80 agentes vestidos de negro impidió que a las puertas del Azteca se manifestaran los colectivos de familiares de desaparecidos. “Había una instrucción directa de atacarnos”, dijeron las madres buscadoras.
Será la despedida del Mundial de aquí. México está bien y va por el gran triunfo de su historia. Inglaterra tiene figuras. La altura afectará. Hay tensión. Pero sobre todo recordaremos a Maradona. Aquel partido del 22 de junio de 1986 se sigue jugando todos los días, en especial hoy. «
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