“Mi corazón y mi alma están con el pueblo palestino. Les doy las gracias y les dedico esta victoria a ellos. Hemos logrado honrar a los árabes, y nosotros formamos parte de ellos”, dijo Hossam Hassan, entrenador de Egipto, minutos después de que su selección se impusiera por penales (4-2) tras el 1-1 ante Australia en los dieciseisavos del Mundial de Estados Unidos, México y Canadá 2026. En el campo de juego del AT&T Stadium de Dallas, Hassan había sacado la bandera de Palestina ante los hinchas, que en este Mundial celebraron su primer triunfo en la historia (el 3-1 ante Nueva Zelanda por la segunda fecha del grupo) y la clasificación inédita a un playoffs. El martes, Egipto jugará octavos contra Argentina, la campeona mundial que cortó clavos ante Cabo Verde.

Hossam Hassan, como capitán, y su hermano gemelo Ibrahim lideraron como jugadores a la selección egipcia que se clasificó a un Mundial (Italia 1990) tras 58 años. Hoy Ibrahim es el asistente principal de Hossam. Los hermanos apoyaron al régimen de Hosni Mubarak, que gobernó entre 1981 y 2011, y acusaron a los manifestantes opositores de “traidores”. Mohamed Aboutrika –considerado el mejor futbolista de la historia de Egipto, hoy analista de la cadena beIN Sports– había señalado tras el inicio del Mundial que sería “la peor edición” y que Estados Unidos lo usaba para “blanquear su imagen por la guerra con Irán”. Durante la revolución egipcia de 2011 que terminó con la caída de Mubarak, Aboutrika, ídolo rebelde, apoyó a los manifestantes. Ahora, tras la clasificación a octavos y el festejo con la bandera de Palestina de Hassan, Aboutrika sostuvo: “Nos criamos con la causa palestina”. Entre los escombros de Gaza por el genocidio perpretrado por Israel, los palestinos festejaron la pase de Egipto a octavos.

Aboutrika, N° 10 y multicampeón con el Al-Ahly entre 2004 y 2013, nunca pudo jugar un Mundial (y nunca quiso irse a Europa). Tras el pase a octavos, a Emam Ashour –autor del gol del 1-1 ante Bélgica y del 1-1 ante Australia, 28 años, mediocampista talentoso del Al-Ahly, el más grande de África y Oriente Medio– lo cruzaron en beIN Sports con Aboutrika, exiliado en Qatar tras el golpe de Estado de 2013. “Estoy llorando… Es el sueño de mi vida conocerte, y me gustaría ser aunque sea un cuarto de vos”, le dijo Ashour, uno de los mejores jugadores de Egipto en el Mundial. “No… Ya sos mejor que yo. Marcaste en una Copa del Mundo y tenés un talento inmenso”, le devolvió Aboutrika, quien, más tarde, dijo: “Gracias a Hossam y a los jugadores. Egipto honró a árabes y a africanos; el grande es grande y dio la razón a quienes confiaron en los faraones. ¡Que se venga Messi! Y que sea un partido para la historia”.

El próximo rival de Argentina: Egipto, la selección que juega por la causa palestina
Foto: NA / Xinhua / Wu Wei

El primer antecedente de la selección argentina en un partido oficial ante Egipto se registra en las semifinales de Ámsterdam 1928, en los Juegos Olímpicos, el Mundial antes del Mundial. El 6 de junio de aquel año, Argentina lo goleó 6-0 (el arquero Octavo Díaz, de Rosario Central, le atajó un penal a Ali El-Hassani, primera vez en un torneo olímpico, como rescató el historiador Leonardo Volpe). Hay un último antecedente oficial: triunfo argentino 1-0 en el grupo de los Juegos de Tokio 2021, ya entre selecciones Sub 23. Jugaron Alexis Mac Allister y Thiago Almada. El gol lo marcó Facundo Medina, quien salió lesionado ante Cabo Verde. El martes, en Atlanta, difícilmente sea un trámite para la Argentina de Lionel Messi, quien revivirá viejos cruces por la Champions con Mohamed Salah (el N° 10 egipcio pinchó su penal en la tanda ante Australia).

Con tan solo tres días de descanso y después de haber jugado los 120 minutos por los tiempos extra, Messi (39 años) y Salah (34 años) se volverán a cruzar en una cancha, pero por primera vez con las camisetas de sus selecciones, no con las del Barcelona y el Liverpool. Salah, quien dejó el club inglés convertido en leyenda tras nueve temporadas, tendrá otra vez enfrente a Nicolás Tagliafico, como en los octavos del Mundial Sub 20 de Colombia 2011 en el Atanasio Girardot de Medellín. Aquella noche, Argentina derrotó 2-1 a Egipto con los goles de penal de Erik Lamela. Tagliafico, lateral izquierdo, fue titular. Y Emiliano “Dibu” Martínez estuvo en el banco (atajó Esteban Andrada). Salah marcó el descuento, también de penal. Además de Salah, de aquella Sub 20 egipcia juegan hoy el Mundial Mohamed El Shenawy, arquero suplente, y el central Mohamed Abdelmonem (sumó 15 minutos).

Pasaron 15 años. Salah es una figura global. Y buscará la revancha ante la selección argentina. Tras el duelo ante Australia, se lo vio con hielo en la pierna izquierda. A Rusia 2018, su primer Mundial, acaso en el mejor momento de su carrera, había llegado afectado después de un esguince en el hombro izquierdo provocado por una falta de Sergio Ramos en la final de la Champions 2017/18 que el Real Madrid le ganó al Liverpool (el español lo sacó a los 25 minutos). Salah (68 goles) está a un gol de igualar como máximo goleador histórico de Egipto a Hossam Hassan, sí, el actual técnico.

Si el sector derecho es el talón de Aquiles de la selección argentina, por el que la intentaron lastimar en el Mundial, el costado izquierdo egipcio suele ser la zona –aunque se centre e intercambie posiciones– de Omar Marmoush, el atacante del Manchester City, otra pieza, como Ashour y Salah, con presencia ofensiva. En el Mundial marcaron goles Mostafa Ziko y Trézéguet, quienes recibieron los nombres por los históricos futbolista brasileño y franco-argentino, mundialistas. Y sumaron minutos Hamza Abdelkarim, delantero de 18 años que compró el Barcelona y juega en el equipo filial, y Haissem Hassan, extremo francés nacionalizado que juega en el Oviedo. La selección de África del Norte, la más laureada de la Copa Africana, metió tres goles de cabeza en el Mundial (líder en ese ítem con Inglaterra). Sin la posesión de la pelota, en transición defensiva, los faraones suelen descompensarse y dejar espacios aprovechables con pases filtrados.

Egipto –quinta africana en avanzar más allá de una ronda eliminatoria en un Mundial (Camerún 1990, Senegal 2002, Ghana 2010 y Marruecos 2022-2026)– es una selección de un país más rico, sin tanto migración –casi sin jugadores de la diáspora–, con una liga local competitiva. En el país, a Salah le piden más adentro y afuera de la cancha (posiciones políticas no tan lavadas frente al genocidio en Gaza). Vuelvo a la maravillosa Sobremesa. Guía Mundial 2026, editada por Matías Baldo, y leo a Nahuel Lanzón: “El 1 de febrero de 2012, un año después del momento más caliente de la revolución, Al-Ahly fue a Port Said a jugar contra Al-Masry, club portuario ligado a los militares. Al final del partido, hinchas locales –luego se supo que hubo infiltrados– saltaron al campo armados con cuchillos y palos. Las puertas de salida del sector visitante quedaron cerradas: murieron 72 hinchas del Al-Ahly y la policía nunca intervino. La sospecha es que la masacre fue una represalia contra los Ahlawy por su rol en la caída de Mubarak. Cuenta Aboutrika que decidió retirarse ese mismo día, cuando un chico de 14 años, escapando lleno de heridas del ataque, murió en sus brazos. ‘Ahora que te conocí me puedo ir’, le dijo con su último aliento. Difícil para Salah competir contra una figura así. Esa contradicción interna es la postal honesta del fútbol egipcio actual”.