Marcelo Bielsa para mí es un ídolo. Quizás suene extremista y anticuado, pero si de niño contestaba Andrés Iniesta (jovencito pretencioso) hoy diría Marcelo Alberto Bielsa Caldera. Suelo llamarlo así.

Es cierto que hablé por teléfono con Marcelo y que recibí un autógrafo de Carlos Solari (mi otro héroe en este lío), pero no necesité conocerlos personalmente para entender que los ídolos no son perfectos, que pueden perder, tirar, errar y fracasar.

Hace cuatro años Bielsa cerraba su etapa en Leeds con elogios, aplausos y cartas (THANK YOU MARCELO anunciaba el diario La Capital). Esta vez la despedida será muy diferente. Acusando soledades, abandonos, errores y maltratos, Bielsa y el plantel de la Selección Uruguaya cortaron con un vínculo que en palabras del propio entrenador fue “tóxico” y que a la vista de los resultados, no era sano en absoluto.

Bielsa, luces y sombras

Muchas de las ideas que masticaba sobre el asunto fueron magistralmente descritas por Kurt Lutman en un sencillo pero profundo post de Instagram: «Un juego colectivo, antes que todo necesita afecto, y ese tejido hará resistir cuando los rayos empiecen a golpear los cuerpos en medio de las tormentas». Bielsa logró conectar con creces en ciertas etapas de su carrera: Newell’s, Chile, Bilbao, Leeds. En otras (Marsella, Lille, Uruguay) no pudo hacerlo.

Este Mundial (2026) es el summum de casi todo: de participantes, de asistencia en los estadios, de sedes, de países anfitriones, de millones de euros, de estrellas, de apuestas y de pausas (tres por partido). Y es el fruto tan perfecto como vil de un proceso político y global que viene mordiendo a los pueblos de todo el mundo y especialmente de Sudamérica.

Marcelo Bielsa

Por eso es que en esta búsqueda de luces y de referentes, sigo encontrando a Marcelo Bielsa. Un tipo que se equivoca, que no mira a los ojos cuando seguramente debería hacerlo, que por momentos parece enemistado con la victoria y que quizás, no sea el mejor tacticista ni el mejor gestor de grupos. Pero si tantos estamos de acuerdo en la grandeza de Bielsa, no creo que sea “guardiolismo”, utopismo ni necedad.

Su Mundial 2026 fue malo, muy malo. Con o sin merecimiento, enmarañó a un equipo que no llegaba bien, pero que debía clasificar. Sin embargo, hace dos años y en los Estados Unidos, Bielsa hizo una Copa América histórica. No por ser tercero ni por un fútbol tan fenomenal, sino porque cada una de sus conferencias de prensa fue una clase magistral sobre táctica, cultura y sobre la vida, en fin. 

En un mundo que va de juegos de azar hacia bebidas alcohólicas para luego volver a los juegos de azar en solo tres minutos de “hidratación”, el hecho de que un hombre arraigado a sus convicciones pueda acertar, fallar, perder y ganar, vale demasiado.

Lamento lo que ha sucedido con Bielsa y Uruguay, sé que Marcelo no lo hizo bien. Pero también sé que lo respeto mucho, que lo admiro también y que a él o a sus ideas, el fútbol les dará revancha y el tiempo, el tiempo les dará la razón.