Le dicen "La Bamba Negra", por una de las serpientes más letales de África. Llegó al país en 2015 y, aunque no le gusta "lastimar a nadie", lleva diez triunfos seguidos sobre el ring. Se gana la vida en las calles de Quilmes.

Respetado por entrenadores, rivales y promotores, Touba Niang genera expectativa cada vez que sube al ring para pelear en la categoría profesional de peso superwelter (hasta 69,9 kg), una división muy competitiva entre el welter y el mediano. Sus peleas tienen un clima particular: la comunidad senegalesa y amigos argentinos se hacen presentes con banderas, aplausos y tambores que suenan al costado del cuadrilátero. El boxeo se mezcla con identidad, música y celebración.
De sonrisa fácil, algo vergonzoso y mirada tranquila, Touba camina por las calles del conurbano bonaerense -vende ropa, zapatillas y lentes- y la gente se acerca a saludarlo, como quien reconoce a una gran promesa del boxeo. Además, consolidó su propio proyecto comercial de indumentaria “Anti Dólar” en un local de la galería Colón, de Quilmes. Afuera del ring es respetuoso, humilde, empático y muy querido; adentro, explosivo, potente y decidido.
Su récord profesional lo respalda: está invicto y se caracteriza por definir antes del límite o sostener el ritmo durante todos los rounds. En la antesala a sus competencias, Touba se concentra, saluda al público y pelea sin especular, en ese ring que condensa trayectorias migrantes, trabajo y sueños que se sostienen a fuerza de rutina.
-¿Qué encontraste en el boxeo que no encontraste en otros deportes?
-A veces voy a entrenar triste, otras feliz, sin ganas, pero entrenando boxeo es donde me siento bien. Por más que el día de mañana me retire, nunca dejaría de seguir entrenando en un gimnasio, porque es lo que amo.
Touba comenzó a boxear en 2021 en el club El Porvenir, de Quilmes. Llegó casi por casualidad, invitado por un amigo, y se quedó por convicción. Desde entonces lo entrena Javier Segovia, todos los días después de trabajar.
Su historia comenzó en Watef, en la región senegalesa de Louga. Allí la vida es comunitaria: familias numerosas que se levantan juntas, comparten las comidas y se reparten las tareas del campo y el cuidado de los animales. “Para nosotros es normal, todas las familias son grandes”, aclara.
Aunque hoy sus hermanos y hermanas están repartidos entre Senegal, Estados Unidos, Europa, Brasil y Argentina, el contacto es permanente a través de un grupo de WhatsApp. Los que viven en Argentina lo acompañan cada vez que pelea; los demás siguen su carrera a la distancia, por videos y llamados.
-¿Cómo ayudás a tu familia en Senegal desde Argentina?
-Este último tiempo no pude ayudar porque el trabajo bajó mucho y en el boxeo todavía no se gana nada. Se gana muy poco, apenas puedo cubrir los gastos y algunas otras cosas. Pronto espero tener alguna pelea grande y seguir ayudándoles como antes, que se vendía un poco más.
Su objetivo es claro: ser campeón del mundo. No solo por él, sino para cambiar la vida de su familia y ayudar a quienes realmente lo necesitan. Fuera del ring, es otro. “No puedo ver sangre ni a una persona lastimada”, asegura.
“Me gusta el boxeo, pero no quiero lastimar a nadie”, explicó tras su pelea con Agustín Chávez, a quien noqueó pese a llegar con poco entrenamiento y una lesión en el hombro. Días después supo que su rival había sufrido una fractura de mandíbula y necesitaba cirugía. Touba organizó una colecta para ayudarlo y enfatizó en que, más allá de la pelea, “somos todos hermanos y amigos”.
Incluso marcó un límite personal: si algo así vuelve a suceder, se retira. Por su parte, Chávez, al salir del hospital, le agradeció públicamente.
-¿Cuáles son tus sueños y metas para los próximos años, tanto en lo deportivo como en lo laboral?
-Mi sueño es ser campeón del mundo en 2026. Si Dios quiere, triunfar en el boxeo y cambiar mi vida y la de los míos. Poder ayudar a la gente que realmente lo necesita. Invertir en cosas que me gustan y ayudar a quienes les cuesta progresar, porque yo lo viví y sé que es difícil.
En su recorrido también aparecen escenas que atraviesan su identidad fuera del ring. En una participación en el programa de YouTube Hecho por los Negros en Argentina, Touba contó una situación que le pasó: “¿Nunca les dijeron ‘ese negro baila bien por ser negro’, sin verlo bailar?”, dice entre risas. “A mí sí me pasó; soy muy vergonzoso para bailar; no digo que no baile, pero casi nunca”.
Para Touba, el sostén principal sigue siendo el trabajo diario, en su puesto ambulante, ese que no se ve en las luces del ring pero que hace posible todo lo demás. “Hay días que termino matadísimo y al otro día igual tengo que levantarme temprano para ir al puesto. No tengo un plan B y no puedo fallar”, expresa. «
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