Cruciales elecciones de octubre en Brasil: Lula juega al TEG

Por: Ricardo Romero

Con el objetivo de blindar su reelección, el PT sacrifica candidaturas propias en distritos clave y teje alianzas transversales frente al avance del bolsonarismo en el sur.

El pragmatismo político impera en la estrategia electoral que impulsa Luiz Inácio Lula da Silva y diseña el Partido dos Trabalhadores (PT) en la compleja geopolítica brasileña. Aliarse a las candidaturas que den votos a nivel local para sumar adhesiones a la reelección del presidente es la consigna. Por eso, el PT resignó metódicamente a los encabezamientos estaduales, y lo hace solo en diez (el menor número de los últimos 20 años) e incluso impuso el criterio a los díscolos de Río Grande do Sul, que por primera vez no llevará candidato propio en el distrito y aceptaron, bajo amenaza de intervención, la candidatura de Juveliana Brizola, del Partido Democrático Trabalhista (PDT) y nieta del legendario Leonel Brizola.

La resignación intenta contrapesar el armado de Flavio Bolsonaro del Partido Liberal, en especial en el sur del país, donde ya juega con candidaturas fuertes como la de Luciano Zucco en Río Grande do Sul; Jorginho Mello en Santa Catarina y, en Paraná, el mismísimo Sergio Moro, artífice del esperpento caso del Lava Jato, que encerró 580 días a Lula e impidió su postulación en 2018. Incluso el PL ya encabeza 12 estados y va por más.

El PT ya tiene cerradas las alianzas electorales en 22 de los 27 estados del complejo tablero brasileño. Casi como un TEG, fue poniendo fichas meticulosamente con alianzas clásicas a izquierda, con el Partido Socialista Brasileño (PSB) o el PDT, así como por derecha con Unión Brasil (que en Amapá consigue apoyo recíproco para la reelección del gobernador Clécio Luis) y de Progresistas, donde Lucas Ribeiro en Paraíba intenta lo mismo. Sin embargo, Lula tiene buenas relaciones con Cícero Lucena, candidato del MDB, partido con el que suma alianzas a partir del apoyo a Hana Ghassan en Pará y Renan Filho en Alagoas.

A su vez, hay acuerdo con el Partido Social Democrático (PSD), en Amazonas (apoyó a Omar Aziz) y en Río (a Eduardo Paes); está cerca en Sergipe (Fabio Mitidieri), en Sergipe. Y si bien en Pernambuco acuerda con el PSB la candidatura de João Campos, Lula aún no cierra las puertas a la gobernadora Raquel Lyra, del PSD, aunque ella debería manifestar el apoyo al candidato de su partido, Ronaldo Caido.

El cuadro de alianzas muestran las fortalezas del PT en los armados del nordeste brasileño, donde Lula tuvo una performance promedio del 70% en la segunda vuelta de 2022 (Río Grande do Norte un 65%; Paraíba, Pernambuco y Sergipe, 67%; Ceará, 70%; Maranhão, 71%; Bahía, 72%; y Piauí, 77%).

No obstante, el PL contrarresta en el sur y norte del país, donde Jair Bolsonaro tuvo una eficacia inversa; Paraná, 62%; Mato Grosso, 65%; Santa Catarina, 69%; Acre, 70%; Rondonia, 71%; y Roraima, 76%).

En ese clivaje electoral que marca las dos caras del Brasil contemporáneo. La contienda se intensifica en los distritos electorales más populosos (San Pablo, Minas Geraís, Río, Bahía y Paraná), donde la tendencia muestra preponderancia de voto a favor de los actuales gobernadores. En el caso de Minas Gerais, el gobernador Romeu Zema mide entre un 40 y un 50% de intención de votos. A su vez, en Río, Cláudio Casto (PL) tiene un promedio del 35% y en Paraná, Ratinho Júnior (PSD) estaría logrando una reelección en primera vuelta con el 60%. En Bahía, el actual jefe de gobierno, Jerónimo Rodrigues (PT) está en empate técnico con ACM Neto de Unión Brasil.

En definitiva, la elección de San Pablo se convierte en decisiva, en tanto que el actual gobernador Tarcísio de Freitas (Partido Republicano Brasileño) oscila entre el 35 y el 45% de la intención de voto, con el apoyo del PL de Flavio Bolsonaro. Por eso Lula puso toda la carne al asador con tres ministros en juego en el distrito. En tanto que las ministras Simone Tebet (MDB) y Marina Silva (Rede) buscarán una banca en el Senado; y su heredero político Fernando Haddad (PT) de nuevo intentaría ganar la Gobernación: de lograrlo sería su catapulta a disputar la presidencia en 2030.

Todo ese cuadro explica las encuestas, que si bien colocan en primer lugar a Lula con una media del 37% de intención de voto, frente al 32% que alcanzaría Bolsonaro (h) en las elecciones del 3 de octubre, con una predicción de empate técnico para la segunda vuelta (domingo 25 de octubre) en torno del 41 por ciento. Lo que plantea un panorama incierto.

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