“Pueblos del mundo, bienvenidos a México”, se escuchó en la ceremonia de inauguración en el Azteca, una línea del guión que contrasta con lo que ocurre en Estados Unidos. Luego la selección local le ganó 2-0 a Sudáfrica con la novedad ya impuesta de la pausa de rehidratación, un corte más.

A las 11.43, llegando al mediodía mexicano, Lila Downs comenzó la presentación. “Pueblos del mundo, bienvenidos a México”, se escuchó. Una línea del guión que contrasta con lo que ocurre en la sede principal de este Mundial, Estados Unidos, con prohibiciones de ingreso, interrogatorios a protagonistas y requisas exhaustivas a delegaciones participantes, además de la selección iraní, que debe hospedarse en Tijuana.
A partir de ahí, el show. Apareció Maná y, guste o no, levantó al público. Todo pasó muy rápido, a la velocidad de estas ceremonias. Los Ángeles Azules con Belinda, que hicieron mover un poco las tribunas, J Balvin y Shakira como la figura final. Los homenajes esperados a Pelé y Maradona, astros mundialistas de este estadio, resultaron apenas un video con imágenes.
Pasará rápidamente al olvido la ceremonia, incluso para quienes lo vieron en el estadio, al que no fue sencillo llegar. Las marchas y manifestaciones, más el habitual tránsito pesado, hicieron que la ciudad tuviera que madrugar para llegar a horario.
Antes de que salgan los jugadores al campo de juego espléndido del Azteca, faltaba la presentación de las 48 selecciones que participarán en el Mundial. Hubo silbidos cuando se anunció a la Argentina, que eliminó dos veces en forma directa a México en los Mundiales, además de haberlo dejado con pocas chances en Qatar después de la victoria en el Lusail.
Hubo también silbidos al presidente de la FIFA, Gianni Infantino. Y volaron sombreros mexicanos de papel, para armar, ya cuando estaba por arrancar el partido, que fue monólogo de México frente a una Sudáfrica que esperó y se dedicó a cortar con faltas. Todo del equipo de Javier Aguirre, que encontró el gol rápido con Julián Quiñones, el tercer gol más rápido en la historia de los Mundiales. Y pudo ser antes con Raúl Jiménez si no fuera por el arquero sudafricano, el capitán Ronwen Williams, que más tarde taparía otra y también tendría la ayuda del palo.
Se cantó Cielito Lindo, voló la cerveza que se compra en los puestos oficiales a 17 dólares. Volvió la cerveza con alcohol a los Mundiales después del paréntesis de Qatar. Los mexicanos la revolearon de la alegría. Todo estaba así de tranquilo cuando llegó la pausa de rehidratación, impuesta como un corte más. Ya tiene patrocinador y hasta la DanceCam. En el estadio, se pone música, se enfoca a gente en la pantalla y se la hace bailar. El postfútbol, como lo llama Juan Pablo Meneses.
En el otro corte del partido, en el entretiempo, el que ya conocíamos, pareció que habría otro homenaje a Maradona. Lo invitaron al campo de juego a Nery Pumpido, arquero campeón del mundo en el 86. Señalaron el arco donde Diego le hizo sus goles a Inglaterra, algunas palabras más, al equipo, a la emoción, y todo finalizó con Pumpido agradeciendo a la FIFA y la Conmebol, organización en la que tiene un cargo como Director de Desarrollo.
Sudáfrica se quedó con diez apenas arrancó la segunda parte, una falta al borde del área y en ocasión manifiesta de gol lo dejó sin Yaya Sithole y obligó al belga Hugo Broos a sacar a Lyle Foster, delantero del Burnley. Ya no hubo más. El gol de Raúl Jiménez, cabezazo bien colocado entrando por el segundo palo después de un centro de Roberto Alvarado, bajó el telón. Los mexicanos siguieron revoleando cervezas y sombreros. Ya era fiesta. Otra pausa de rehidratación y su publicidad. Sudáfrica se quedó con nueve por la intervención del VAR, mal regreso para los Bafana Bafana a los Mundiales. También México se quedó sin César Montes hacia el final. No tendrá al defensor para el próximo partido.
El locutor del estadio anunció la cantidad de público: 80824 espectadores. Un estadio repleto. Si hasta estas horas los mexicanos sentían que el Mundial no era suyo —apenas 13 partidos en este país de los 104—, ahora quizá comience otra historia, otro vínculo.
El Mundial empezó por donde hace 40 años Diego hacía lo suyo. Queda la nostalgia, es posible, de lo que México significó para el fútbol argentino, este estadio, el Azteca. Pero el Mundial de 48 selecciones y tres sedes ya nos avisa desde su primer partido que el fútbol es otro.
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