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Bienvenidos a este newsletter de Tiempo. Estas cartas del Mundial, Postales del Norte, que vamos a intercambiar junto a Andrés Burgo. Empiezo desde México con el partido inaugural a la vista, y con el 1986 maradoniano en el ambiente. 

El estadio Azteca está construido sobre un manantial. El Tetlameya regaba la zona de Coyoacán, al sur de la Ciudad de México, y en sus aguas había peces, ajolotes y moluscos. El manantial de las piedras, a orillas del Río Tlalpán. La erupción del volcán Xitle modificó los cursos y cubrió el territorio de lava volcánica. Dicen que para levantar el Azteca hubo que remover ciento ochenta millones de kilos de piedra producto de esos eventos geológicos. Hundido casi diez metros bajo el nivel del suelo, el gigante de estilo brutalista se inauguró hace sesenta años, el 29 de mayo de 1966, con una capacidad para cien mil personas. El nombre se eligió por concurso, lo propuso un aficionado, Antonio Vázquez Torres, desde León, Guanajuato, con una carta al servicio postal. Hoy, cuando se convierta en el primer estadio de tres Mundiales, el marketing lo llamará con un nombre de banco, otros le dirán Ciudad de México. Pero siempre será el estadio Azteca.

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México despierta a su tercer Mundial

El Azteca es inmenso como todo en la Ciudad de México. También sus lluvias, torrentes de agua que arman un pandemonio. Los autos se atascan, la gente corre para no mojarse, los charcos se agigantan, hay calles inundadas y todo suena a bocinazos y sirenas. Se desata una emergencia. Los relámpagos caen sobre la ciudad a la que Juan Villoro llama un océano de asfalto. Es asfalto pero también es agua, la que cae quizá por obra de Tláloc, el que hace brotar la lluvia. Junio es el mes con más precipitaciones en esta ciudad. También hay pronóstico de agua para el partido inaugural entre México y Sudáfrica.

Hace unos días, mientras terminaba de trabajar frente al estadio Azteca, comenzó a llover. Unas gotas anunciaron el temporal. Lourdes y Mario me refugiaron en su puesto de comidas callejeros. Para ellos también se terminaba el trabajo. Así que me ofrecieron comer junto a ellos mientras nos cubríamos del agua. Me sirvieron unas carnitas en tortillas de maíz con algo de picante, deliciosas, y un vaso de agua fresca con lima que ayudó a aliviar el paladar. Me contaron que se levantan a las cuatro de la mañana en su casa de Santa Úrsula, el barrio del Azteca, para cocinar y tener lista la comida cuando comienza el movimiento. Siempre en el mismo lugar, mucho más los días de partido. Me recordaron la hospitalidad de este pueblo.

México despierta a su tercer Mundial

Pero no son las lluvias lo que tiene a México en estado de ebullición sino las protestas de la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación, la CNTE, que lleva adelante masivas movilizaciones con reclamos al gobierno de Claudia Scheimbaum. A la CNTE se suman otros sectores sociales, incluso las madres buscadoras de los más de 130 mil personas desaparecidas en México. Esas caras se ven en la Glorieta del Ahuehuete, sobre el Paseo de la Reforma, y a unos metros de ahí, al pie del Monumento a la Independencia, lugar de reunión turística y también de reivindicaciones. 

Las calles de México miran con frialdad al Mundial, casi a la distancia. La cartelería oficial celebra el regreso del fútbol máximo al país. “La pelota -se lee en los afiches- vuelve a casa”. Las publicidades también saludan al tercer Mundial mexicano. Pero cuando se habla con conductores, mozos, gente de a pie que va apurada por la peatonal Génova, estudiantes que se solazan en la Glorieta de Insurgentes y repositores de supermercados, el muestreo limitado que se puede hacer durante tres días en una ciudad con más de veinte millones de habitantes, lo que surge es una especie de ajenidad. A Lourdes y Mario, en cambio, los entusiasma el Mundial. Tienen su puesto en el Azteca y lo van a aprovechar.

México despierta a su tercer Mundial

“Somos actores de reparto”, me dice Alberto Aceves, periodista del diario La Jornada, mientras charlamos en las entrañas del Azteca. El actor principal es Estados Unidos. El dueño es Donald Trump. Su amigo Gianni Infantino, presidente de la FIFA, no se hizo cargo en la conferencia de prensa pre inaugural sobre lo que está ocurriendo con los visados y los ingresos a la sede principal. El jugador iraquí Aymen Hussein fue retenido e interrogado durante varias horas en el aeropuerto de Chicago. Al árbitro somalí Omar Artan le impidieron el ingreso señalándole vínculos con el terrorismo. Artan fue recibido como héroe en su país. A los planteles de Uzbekistán y Senegal los requisaron al detalle en un trato que los propios protagonistas consideraron inhumano. Infantino pidió que nos relajemos, que nos pongamos chill. También pulseó con un periodista de la BBC: “¿Encontrarías normal que la FIFA dictara las leyes al gobierno del Reino Unido?”. ¿Encontrarías normal -habría que preguntarse- que al jugador de tu selección lo encerraran para interrogarlo? 

El partido inaugural será a las 13 de México, el mediodía de esta ciudad. No se atraviesan altas temperaturas, más allá del efecto que produce esta olla a 2200 metros sobre el nivel del mar, pero recuerdan los reclamos de Diego Maradona a la FIFA en 1986 por los partidos programados para la televisión europea. Este es el lugar de la obra de Diego. Sus goles a los ingleses, su deificación con la Copa del Mundo en la mano. El Azteca fue también de Pelé, pero mucho más de ese equipo de Brasil. La Argentina fue un equipo, pero Diego fue único. Y hay una energía especial en el estadio, como si todavía Maradona estuviera dando vueltas por acá, por Santa Úrsula, sus calles, el barrio que hasta parece tener alguna reminiscencia napolitana. Aunque ya no esté su mural, según descubrió Daniel Arcucci, su biógrafo. “La estatua -le dijeron desde la organización- no fue retirada permanentemente por motivos políticos ni por censura, sino por la reestructuración integral y las normativas de accesibilidad impuestas por la FIFA”. Ahora, explican, analizan su reubicación. Pero Diego ya es parte de todas esas capas de manantiales y lava, de toda esa historia que continúa en este Mundial.