A horas de concluir el Mundial de fútbol, se mantiene en el tapete la consideración de que nueve de los diez equipos que compitieron en el certamen (Marruecos, Senegal, Argelia, Egipto, Costa de Marfil, Ghana, Cabo Verde, Sudáfrica, Túnez y República Democrática del Congo) pasaron la primera ronda (sólo Túnez no lo hizo). Y si bien el resultado deportivo posterior fue dispar, el evento futbolístico más importante a escala planetaria, sirve de excusa para que circulen informaciones que la prensa hegemónica no suele publicar en otro momento, una real paradoja si se considera que se trata de un continente extenso y de enorme biodiversidad, además del más cercano a las costas de Sudamérica. Con una histórica relación que dejó huellas humanas y culturales que se expresa en la América morena de sus distintos países.
Quien puede desentrañar esos fuertes lazos culturales étnicos y sociales, a más de dos siglos de la diáspora esclavista de los millones de africanos que arribaron compulsivamente a nuestro continente, es el historiador africanista Omer Freixa. “Existió esa invisibilización del continente africano porque se estigmatizó, porque más de tres siglos de trata esclava transformó al negro africano en objeto de racismo, de burla, de incomprensión. Por esta cosmovisión occidental, el continente africano fue despreciado, infravalorado, saqueado”.
-Existe una idea desvalorizada de África.
-Es un continente de más de 45 países muy diversos. Como si el continente fuera una fuente de malas noticias, de hambre, de catástrofes ligadas a su inferioridad, al menoscabo de sus diversas culturas y realidades. En una idea de perpetua ayuda humanitaria de Occidente, negando el cúmulo de riquezas de un continente empobrecido y saqueado por largos siglos. Es una suerte de racismo negro-fóbico, que derivó en que más de 12 millones de africanos fueran víctimas de trata en su proceso de naturalización del esclavismo.

-¿Cómo se expresa esta realidad en clave futbolística?
-Las nuevas generaciones herederas de esos libertos que migraron a la Europa capitalista han crecido en barriadas de la periferia de las grandes urbes europeas y desde hace poco tiempo se incorporaron por sus virtudes atléticas y futbolísticas en las diversas selecciones de países que hegemonizan la actual globalización capitalista. A pesar de esta novedad, sólo en un caso, Qatar 2022, tan solo una selección, la de Marruecos, llegó a las semifinales.
-A la Argentina le tocó jugar con Cabo Verde. Y no fueron pocos los que descubrieron su existencia como archipiélago cercano a las costas de África y la relación histórica con Argentina.
-En 1450, los portugueses descubrieron el archipiélago y lo poblaron con habitantes de las costas del continente africano que eran secuestrados para sumar al mercado de esclavos en América del Sur. El archipiélago cumplió la función de lugar de concentración previa para el envío al subcontinente sudamericano. Además de haber sido una revelación en este Mundial, la relación de los caboverdianos en territorio argentino se remonta a fines del siglo XIX, en plena diáspora hacia América del Sur. Se afincaron en las zonas portuarias y, según el último censo, la colectividad supera los 5000, principalmente en Ensenada, Dock Sud y Mar del Plata.

-Otra escuadra que hizo un buen papel en su grupo fue la República Democrática del Congo. Parte de la prensa argentina destacó que en su hinchada había una suerte de estatua viviente vestida con un saco rojo.
-Representaba a un héroe de la lucha anti-colonial contra la colonización del Congo belga y el saqueo de las riquezas del Congo: Patrik Lumumba fue un primer ministro del gobierno revolucionario africanista que fue derrocado y secuestrado. En septiembre de 1960, tras solo diez semanas como primer ministro, Lumumba fue destituido por Joseph Kasa-Vubu en medio de una profunda crisis política. Investigaciones posteriores revelaron que tanto el gobierno de Bélgica como la CIA conspiraron de forma encubierta para eliminarlo, debido a su discurso nacionalista y sus acercamientos con la URSS en plena Guerra Fría. Bélgica pidió disculpas oficiales en 2002: una comisión parlamentaria que demostró su «responsabilidad moral». Su secuestro y asesinato fue para abortar cualquier intento independentista en África Central, ya que era un líder de mucha incidencia el África de fines de los ’50. El colonialismo belga, a través del rey Leopoldo, gobernó el Congo como una propiedad personal. Sus plantaciones de caucho sirvieron a la potente industria del neumático, propiciando un régimen de trabajo esclavista con castigos terribles, como la amputación de manos.
-El presente de Congo también es muy controvertido.
-Esta estatua viviente es una forma de denuncia sobre la actual situación en el Congo. En determinados momentos de los partidos, las cámaras mostraban cómo el actor que protagonizaba Lumunba se apuntaba como si tuviera un arma en la cabeza o se tapaba la boca, denunciando la situación en su país. Junto a la guerra en Sudán, son los dos conflictos más graves del continente africano.
-¿Cuál es la situación de Senegal, otro país colonizado por Francia?
-Senegal es un país democrático y se caracteriza por haber sufrido pocos golpes de Estado. Pero hay una situación de transición. En 2024 asumió un referente rupturista con la histórica relación con Francia. Y hace tan sólo dos meses hubo un quiebre por distintas miradas sobre el tratamiento y el pago de la deuda: el presidente echó al primer ministro y éste ahora lidera el Parlamento.
-¿Cómo es la relación con Argentina?
-Desde hace unos años se nota una inmigración particularmente de jóvenes, en el AMBA. Una migración de carácter económico. En muchos casos también son desplazados por cuestiones territoriales. Toman a nuestro país como país de tránsito, para facilitarse la llegada a los EE UU. Ahí están los perseguidos por el separatismo en Casamanza, al sur, liderado desde 1982 por el Movimiento de Fuerzas Democráticas. El conflicto dejó miles de minas antipersonales y graves incidentes fronterizos.
-Existir una larga historia de los esclavos africanos en el Río de la Plata.
-Un tema recurrente es el discurso en las élites, sobre que en Argentina no existen descendientes de origen africano. El último censo nacional mostró a más de 309 mil habitantes que afirmaron su origen como descendientes de africanos. No es una cuestión fenotípica: seguramente hay un universo mayor. Antes se crecía que había cerca de dos millones. Todavía estamos lejos de países como Colombia o Brasil, donde hay leyes que promueven la cátedra de etno-educación como obligatoria.