También es un enigma o misterio qué acordaron los jefes de Estado de Estados Unidos y China sobre la relación privilegiada que EE. UU. mantiene con Taiwán desde 1949.

Previo a su reciente visita a China, los medios estadounidenses informaron que el clan del presidente Donald Trump compró acciones en varias empresas cuyo valor bursátil creció espectacularmente con la distensión comercial propiciada por la cumbre entre el mandatario estadounidense y el líder Xi Jinping. Eso jurídicamente es usar información privilegiada para acrecentar su riqueza. Por algo semejante fue apresado hace meses un militar estadounidense que, en una casa de apuestas sobre geopolítica, apostó a favor de que Nicolás Maduro sería depuesto cuando él era partícipe del operativo que iba a secuestrar a Maduro en Caracas.
También es un enigma o misterio qué acordaron los jefes de Estado de Estados Unidos y China sobre la relación privilegiada que EE. UU. mantiene con Taiwán desde 1949. Al respecto hay dos episodios singulares ocurridos antes y después de la cumbre. Antes del viaje del presidente estadounidense a Beijing, la jefa del partido Kuomintang —creado por Chiang Kai-shek, quien dirigió por décadas el gobierno de Taiwán— visitó Beijing para reafirmar que Taiwán es parte de China históricamente y que su partido rechaza los intentos soberanistas e independentistas de ciertos políticos taiwaneses. Después de su retorno de Beijing, Trump declaró que Taiwán había robado a Estados Unidos la industria de semiconductores, en la cual la isla asiática es uno de los líderes mundiales. ¿Es esa declaración, que causó estupor en Taipéi, una forma de distanciarse de Taiwán o es solo un exabrupto del presidente Trump?
El sistema ruso Sarmat, probado con éxito en este mes de mayo, es el elemento troncal de la tríada nuclear de Rusia con submarinos Poseidón y bombarderos. Su alcance puede ser de 18 mil kilómetros por vía normal o de 35 mil kilómetros en trayectoria suborbital, con maniobrabilidad para cambiar de ruta, eludiendo cualquier escudo antimisiles. Con el Oreshnik y el Burevestnik conforman el dispositivo nuclear más poderoso del mundo. ¿El enigma o misterio es si Estados Unidos, en la presidencia de Trump, volverá a los acuerdos de estabilidad estratégica nuclear, desaprensivamente abandonados en 2026 ante tal realidad de superioridad estratégico-tecnológica rusa en el área nuclear?
Otro enigma o misterio que debe esclarecerse es el de las muertes o desapariciones de varios científicos estadounidenses vinculados al área nuclear y espacial. Al respecto, el legislador republicano Eric Burlison calificó de «demasiada coincidencia» el hecho de que, en los últimos años, una decena de científicos vinculados a secretos nucleares o espaciales de EE. UU. desaparecieran o fueran encontrados muertos en extrañas circunstancias. El legislador republicano exige que el FBI y la Secretaría de Guerra esclarezcan definitivamente estos enigmas que pueden volverse misterios nunca esclarecidos, como la muerte del presidente John F. Kennedy en el siglo XX. Así lo demanda también la comunidad científica estadounidense e internacional.
Otro enigma o misterio que deberá esclarecerse en 2026 es el de los biolaboratorios para la creación de patógenos utilizables en una guerra biológica que el Estado profundo o Deep State ha estado financiando en Ucrania y otros países, aparentemente sin autorización del presidente Trump, y que investigaba la jefa de Inteligencia Nacional, Tulsi Gabbard, quien acaba de renunciar porque su esposo ha sido diagnosticado con cáncer. El periodista Valentín Bogdánov indica que la investigación estadounidense sobre los biolaboratorios en Ucrania puede ejercer presión sobre Volodímir Zelenski y sobre sus protectores dentro del pantano de Washington.
Esos biolaboratorios instalados en Ucrania y otros países estarían financiados por el Pentágono y por aportes privados de fundaciones demócratas como las del magnate George Soros y los esposos Bill y Hillary Clinton. El escándalo no fue pequeño, al punto que una funcionaria del gobierno del expresidente Joe Biden, la rusófoba Victoria Nuland, expresó ante el Congreso de EEUU que le preocupaba que las tropas rusas se apropiaran de esos laboratorios en Ucrania. Al respecto hay muchos enigmas que pueden volverse misterios. El primero es si la renuncia de Gabbard a su cargo de jefa de la Inteligencia Nacional no es otra de las «demasiadas coincidencias» aludidas por el legislador Burlison en el caso de las muertes y desapariciones de científicos nucleares y espaciales.
Hay más enigmas o misterios que tendrán que esclarecerse en 2026. Como por qué Estados Unidos no envía las pruebas contra los funcionarios morenistas de Sinaloa cuya prisión urgente reclama con fines de extradición. O por qué casi trescientos pedidos de prisión de políticos mexicanos con fines de extradición, solicitados desde el último año del gobernante priista Enrique Peña Nieto, no han sido satisfechos por Estados Unidos, violando varios principios de colaboración binacional y de reciprocidad.
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