Es el dueño del Elche, dirigido por Almirón, que hoy recibe al Barcelona, sin Messi. Su proyecto en Colombia.

El 3 de diciembre se cumplió un año de la compra de Bragarnik al Elche, que nunca había sido manejado por capitales extranjeros. En ocho meses subió a Primera División: se aseguró el último lugar en los playoffs después de que Fuenlabrada perdiera ante Deportivo La Coruña un partido reprogramado a pesar de que Fuenlabrada había viajado con conocimiento de futbolistas con coronavirus. Después, Bragarnik echó a Pacheta, el entrenador que ascendió con el quinto presupuesto más bajo de la categoría. Rebajó el capital social de 25 millones a 300 mil euros y canceló la deuda con el fisco, en gran medida a partir de los ingresos de la TV en la Liga (45 millones de euros). “Christian Bragarnik es una persona normal. Un soñador que busca dejar su sello en este club”, le dijo Bragarnik al canal oficial del Elche. “No se ha presentado todavía ante la opinión pública –escribió J. A. Galvañ en el diario Información–. Los aficionados no conocen ni su voz. No ha ofrecido ninguna rueda de prensa para presentar su proyecto a los seguidores”. En 17 fechas, el Elche suma 17 puntos y se ubica en la zona de descenso de la Liga. ¿Puede un representante de futbolistas ser, al mismo tiempo, dueño de un club de fútbol? FIFA hoy no lo prohíbe, aunque estudia una serie de incompatibilidades para aplicar a futuro. Como esa.
En diciembre, el diario El Tiempo, de Colombia, publicó que Bragarnik “tiene muy adelantada” la compra de Deportivo Independiente Medellín. El año pasado, la actual dirigencia de Boca denunció en la Justicia a Angelici por el pago de comisiones irregulares en el pase de Benedetto a Olympique de Marsella. Según Bragarnik, Benedetto –y Gustavo Bou– fueron socios en la compra del Elche. En el equipo de Almirón juegan los argentinos Diego Rodríguez, Juan Sánchez Miño, Iván Marcone, Emiliano Rigoni, Lucas Boyé y Guido Carrillo. Llegaron con Bragarnik ya como dueño del Elche. En 2010, Marcone, su representado, jugaba en Arsenal de Sarandí, el club del que salió. En una página web de transferencias de futbolistas apareció la noticia: Bayer Leverkusen y Atlético Madrid estaban interesados en Marcone. Un periodista rastreó quién era el representante: Bragarnik. Lo llamó. “Nah, no le des bola –le respondió–. Les tiro unos pesos a la página para que me suba la cotización del jugador”. Más de una década después, Marcone juega en la Liga de España, en el club de Bragarnik. No podrá marcar a Messi, pero alguna vez se dio el gusto en el predio de la AFA, cuando fue convocado a la Selección en 2017, aunque apenas jugó un partido, en 2019.
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