Europa en disonancia cognitiva

Por: Eric Calcagno

El drama del viejo mundo es que la amenaza no está afuera, allá en el este, sino en la propia disfuncionalidad de las instituciones europeas.

La “disonancia cognitiva” es un concepto que debemos desde 1957 a Leon Festinger. “La cognición”, escribe este psicólogo norteamericano, “es el conocimiento, opinión o creencia sobre el ambiente, sobre uno mismo o sobre la propia conducta”. Como fumar provoca cáncer, la persona que abandona el tabaquismo tiene una “consonancia cognitiva”. La conducta es coherente con el conocimiento. Lo interesante es cuando una persona fuma y sabe el riesgo que corre. La contradicción entre el saber y el hacer es la “disonancia cognitiva”. Esta contradicción implica que el sujeto cambie de opinión o de creencia, de tal modo que justifique la acción. “Mi abuelo fumaba y falleció muy viejo”, “peor es el estrés de no fumar” e incluso “exageran”. Tal contradicción que habita la psiquis adquiere nuevas formas al considerar similares situaciones sociales. Una evidencia científica como el calentamiento global es negado por partidarios de los combustibles fósiles ya que “ahora hace más frió que antes”, “todo estudio es discutible” y “la economía verde traerá miseria”. En esa perspectiva, proponemos considerar la “disonancia cognitiva” que transita Europa occidental en el campo político. Veamos.

En nombre de la democracia, uno de los pilares de la construcción europea de posguerra, apoyaron el golpe del Maidan en Kiev contra un gobierno electo, aunque proruso; mandaron anular elecciones presidenciales en Rumania, donde ganaba un candidato adverso a Bruselas, so pretexto que una campaña en TikTok y Telegram orquestada desde Moscú influenciaba a los votantes; amañaron hace poco las parlamentarias en Moldavia para asegurar una administración proeuropea. El desprecio hacia el sufragio universal cuando no corresponde a los designios de las elites occidentales es un disonancia cognitiva, por eso hay que apelar a un argumento tal como pensar que la democracia es el gobierno de los democráticos aunque sean minoría. El problema es extender esa disonancia al conjunto del cuerpo social, algo que sólo es posible con la participación de los medios masivos de comunicación. ¡Rusia! ¡He ahí al enemigo!

De hecho siempre lo fue, antes incluso del asunto ucraniano. De allí que la construcción de un peligro inminente en las fronteras mismas del “jardín” (como se dijo), era necesaria primero para justificar la existencia de la OTAN, luego para ofrecer un simulacro de proyecto, siempre para excusar el austericidio provocado y promovido desde el Banco Central Europeo. Como parece que las promesas de redención social después del ajuste económico ya es una disonancia cognitiva noventista pasada de moda, Europa se pone en pie de guerra. Frente a tal amenaza, las sacrosantas reglas de la estabilidad y de la convergencia, de la inflación y de los presupuestos equilibrados vuelan por los aires con la bendición del BCE. Si bien no hubo fondos para atender las necesidades sociales en nombre del ajuste, ni hubo piedad con los deudores -como Grecia- en nombre del Euro, es el momento de liberar el cuerno de la abundancia para el rearme contra la Federación de Rusia. ¡Y fijar como nueva meta indiscutible el 5% del PBI en gastos de defensa que reclama la OTAN! Un análisis del diario del Ejército Popular de Liberación de China sobre el tema, sostiene que toda partida presupuestaria puede ser reasignada en nombre del esfuerzo de guerra. Así sucede con el fondo de cohesión europeo, dedicado hasta ahora al medioambiente, el transporte y la asistencia técnica, que deberá reorientar el gasto a la investigación en defensa. También señala las facilidades que se darán a inversores de largo plazo y fondos de pensión para que puedan financiar el rearme. Otra de las exigencias es la participación del capital privado en el rearme. Eso ya está: Rehinmetall, la principal empresa de armamento de Alemania, es propiedad de BlackRock, Bank of America, Goldman Sachs y Capital Group Companies, entre otros. Los Estados Unidos también impusieron a Europa la compra de material bélico para el fortalecimiento militar y la asistencia a Ucrania. Todo estará listo para afrentar la amenaza rusa… que no existe. Vaya disonancia cognitiva.

Pues el conocimiento de la opinión rusa dista mucho del ensanche de las fronteras de la Federación, cual si fuera la Unión Soviética. Bien por el contrario, los objetivos de la “operación militar especial” fueron fijados desde el principio: desarme, neutralidad y desnazificación de Ucrania. Ninguna amenaza sobre los enclaves bálticos de la OTAN, ni sobre Polonia, ni Finlandia ni sobre ningún otro país, lo que da por tierra la “teoría de los dominós”. La ventaja de los rusos es que actúan sobre la consonancia cognitiva, lo que siempre fortalece la posición política. Mientras tanto, dice el diario L’Humanité, los productores franceses de trigo ven el mercado nacional inundado por un cereal ucraniano que cuesta 40% menos, mientras que el costo de tonelada vale un 20% más por la pérdida de los fertilizantes rusos. Del mismo modo, eliminar la “prudencia presupuestaria” en aras de la guerra preanuncia déficits fiscales que serán imposibles de refinanciar a causa del Euro. El drama del viejo mundo es que la amenaza no está afuera, allá en el este, sino en la propia disfuncionalidad de las instituciones europeas. Pero la magia de la disonancia cognitiva permite creerle a los propios prejuicios que sustentan esquemas de poder e impiden cambios antes que prestar atención a los hechos de la realidad.

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