Se trata de Juan Orlando Hernández. Fue el heredero de la élite que derrocó a Zelaya en 2009.

Según la fiscalía, el expresidente creó un narcoestado durante su presidencia (2014-2022) y convirtió a su país en una «superautopista» por donde pasaba buena parte de la droga procedente de Colombia con destino a Estados Unidos. En ese lapso controló todos los resortes de la política hondureña como heredero de la élite que había derrocado al presidente constitucional Manuel Zelaya en junio de 2009. Entre las razones esgrimidas para voltearlo estaba su intento de poner una urna en un comicio para que la ciudadanía decidiera si aceptaba una reforma constitucional.
El argumento de los golpistas era que quería una reelección, que no estaba permitida. «JOH», como se lo conoce, hizo una reforma y fue reelegido sin ninguna convocatoria democrática. Finalmente, debió entregar al poder a la ganadora de los comicios por su sucesión, Xiomara Castro, esposa de Zelaya.
El exmandatario «tuvo todas las oportunidades para ser una fuerza del bien en Honduras, en cambio, eligió abusar del poder y del país para su propio beneficio», dijo en su alegato el fiscal de la corte, Damian Williams. JOH sigue los pasos de su hermano Tony Hernández y de Geovanny Fuentes, un estrecho colaborador de éste, que cumplen cadena perpetua en Estados Unidos. Otros condenados por el mismo delito son Fabio Lobo, hijo del expresidente Porfirio Lobo (2010-2014), y el diputado Fredy Renán Nájera. El juez todavía no le puso un número a la condena.
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