Fabricio Tocco: “Mi novela tiene autobiografía y también ficción”

Por: Mónica López Ocón

El escritor argentino que reside en Australia publicó recientemente Parece diciembre, una novela que cuenta su propia experiencia de desarraigo cuando, siendo un adolescente, la crisis de 2001 hizo que su familia se radicara en Europa.

Fabricio Tocco es escritor, músico y docente en la Australian National University. En 2001, cuando era un adolescente, la situación social y política de la Argentina, país en el que nació, llevó a su familia a radicarse en Europa y a no regresar.

Actualmente Tocco vive en Australia y como si la lejanía fuera más un estímulo que un impedimento, luego de publicar varios ensayos, debutó en la ficción con una novela, Parece diciembre (Equidistancias), en la que habla, precisamente, de ese hecho traumático que lo llevó a perder su mundo, a tener que adaptarse a otro y a padecer el sufrimiento que implica el desarraigo.

Escribir esta novela fue una forma de exorcizar los fantasmas del exilio, pero no fue sólo eso sino también una forma de homenajear a escritores argentinos como Manuel Puig y Ricardo Piglia y a la lengua en que escribieron, que es la lengua en que también escribe Tocco, el castellano argentino, una marca de identidad resistente a los avatares de la ausencia, el tiempo, la distancia y las catástrofes sociales y políticas que periódicamente sacuden al país.

Para Piero, el personaje principal de Parece diciembre, que admite ser leído como un alter ego del autor, su tabla de salvación es la música, el tango, género de una influencia manifiesta sobre el rock nacional. A pesar de tener el papel protagónico en la novela, nunca narra de manera directa sino que es narrado por otros. La pérdida y el desarraigo son ejes fundamente de Parece diciembre, que el autor sufrió en carne propia.

Fabricio Tocco

–¿Cómo surgió esta novela que intuyo que debe de tener algo de autobiográfico?

–Sí, tiene mucho de autobiográfico y surgió como me parece que surgen muchos textos de ese tipo, es decir, como una necesidad entre existencial y catártica de contar una historia personal. Fue una forma de retratar y lidiar con una situación traumática personal, familiar y también nacional. Pero después, a medida que fue avanzando y creciendo el texto, nació en mí la intención de ir más allá de lo personal. Empecé a escribirla hace más de 20 años, en 2005, y la abandoné y la retomé a lo largo del tiempo. Pero comencé a dedicarle más tiempo en los últimos años.

–¿Hubo algún hecho específico, especial, que te disparara esta novela?

–No sé si podría señalar un hecho puntual, pero sí una necesidad muy fuerte de procesar a través de la literatura todo lo que había pasado. Por eso, al mismo tiempo que tiene mucho de autobiográfico, mucha historia personal, también tiene mucha ficción y hay personajes que son condensaciones de personas distintas.

–¿Elegiste a priori la forma narrativa o fuiste elegido por ella? Te lo pregunto porque Parece diciembre tiene una forma bastante compleja, sobre todo para una primera novela. En ella narran muchas voces cuando lo más sencillo hubiera sido narrarla en tercera o en primera persona.

–Siempre la pensé de esa manera y fue una forma deliberada para ir en contra cierta literatura del yo que tiene para mí un valor demasiado testimonial y demasiado memorialístico. Las memorias personales dejan de lado aspectos de la literatura que me parece importante reivindicar. Por ejemplo, el juego con el lenguaje, con las palabras, el juego con la imaginación. Si uno se aboca a contar su historia desde su propia perspectiva, a seguir los hechos y a narrarlos tal como sucedieron, a registrar sólo lo autobiográfico, se pierden muchas cosas que me parece que es una picardía que se pierdan.

En el acápite del primer capítulo hay una frase de Ricardo Piglia tomada de Los diarios de Emilio Renzi que dice: “En este país la política incide directamente sobre la vida íntima” y creo que eso está presente en la novela.

–Sí, y Piglia está hablando de su propia experiencia como adolescente en Adrogué cuando tenía 16 años, a final de los ’50, después de la Revolución Libertadora, cuando derrocan a Perón. Su papá era peronista y por culpa de la Revolución Libertadora, toda la familia tiene que irse del lugar en el que vive. Entonces se trasladan de Adrogué a Mar de Planta. Él habla de cómo esa situación política, el golpe de Estado y la dictadura modifican su vida.

Él quería seguir viviendo en Buenos Aires, pero por todo eso se tuvo que mudar. Me parecía interesante sacar de contexto esa frase y llevarla a un tiempo completamente distinto, como fue el 2001 que es otro momento histórico y otro contexto político. El protagonista de mi novela tiene 16 años y por esas circunstancias políticas y económicas también se tiene que ir.

Yo me tuve que ir, no sólo de mi ciudad, sino de mi país por una decisión paterna y también yo era adolescente en ese momento. La novela trata de mostrar esa situación y la forma en la que incide en los distintos personajes. Por ejemplo, Chiara, la hermana de Piero, puede permitirse explorar su sexualidad, su homosexualidad, cosa que quizá, si se hubiera quedado en una familia de clase media en el Conurbano Bonaerense, le habría sido más difícil. Es decir que, muchas veces, la política que incide en la vida personal tiene efectos positivos, inesperados o no del todo negativos.

–La novela habla también de la identidad y el desarraigo. Piero es un chico que escucha tango, que no es una música muy propia de su generación. Sin embargo, encuentra en ella algo a qué aferrarse porque tiene un fuerte rasgo de identidad porteña.

–Sí. La exploración por el lado del tango surgió de algo que me pasó a mí personalmente en esa época. Yo empecé a escuchar mucho tango y a descubrirlo en la adolescencia. Me llamaban la atención, sobre todo, sus letras. Hablaban de la nostalgia por Buenos Aires. Eran letras escritas en los años treinta, en los años cuarenta, en otro contexto histórico del país.

Y un poco a raíz de las distintas entrevistas que tengo por la promoción de la novela, entendí la razón de ser de esa nostalgia. Esas letras pertenecían a tangueros que muchas veces viajaban a París o a otros países de Europa a vivir una vida bohemia y escribían sobre cómo estaban en Argentina. Pienso, por ejemplo en Anclado en París, o en Volver y en tantos otros tangos.

–¿Y qué era lo que te llamaba la atención de esos tangos?

–Digamos que había algo fuera de contexto. Porque para mí, para mí y para mucha gente que emigró en 2001 esas letras significaban otra cosa. Por eso, el personaje de Piero encuentra en el tango una forma de aferrarse a algo en un mundo muy cambiante, muy dinámico, con desplazamientos, con migraciones, etcétera. Entonces el tango se transforma en una forma de pertenencia.

–Además de escritor, también sos músico, por lo que creo que esa vivencia debe de haber sido una vivencia tuya.

–Exactamente, sí. La novela tiene mucha música. En el capítulo que se llama “El eco del ruso”, aparece una especie de explicación de cómo un adolescente del conurbano en 2001 llega al tango un poco a través del rock nacional. Por eso está en la tapa de la novela la portada del disco de Fito Páez Giros. Hay una conexión entre el rock nacional y el tango. Sí, la música está muy presente en la novela. Hay muchas letras de canciones incorporadas de forma más o menos sutil. A veces, aparecen claramente y otras veces están más incorporadas al discurso de los personajes.

Creo que esto tiene que ver con que soy músico y también con que en la historia que narra la novela la música es lo que lleva a Piero a transformarse. En los años noventa todo sonaba mejor en inglés y no digo que eso se haya terminado, pero en 2001 hubo un regreso a lo nacional. Surgió, por ejemplo, el tango electrónico y hubo también un regreso al folklore que se está viviendo también ahora, por ejemplo, con Milo J. Hubo una toma de conciencia de los valores de la música nacional y de que no todo tiene que estar en inglés.

Creo que hoy, tanto en la música como en la literatura, los géneros son más porosos, más permeables. 

–Totalmente de acuerdo.

–¿Y el personaje de Piero cómo surgió?

–Está un poco inspirado en dos novelas. Una es Boquitas pintadas de Manuel Puig, aunque en esa novela el personaje principal, Juan Carlos Etchepare, es muy distinto a Piero. Lo que tienen en común es que Etchepare nunca aparece narrando de manera directa. Lo escuchamos a través de las notas de su agenda y de cosas que son graciosas como sus faltas de ortografía y su ironía, pero no hay un capítulo narrado por él. Esa idea me sedujo mucho. Está conectada con la estructura coral de la novela de la que hablamos antes y me parecía que cuadraba mucho con lo que yo quería hacer.

La otra novela es de John Maxwell Coetzee, que es la última parte de su trilogía autobiográfica. Él juega con la idea de que su alter ego, que se llama como él, está muerto y hay como un periodista biógrafo que entrevista a diferentes personas que lo conocieron para que hablen de él. Me gustó ese personaje un poco esquivo, que conocemos sólo por lo que dicen de él los entrevistados. Por supuesto que Piero también está inspirado en Emilio Renzi.

–Creo que en eso hay una búsqueda no esencialista de la identidad porque uno es muchas personas a la vez y también es lo que dicen los demás que uno es.

–Sí, la identidad no es una sustancia nítida, sino que es algo relacional porque se define en la relación con los demás.

Despedida sin duelo

–Supongo que luego de trabajar tantos años en la novela te debe de haber costado despedirte de ella luego de su publicación.

–No fue fácil, pero no lo viví como un duelo ni nada por el estilo, lo viví como algo muy positivo porque durante mucho tiempo pensé que no se iba a publicar nunca, que no iba a encontrar un editor que la quisiera publicar porque hace mucho que me fui de Argentina y hace 10 años vivo en países de habla inglesa. Estaba muy complicado por la distancia, a pesar de que tenemos la impresión de que nos comunicamos por internet fácilmente con todo el mundo, las relaciones personales y la cercanía siguen teniendo un gran peso. Pero Equidistancias resultó un lugar ideal porque es una editorial que se está especializa en publicar a autores que escriben en castellano fuera de su país de origen.

Una novela muy argentina

¿Qué se siente publicar un libro que tiene tanto que ver con Argentina fuera de Argentina? Quizá no puedas hablar de eso con la gente que frecuentás en tu trabajo.

–Por suerte tengo el privilegio de ser profesor de Literatura en la universidad, en el Departamento de Literatura Latinoamericana, entonces sí tengo esa posibilidad.

Por ejemplo, presenté la novela acá, en Canberra. En Australia la presentación fue en inglés, pero el colega que la presentó es chileno- australiano, por lo que la leyó en castellano y la pudo presentar en inglés y compartirla con gente que no necesariamente entiende castellano. Como en todos los países de habla inglesa, hay una comunidad de latinos, por los que también la presenté en Sidney y en Melbourne. Estuvieron presentes lectores argentinos y de otros países latinoamericanos y también lectores japoneses. La novela sobre todo se está difundiendo mucho en Argentina, creo que un poco por el tema que aborda y me parece que tiene sentido que sea así.

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