Andrea Mereles, viuda de un suboficial, afirma que hará todo lo posible para que el espionaje macrista a los familiares no quede impune.

“Siempre tuve la sospecha de que éramos espiadas, pero verlo así tan claro es muy fuerte”, insiste la viuda de uno de los dos cocineros que iban en el submarino. “Una de las preguntas que le adelantaron a Macri era la que iba a hacerle yo, no tengo dudas. Cuando escuché a (Cristina) Caamaño lo reconocí, y lo mismo piensan otros familiares que estuvieron en el encuentro y recordaron esas charlas previas”.
Andrea menciona varios episodios en los que se sintió perseguida por extraños. Por ejemplo, cuando se encadenó junto a otros familiares en Plaza de Mayo para que los atendieran los funcionarios. “Se acercaron un par de personajes, supuestamente siempre de parte de otro familiar, pero cuando averiguábamos, no era así. Decían que venían a solidarizarse, pero en realidad nos sacaban información. Llegué a sacarles fotos. A veces eran muy obvios. Lo mismo en la Base Naval”.
“Una de las cosas que más me indigna es que persiguieran a mi suegra, Luisa Rodríguez. Ella vive en San Juan y un vecino le comentó que todos los días, cuando ella salía a trabajar a las 7 de la mañana, un auto la esperaba en la esquina y la seguía”, dice Andrea, a quien inexplicablemente se le fueron rompiendo varios celulares, a ella y a sus contactos en grupos de WhatsApp.
“Ya le dije a Luis Tagliapietra –uno de los abogados querellantes y padre de una de las víctimas– que hagamos todo lo que esté a nuestro alcance para que esto no quede impune”, concluye Andrea. «
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