G20: Argentina no podrá ser el ‘mediador honesto’ que Macri quiere

Por: Randy Stagnaro

El presidente quiere presentar al país como una potencia, pero en realidad no tiene capacidad real entre las potencias por su escaso peso comercial mundial.

El balance de la primera reunión de ministros de Finanzas y gobernadores de bancos centrales del G20 realizado en Buenos Aires dejó saldos contrapuestos. Mientras que en el gobierno nacional había satisfacción por la forma como discurrió el evento –con escasos contratiempos-, para ciertos analistas el contenido de la reunión fue escaso y dejó en claro que las autoridades nacionales no tienen el peso suficiente como para ejercer sus buenos oficios en el enfrentamiento actual entre potencias.

El martes 20 había satisfacción entre los funcionarios presentes en el Centro de Exposiciones, ubicado al lado de la Facultad de Derecho de la UBA, porque la organización había funcionado sin problemas, salvo detalles menores.

Había especial complacencia con la respuesta de los más de 150 periodistas acreditados para cubrir el evento y pertenecientes a los más diversos medios nacionales y extranjeros. “Ninguno se quejó”, fue el comentario que eligió uno de los hombres de Hacienda.

Pero a la hora de balancear el rol de la Argentina en el resultado de los debates, las sonrisas cómplices desaparecieron.

“La Argentina se ofrece como un mediador honesto en las discusiones internacionales sobre comercio”, propuso el presidente Mauricio Macri a los representantes de las 20 naciones agrupadas en el G-20, muchas de ellas de las más poderosas del globo.

El problema con esa oferta es que “la Argentina no tiene capacidad real para mediar entre potencias, no sólo por su escaso peso en el comercio mundial sino también por la forma como interviene en él”, dijo a Tiempo una fuente argentina presente durante los debates.

“El país participa de pocos acuerdos y bloques comerciales y sí tiene conflictos comerciales con varios países y bloques”, agregó.

A ello se le puede agregar que el nivel de tensión en el comercio mundial supera con creces la capacidad mediadora de cualquier país. Mientras se desarrollaba la cumbre del G20 Washington ratificó que implementaría nuevas barreras arancelarias dirigidas específicamente contra China y que alcanzarían a importaciones por U$S 60.000 millones anuales en equipos de telecomunicaciones y tecnológicos.

En tanto, el viernes 23 entrarán en vigor las nuevas alícuotas tarifarias de los EEUU a sus importaciones de aluminio y acero, del 10% y el 25% respectivamente.

Que la propuesta presidencial cayó en saco roto se demostró inmediatamente después de la conferencia de prensa que ofrecieron Nicolás Dujovne y Federico Sturzenegger (titulares del Ministerio de Hacienda y el Banco Central, respectivamente) y que hizo las veces de cierre oficial de la reunión.

En el mismo salón que emplearon las autoridades argentinas, el secretario del Tesoro de EEUU, Steve Mnuchin, parafraseó al presidente Donald Trump para advertir que “no nos asusta” una guerra comercial y que el objetivo de la administración Trump es lograr “reciprocidad”.

La mediación en los conflictos comerciales está en la actualidad institucionalizada en los paneles de expertos para la solución de diferencias de la Organización Mundial de Comercio (OMC). Pero se tratan, justamente, de las instancias específicas de la OMC que el gobierno de Trump ha resuelto ignorar para no someterse a eventuales resultados negativos ante reclamos por su política de tarifas aduaneras.

El rol que el gobierno de Cambiemos quiere darle a la Argentina ante estas controversias comerciales se puede ver también en la confección de la declaración final del encuentro realizado en Buenos Aires entre el lunes 19 y el martes 20.

En uno de sus párrafos más importantes, el que refiere a la política que debe seguir el G20 ante la evolución del comercio mundial, se evitó hacer cualquier mención al proteccionismo siquiera en forma conceptual, a la suba de tarifas aduaneras o al empleo creciente de barreras paraarancelarias. Por el contrario, se optó por hacer copy-paste de la declaración de Hamburgo, de 2017, y cuya confección implicó una acalorada discusión.

“Se mantuvo el lenguaje de Hamburgo, de rechazo a las devaluaciones competitivas y de reconocimiento del rol del comercio en el crecimiento, la productividad, la innovación, la creación de empleo y el desarrollo”, dijo Dujovne ante la prensa.

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