Carlos Belloso: el método con el que dirige actores, las risas que disparan preguntas y el juicio político a Milei que no fue

Por: Nicolás Peralta

El actor combina el éxito de "Casual" con la audacia de "Por amar a Mara", la obra que dirige y en la que explora el humor absurdo. También habla de la brutal caída de la producción audiovisual, el clima social y la obsesión contemporánea por las soluciones mágicas.

El ensayo todavía no empezó, pero Carlos Belloso ya está dirigiendo. Camina por la sala, prueba una entrada, corrige una pausa, cambia una mirada por un silencio y vuelve sobre una escena que apenas dura unos segundos. No levanta la voz. Tampoco necesita grandes discursos. Una palabra, un gesto con la mano o una sonrisa alcanzan para que los actores entiendan hacia dónde quiere ir. Desde afuera parece un trabajo de relojería. Desde adentro, él prefiere compararlo con otra disciplina mucho menos precisa: la pintura.

Belloso habla de colores. Cada actor, dice, llega con una sensibilidad distinta, con una manera particular de respirar un texto, de mover el cuerpo o de sostener una emoción. Su tarea consiste en combinar todos esos matices hasta encontrar una imagen. «Yo trabajo como pintor. Los actores me van dando colores con su emocionalidad, con su gestualidad, con sus acciones. Con todo eso voy armando algo que primero existe en mi cabeza y que después empieza a aparecer en escena. Cuando siento que el cuadro está terminado, ya no hay que agregar nada más porque lo arruinás».

Esa es la forma de entender el teatro que el actor y director fue construyendo durante décadas, desde aquellos años en el under porteño hasta hoy. Nunca dejó de moverse entre esos mundos. “Siempre tengo un pie en la avenida Corrientes, otro en el circuito independiente y otro, siempre, en el off. No solo porque cada espacio ofrece posibilidades diferentes, sino porque así logro la libertad que me empujó a elegir este oficio”.


Ese recorrido explica, en parte, por qué aceptó dirigir Por amar a Mara, la comedia dramática escrita por Diego Carreño que llegará al circuito alternativo con una historia tan absurda como inquietante. La trama parte de una situación reconocible: una pareja atraviesa una crisis y decide recurrir a una terapia para salvar la relación. Es un método que utiliza descargas eléctricas para modificar las respuestas emocionales de los pacientes. El tratamiento promete orden, pero termina liberando un caos: aparecen viejos dolores, deseos escondidos y verdades incómodas.
Cuando Carreño le acercó el texto, sintió una identificación inmediata: «Tiene un humor absurdo, muy al borde de la esquizofrenia. El público se ríe muchísimo, pero al mismo tiempo hay algo que incomoda. Eso me interesa. La risa sola no alcanza, el teatro también tiene que despertar preguntas. Al menos eso es lo que a mí me gusta».

La obra habla de vínculos, de heridas y de la necesidad casi desesperada de encontrar respuestas rápidas para problemas que nunca fueron simples. Belloso reconoce allí una conexión con el presente. Le preocupa la cantidad de gurúes emocionales que proliferan en las redes sociales ofreciendo soluciones instantáneas para cualquier conflicto humano. “Terminamos depositando allí una confianza excesiva, pero detrás siempre existe un negocio”. Por eso Por amar a Mara funciona como una sátira de época. «Todo empieza siendo una idea que, escuchada rápidamente, hasta parece razonable. Después se va descontrolando y termina convirtiéndose en un cóctel de emociones completamente desopilante».

No hay grandes artificios técnicos ni escenografías monumentales. Belloso prefiere una estructura austera donde el peso recaiga sobre los actores. Es una decisión estética, pero también una declaración de principios. Desde sus primeros trabajos aprendió que un escenario casi vacío puede contener un universo entero si quienes lo habitan logran construir verdad.
Esa búsqueda encontró un elenco dispuesto a entregarse al juego: Diego Carreño, Claudio Martínez Bel, Micaela Pegaso, Julián Ponce Campos y Lucas Juan Reich. «Me permiten hilar muy fino. Puedo detenerme en un detalle mínimo, pedir una variación de ritmo o un cambio de intención y enseguida aparece. Eso es un lujo», revela.


Belloso también disfruta el presente de Casual, la comedia dirigida por Pablo Fábregas que comparte con Diego Gentile, Malena Guinzburg, Micaela Pegaso y Claudio Martínez Bel. La invitación llegó de una manera poco habitual. Ni siquiera había leído el texto cuando aceptó participar. Le bastó enterarse de que Diego Gentile estaba en el elenco. Después de tantos años de profesión, explica, también importa saber con quién se compartirán los meses de ensayo, las giras y las funciones: «Hay un momento en la carrera en el que uno también elige pasarla bien. Con Diego nos entendemos a la perfección haciendo comedia, así que acepté antes de leer el libro».

Cuando finalmente recibió el libreto terminó de convencerse. La historia le pareció un disparate irresistible. Todo ocurre en la sala de espera de un sanatorio. Una mujer permanece internada en coma y sus amigos descubren que está embarazada. Como nadie sabe quién puede ser el padre, deciden revisar su teléfono celular y comienza una investigación delirante que transforma la espera en una sucesión de situaciones absurdas. Belloso interpreta al jefe de la mujer internada. Un hombre conservador que parece preocupado por la salud de su empleada, aunque en realidad persigue un objetivo mucho más terrenal: recuperar las contraseñas de sus cuentas, que solo ella conoce.

“La mezquindad inicial del personaje se va resquebrajando a medida que la historia avanza y termina exponiendo zonas íntimas que jamás hubiera querido mostrar”, asegura.

Eso, precisamente, es lo que más le gusta de la obra. Detrás de la carcajada aparecen personajes profundamente reconocibles. El empresario conservador, la mujer que habla en lenguaje inclusivo, el vendedor capaz de ofrecer cualquier cosa, la médica, los oportunistas. Todos responden a tipos urbanos muy argentinos. «La gente se ríe porque los identifica enseguida. Son personajes muy porteños».

«Pensaba que el juicio político a Milei llegaría pronto. Pero no. La verdad que no lo puedo entender».
Foto: Antonio Becerra


En tiempos en que la cartelera comercial está dominada por franquicias internacionales y grandes musicales, Belloso celebra que todavía existan productores dispuestos a apostar por textos nacionales: “Competimos con espectáculos enormes, con títulos que vienen de afuera. Nosotros ofrecemos una obra argentina, con personajes argentinos y problemas que cualquiera reconoce. Creo que eso también explica por qué el público conecta tanto».

La comedia, insiste, tiene una potencia que muchas veces se subestima. Baja las defensas del espectador y le permite mirar de otra manera temas incómodos. En Casual aparecen las aplicaciones, los prejuicios, la intimidad digital y la falsa idea de que realmente conocemos a quienes tenemos al lado. «Uno cree que sabe todo del otro hasta que abre un teléfono celular. Ahí empiezan las sorpresas».

El teatro sigue siendo el lugar donde encuentra refugio, pero también un observatorio privilegiado para entender lo que ocurre afuera. Basta caminar unas cuadras por Buenos Aires para advertir un fenómeno que se repite en casi todas las salas: cada vez hay más actores buscando un espacio donde trabajar. No es casualidad. Para él, “el escenario volvió a convertirse en un espacio de contención para una profesión golpeada por la desaparición de buena parte de la ficción audiovisual argentina”.

Donde antes convivían producciones televisivas, películas y series, hoy predominan proyectos esporádicos. “Las plataformas generan contenidos, pero muy lejos del volumen que alguna vez sostuvieron los canales de aire. Aquella industria que ofrecía trabajo constante prácticamente desapareció. Llega un momento en que uno dice: ‘No importa cuánto paguen, necesito trabajar’. Y eso también tiene su costado peligroso».


A esa realidad se suma otra preocupación: el desfinanciamiento del cine argentino. El deterioro del INCAA impulsado por el Gobierno de Milei terminó golpeando especialmente a las producciones independientes, esas películas pequeñas que durante décadas funcionaron como un espacio de experimentación y también como una fuente laboral para muchísimos actores. «Hoy contás con los dedos de una mano las películas independientes que logran hacerse. Es un vacío enorme».

Esta situación no es ninguna casualidad. «No hace falta prender un noticiero para saber lo que está pasando», señala. «Sólo hay que caminar unas cuadras. Lo ves en la cara de la gente. Se ve tristeza y una capa gris de cansancio que antes no estaba».

Su crítica al gobierno de Javier Milei es frontal. Pero también su desilusión sobre la respuesta popular: «Yo siempre pensé que iba a haber consenso para un juicio político debido a un montón de estafas que son evidentes. No solamente por quien era el vocero presidencial y luego jefe de Gabinete, sino por el mismo Milei haciendo la estafa $LIBRA, Karina y su porcentaje, los créditos hipotecarios del Banco Nación y demás corruptelas. La verdad es evidente: este Gobierno está saqueando todo lo que puede y sin ponerse colorados. Pensaba que el juicio político venía pronto, pero no. Estoy un poco bajoneado. No lo puedo entender. Pero bueno, hay que seguir haciendo y luchando: el tiempo nos dará la verdadera respuesta». «

Por amor a Mara

De Diego Carreño. Dirección: Carlos Belloso. Elenco: Sol Canesa, Diego Carreño, Cecilia Roche y Miguel Ángel Vigna. Sábados a las 22 en La Carpintería Teatro, Jean Jaurès 858 (CABA).

Casual

De Federico Viescas. Dirección de Pablo Fábregas. Elenco: Carlos Belloso, Diego Gentile, Malena Guinzburg, Mica Lapegüe, Claudio Martínez Bel. De miércoles a viernes a las 21; sábados a las 19 y a las 21; domingos a las 19, en el Multiteatro, Corrientes 1283 (CABA).

Belloso y el Mundial

Carlos Belloso sonríe cuando habla del Mundial porque sabe que, durante esas semanas, el fútbol puede más que cualquier escenario. Lo comprobó en carne propia. Una de las funciones programadas coincidía con un partido de Argentina y la decisión fue inevitable: suspenderla. «Ya había gente que había sacado entradas, pero sabíamos que iban a venir tres personas. No tenía sentido. Cuando juega la Selección, el país se detiene».

No lo dice con resignación, sino como la constatación de un fenómeno cultural que atraviesa a la Argentina desde siempre. El teatro, el cine, los restaurantes y hasta las calles cambian su ritmo cuando rueda la pelota.

«Como director siempre estoy atento a los actores, que me van dando colores con su emocionalidad, gestualidad y acciones».
Foto: Antonio Becerra

Esa pasión, sin embargo, convive con una mirada crítica. Belloso reconoce que los mundiales siempre le generan sentimientos encontrados: «Por un lado está el hincha, el que disfruta de ver jugar a la Selección y compartir esa alegría colectiva. Pero, al mismo tiempo, es imposible no ver el enorme negocio que hay detrás».

Las recientes polémicas que mezclaron decisiones deportivas con presiones políticas no hicieron más que reforzar esa percepción. «Vivimos en una época donde parece que un llamado telefónico puede modificar demasiadas cosas. Esa lógica no aparece solamente en el deporte: atraviesa la política y también la cultura», reflexiona. Pero aun así, cuando llega el Mundial, Belloso vuelve a ocupar el lugar de cualquier argentino frente al televisor. Grita los goles propios, sufre los ajenos y celebra los triunfos. Después, cuando termina el partido y el telón vuelve a levantarse, se vuelve a conectar con la pasión que marca su vida.«

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