En "Desandar los días. Correspondencias y conjuros", la cantante y la ensayista convierten una amistad en un ensayo sobre la Argentina. Una lectura crítica del país atravesado por el gobierno de Milei.

En contraposición a la velocidad de las redes, la instantaneidad de los mensajes y la lógica del comentario breve, Herrero y López recuperan el viejo género epistolar y defienden una práctica cada vez más escasa: la conversación como ejercicio de escucha y elaboración compartida. No es una conversación cualquiera. Herrero, además de una de las voces más originales de la música popular argentina, es licenciada en Filosofía; López es socióloga, ensayista y escritora. Esa formación atraviesa cada página.
Hay, además, un tercer interlocutor que no escribe y, sin embargo, está presente. La figura del sociólogo y pensador Horacio González —compañero de vida de Herrero y colega y amigo de López, fallecido en 2021— sobrevuela el libro. Su ausencia no se convierte en nostalgia paralizante, sino en pregunta permanente: ¿qué herramientas ofrecería para comprender un mundo que parece haber perdido muchas de sus certezas?
Ese mundo cambia mientras las autoras escriben. El intercambio comienza antes de las elecciones presidenciales de 2023 y acompaña el desembarco de Javier Milei en la Casa Rosada. Una y otra vez aparecen preguntas sobre qué transformaciones produjo la pandemia en los vínculos y de qué manera el individualismo terminó ocupando un lugar central en la vida contemporánea.
“Cada día dan pasos hacia una libertad menos y una vergüenza más, para hacer de la vida social un cangrejo temeroso, que huye hacia zonas de perfecta inmovilidad en ciertos aspectos y de vertiginosos cambios en otros. Siento que no estamos pensando bien la amenaza”, escribe López en noviembre de 2024.
En ese recorrido, Herrero, sobre todo, despliega una mirada crítica sobre la tecnología. Advierte cómo las pantallas y la hiperconectividad erosionan la experiencia del encuentro. La crítica alcanza también a las redes sociales y a la cultura del meme, entendidas como formas de circulación de sentido que muchas veces reemplazan la acción política efectiva.
Hay desconcierto frente al presente, decepción por las disputas internas del peronismo e insistencia en la necesidad de una autocrítica. Las autoras tampoco eluden la escena internacional. El genocidio en Gaza aparece como evidencia de otro fenómeno inquietante: la dificultad de sentir el horror cuando las imágenes se consumen a través de pantallas. También reflexionan sobre la influencia de Estados Unidos en la región o el retroceso que representan reformas como la laboral.
Los momentos de mayor desaliento encuentran pequeños contrapuntos de esperanza: las movilizaciones antifascistas, la defensa de la universidad pública, algunos triunfos electorales. Son destellos breves, pero alcanzan para impedir que el libro caiga en el derrotismo.
Otro gran tema que recorre la correspondencia es el lugar del arte en tiempos de crisis. ¿Qué sentido tiene escribir o cantar cuando el mundo parece correrse hacia la intemperie? Las respuestas revelan una convicción compartida: la creación artística sigue siendo una forma de intervenir sobre la realidad.
De hecho, una parte importante del libro acompaña la gestación de Fuera de lugar, el último disco de Herrero. El lector asiste al proceso creativo, a las dudas y al nacimiento de un álbum que dialoga con muchas de las preguntas que atraviesan el intercambio. “Si no hay comunidad no hay música”, sostiene tajante Herrero en julio de 2025. “Estas músicas (…) no significan retiro; por el contrario, es el lugar lo que impide estar en él. Por lo tanto, retirarse es fundar otro horizonte en el que se construya todo lo que se necesite para salir de ahí”.
Desandar los días no intenta ofrecer recetas para salir del desconcierto. Su apuesta es más modesta: reivindicar la conversación como forma de resistencia. En tiempos de respuestas rápidas y posiciones inamovibles, Herrero y López recuperan el derecho a pensar juntas, a equivocarse y a seguir haciéndose preguntas. Tal vez ese sea uno de los últimos conjuros posibles.«
De Liliana Herrero y María Pía López. Editorial Las Cuarenta. 120 páginas.
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