La dictadura del '55 le cambió el nombre, pero lo recuperó en los '90. El origen y la llegada de la familia Domínico a una zona de chacras y pantanos. Desgracias familiares, progreso, el ferrocarril y un parque pensado para los obreros. Hoy es lugar predilecto del deporte comunitario.

Para hablar del Parque primero hay que hablar del partido que lo contiene. Limitando al norte con CABA y al sur con Quilmes, Avellaneda es epicentro del sur del Gran Buenos Aires. El territorio que hoy transitamos fue otorgado por Juan de Garay, en el año 1580, a Don Juan de Torre de Vera y Aragón y posteriormente se fue parcelando. En un primer momento su uso fue para chacras, quintas de verduras y frutas. A la vera del territorio, se instaló el antiguo “Camino Real del Sud” (actual Avenida Bartolomé Mitre) uno de los caminos principales que comunicaban el pueblo con la “Gran aldea” (actual Capital Federal).
En 1856, un ciudadano alemán, Jorge Dominico, llegó a esta zona y estableció su residencia en un amplio espacio verde. Ese que terminaría siendo el actual Parque de Villa Domínico, donde alrededor se fue forjando el barrio pujante que terminaría la localidad con el mismo nombre. En realidad, el parque tiene otro nombre: “Parque de Los Derechos del Trabajador”. Nada mal elegido para despedir los restos del Indio, teniendo en cuenta la afinidad ideológico y el sentior del artista con el sector popular, los trabajadores, los más desfavorecidos.
En 1810, toda la zona actual de Villa Domínico y sus alrededores, tenía las características propias del ámbito rural, sin población alguna, con excepción de algunos puestos que pudieron existir desde que los dominicos se instalaron, a mediados del siglo XVIII, según lo atestiguan algunas mensuras. En 1810, ya producida la Revolución de Mayo, por una disposición del real consulado se comienza la construcción de los puentes sobre el arroyo Santo Domingo, Crucecita y Sarandí, dando conectividad con Quilmes hasta llegar a Ensenada, al puente sobre el arroyo Santo Domingo se lo denomina “Puente Chico”, dándole nombre a todo su alrededor.
En 1838, cuando don Juan Manuel de Rosas había asumido por segunda vez la gobernación de la provincia de Buenos Aires, ordena la realización de un censo general de población. Le encomendó su ejecución a los jueces de paz de cada Partido. Este censo determinó que en el Paraje del Puente Chico, había dos vecinos principales, chacareros ambos, don Andrés Pazos y don José Santos Casco, junto a una población de once personas. Diez años después, en 1848, doña Apolinaria B. de Brown, compró tierras ubicadas dentro del perímetro formado por las calles Mitre-Posadas-Belgrano y Centenario Uruguayo, donde se instala la familia de don Bartolomé Brown, formándose en 1850 el saladero de don Patricio Brown, primer establecimiento de tipo industrial de la localidad.
El 3 de febrero de 1852, Urquiza, al mando del “Ejercito Grande” derrota a Rosas en la batalla de Caseros y un día después designa a Vicente López y Planes gobernador de la provincia de Buenos Aires. «En esas circunstancias, a instancias del juez de paz de Quilmes, don Martín José De la Serna, se crea el 7 de abril de ese año el Partido de Barracas al Sud, y el 15 de abril es nombrado De la Serna como primer presidente de la nueva Municipalidad», relata Raúl Jorge Fernández.
Hacia 1856, cuando recién se había producido su casamiento, aparece en la zona don Jorge Domínico, de origen alemán, nacido en Münden, Baja Sajonia, que le compra un campo a doña Regina Basualdo de Casco, el 5 de julio de ese año: tenía «80 varas al oeste y 183 varas al este».
Domínico le suma compras de terrenos linderos y comienza a formar su estancia, en especial «un parque destinado a rodear su casa rural, plantando distintas variedades de árboles, en particular la conocida como ‘eucaliptus globulus’, con semillas traídas desde Australia por gestión de don Domingo Faustino Sarmiento», aporta el historiador.
En 1857 nace su hijo, y en 1866 inicia la construcción del casco de la quinta, pero la desgracia comienza a golpear a la familia: en 1868 muere su primera esposa, a causa de una epidemia de cólera que asoló el sur de la provincia. Don Jorge se siente muy solo en la enorme casona que hizo construir y necesita de alguien que se ocupe de su hijo, de 11 años. Entonces se conecta con la comunidad cristiana de Pineberg, en Alemania, donde el pastor «convence» a Carlota Cristina Brodersen, joven enfermera de 22 años, para que viaje a la Argentina a contraer nupcias con Domínico.
De este matrimonio nacerán cinco hijos Augusto, Carlos, María Luisa, Carlota y Germán. Durará muy poco la felicidad, de nuevo la fatalidad golpea a la familia: en 1882 fallece don Jorge. Un año más tarde, en 1883, la pequeña Carlota fallece a causa del tétano, cuando tan solo contaba con 9 años. Doña Carlota se hace cargo del control de la quinta y de las tareas.
Augusto, de profesión taxidermista, sale en un bote de remos, siguiendo el curso de los arroyos que pasaban por la esquina, y nunca más se supo de él. En el interior del bote, encontraron un capote impermeable con manchas de sangre. Nunca hallaron su cadáver ni rastros de él.
Estamos en 1894, año clave para la zona porque se produce el primer fraccionamiento urbano en Domínico, según consta en la Carpeta número 6 bis del Partido de Avellaneda, del Departamento de Investigación Histórica y Cartográfica. Comprendía a unas treinta manzanas ubicadas en el sector delimitado por las calles Coronel Méndez, Almirante Cordero, Matanza y Casacuberta.
La aprobación por parte del Concejo Deliberante de la traza del nuevo barrio el 11 de agosto de 1894 le otorga la fecha de fundación, con destino a vivienda urbana. Previamente, en 1889 arribó al casco de la estancia don José Francisco Goenaga. Así se asentaba una de las familias más antiguas de Domínico, cuyos descendientes habitan aún hoy la zona.
Con el siglo XX, el lugar sigue transformándose, comienzan las obras del tranvía eléctrico a Quilmes, que con ritmo febril modifican la fisonomía del viejo Camino Real. Comenzó la época de los grandes loteos. Entonces familia Domínico decide fraccionar parte de sus tierras, al este de las vías. Así, en el año 1907 surje Villa Haydée. En los siguientes meses continúan las ventas de tierras y nacen Villa Domínico Este, y Villa Domínico Oeste, según su ubicación respecto del Camino Real.
Las diferentes tierras empezaron a poblarse rápidamente, sobre todo con la llegada de gran número de inmigrantes. El Censo Municipal de 1910, año del Centenario, le daba a Domínico una población de 1100 habitantes y diez casa de comercio. El 11 de enero de 1904 el Partido de Barracas al Sud ya habia cambiado su nombre a Avellaneda.
Volvamos atrás: el ferrocarril a la Ensenada se habilitó hasta la estación de Quilmes el 18 de abril de 1872. Pero en la zona del Puente Chico, antigua denominación de Villa Domínico, no había sido prevista ninguna parada o estación.
Fueron las gestiones de la familia Domínico (y la cesión de tierras) quienes permitieron que la empresa del Ferrocarril Sud dispusiera habilitar una parada en el Kilómetro 10.200 del ramal Casa Amarilla-La Plata, a la que el 12 de junio de 1908 se le pone el nombre de Villa Domínico. La misma estación que este domingo verá llegar a miles y miles de seguidores del Indio para el último adios.
En cuanto a la familia Domínico, en 1904 doña Carlota perdió a su hijo Carlos de 33 años, a causa del carbunclo. Frente al dolor por la pérdida de su esposo y cuatro hijos (solamente quedaba viva María Luisa) se vuelca a la atención de las vecinas y vecinos, especialmente los más necesitados, en las villas que iban surgiendo sobre pantanos. Abre una especie de “sala de primeros auxilios” que atendía gratuitamente a los pobladores aplicando sus conocimientos de enfermería, entregaba los medicamentos que ella misma preparaba, con productos naturales como yuyos, hierbas y miel.
«Atendía también a las parturientas y se recuerda cuantas veces cruzó el Camino Real hasta la casa de la familia Goenaga, para que don José la llevara en el sulky al domicilio donde esperaba el alumbramiento para atender el parto. Muchas veces dio dinero a los necesitados o distribuyó ropas durante o después de las inundaciones que con cierta frecuencia asolaban la zona«, aporta Raúl Jorge Fernández.
Luego del ferrocarrill llega la estafeta postal y la Escuela de Fomento (ex 64, hoy 66). Vienen grandes inundaciones en 1914 y 1916, y el 18 de abril de 1919 Carlota muere, en casa de su hija María Luisa, en Palermo. Sus restos fueron inhumados en el Cementerio Alemán de Buenos Aires. Allí descansan los restos de toda la familia, donde pueden apreciarse dos pequeñas palmeras, similares a las que “cuidaban” el camino de entrada a la vieja casona de la quinta.
Ya sin sobrevivientes de la familia original, más de diez hectáreas de lo que fue la estancia de los Domínico terminarían entregándose para el parque, inaugurado el 18 de noviembre de 1949 con el nombre Parque Los Derechos del Trabajador. Era plena época del primer peronismo. Se pensó no solo como un parque, sino también como espacio de encuentro y reflexión de la clase trabajadora. Aún hoy se pueden ver esculturas y placas que aluden a los trabajadores y sus luchas.
Situado en avenida Mitre al 4900, a lo largo de los años sufrió muchos avatares. Hubo tiempos en que fue convertido en un terreno casi baldío, con sus monumentos, juegos, e instalaciones abandonadas. Y la dictadura del ’55 le cambió su nombre a Presidente Sarmiento. Pero en 1991 recuperó su nombre original.
Además de los espacios verdes, donde hay mesas y sillas para descansar, juegos para niños y una histórica calesita, se destacan construcciones, como el complejo Domínico Alto Rendimiento (DAR), que incluye un auditorio con capacidad para 180 personas utilizado para capacitaciones y eventos académicos; canchas de fútbol, básquet y patín, pista de atletismo, dos piletas olímpicas (una para niños y otra para adultos) y el anfiteatro Hugo del Carril, donde se realizan pequeños espectáculos al aire libre. El cuerpo de Solari descansará en el microestadio José María Gatica, al sur del predio.
El Parque “Los Derechos del Trabajador” es hoy un símbolo de identidad y memoria colectiva. Los domingos, en el parque se realiza la tradicional “Feria de los Pajaritos”, donde se puede encontrar, literalmente, de todo. Incluso durante años fue motivo de debate público porque allí se vendía todo tipo de animales. Feriantes e históricos vecinos recuerdan el día en que alguien intentó vender un león.
La zona también está ligada al vino. Entre 1860 y 1865, se produce una inmigración de italianos del norte, los ligures, oriundos de la región de la Italia continental, que comprende a las provincias de Génova, Imperia Savona y La Spezia.
Se dedicaron al laboreo en medio de quintas, muchas de cuyas primitivas hectáreas, sembradas con verduras, hortalizas y viñedos, subsisten hasta nuestros días.
Gracias al injerto con cepas europeas lograron una uva rojo-negra, pequeña, a la que se conoce vulgarmente como uva chinche o de la Costa. Es resultante de la variedad italiana “isabella” y así se inicia con ella la elaboración de un vino de baja graduación alcohólica y sabor frutado: “el vino de la Costa”, tal como se lo conoce popularmente.
En la actualidad, el área quedó reducida a aproximadamente 370 hectáreas, comprendidas entre el Acceso Sudeste, el arroyo Santo Domingo, el Canal Sarandí y el Río de la Plata donde se ubican unas 70 quintas, ocupando el 10 por ciento de la superficie del Partido de Avellaneda. En la composición del Escudo del Partido existen dos racimos de uva como muestra de la importancia que logró la actividad en la Costa.
La elección del lugar para velar al Indio cobra sentido por su escala, sus accesos y su cercanía con la Ciudad de Buenos Aires. Las autoridades confirmaron que se hará el domingo 7 desde las 11 AM.
Ubicado sobre Avenida Bartolomé Mitre 4700, Parque Domínico es uno de los puntos verdes y recreativos más reconocidos de Avellaneda. Lo más directo es ir en tren, en la Línea Roca, hasta Domínico.
Según las referencias de movilidad disponibles, las líneas 197, 247, 17, 22 y 98 tienen recorridos que pasan cerca de Parque Domínico. En auto también es directo, especialmente por Mitre.
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