Con un emotivo homenaje, la Plaza de Mayo despidió a Taty Almeida

Participaron referentes de la lucha por los Derechos Humanos, de la política, de organizaciones sociales, de Madres de Plaza de Mayo, de HIJOS y de la familia de Taty Almeida.

El sábado 20 de junio de 2026, la Plaza de Mayo volvió a ser escenario de una de esas jornadas que condensan historia, memoria y emoción colectiva, en el homenaje a Taty Almeida, fallecida el 14 de junio.

A las diez de la mañana, cientos de personas comenzaron a reunirse alrededor de la Pirámide, convocadas por las Madres de Plaza de Mayo Línea Fundadora, H.I.J.O.S. y la familia de Taty Almeida. El motivo era único: despedir a la histórica referente de derechos humanos, fallecida el 14 de junio a los 95 años, cumpliendo su deseo de que sus cenizas descansaran en el mismo lugar donde tantas veces marchó.

La ceremonia inició con el silencio respetuoso de los presentes, roto por los cánticos que desde hace décadas acompañan las rondas de las Madres. Tres vueltas alrededor de la Pirámide marcaron el ritmo de la despedida, replicando aquel gesto que en 1977 se convirtió en símbolo de resistencia frente a la dictadura. Al concluir la ronda, familiares y compañeras esparcieron las cenizas de Taty al pie del monumento, mientras pañuelos blancos y flores se multiplicaban en el suelo como testimonio de su legado.

Los asistentes a la despedida de Taty Almeida

Entre los asistentes se destacaron figuras como Adolfo Pérez Esquivel, Premio Nobel de la Paz, y referentes de organismos de derechos humanos y sindicatos. También se hicieron presentes dirigentes políticos como Horacio Pietragalla Corti y Juan Manuel Abal Medina, quienes subrayaron la vigencia de la consigna que Taty repetía incansablemente: “No nos han vencido”. Los aplausos, las lágrimas y los abrazos entre desconocidos dieron cuenta de que la despedida trascendía lo personal: era un acto colectivo de gratitud y compromiso.

El homenaje no fue solo un ritual de despedida, sino también una reafirmación de lucha. Voces jóvenes de H.I.J.O.S. recordaron que Almeida fue puente entre generaciones, capaz de transmitir la memoria del terrorismo de Estado a quienes nacieron en democracia. “Su legado quedará grabado a fuego en las nuevas generaciones militantes”, expresó una oradora, mientras los pañuelos blancos flameaban en alto.

La jornada concluyó con un aplauso prolongado, casi infinito, que envolvió la Plaza de Mayo. Allí, donde Taty Almeida caminó tantas veces reclamando justicia por su hijo Alejandro y por los 30.000 desaparecidos, sus cenizas quedaron como símbolo eterno. La Plaza, testigo de luchas y esperanzas, se convirtió en su morada definitiva, sellando una historia de vida que seguirá inspirando a quienes creen en la memoria, la verdad y la justicia

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