De resistir y luchar, de agruparse y caminar, de abrazarse y marchar, de poner el cuerpo y construir. Taty Almeida es una de aquellas mujeres que han abierto un camino por los derechos humanos y por una democracia justa para todos y para todas. Cuando en 2015 el Ni Una Menos abrió las puertas para profundizar los debates sobre los derechos de las mujeres y diversidades, Taty, también estuvo ahí gestando nuevas luchas. 

Como Madre de Plaza de Mayo fue una de las protagonistas necesarias en cada marcha del 8 de Marzo y también en las manifestaciones por el 3 de Junio. En los últimos años, para la Marcha del Orgullo LGBT que se realiza en noviembre, comenzó a sumarse al camión del Frente Orgullo y Lucha para acompañar los reclamos de la diversidad con un pañuelazo.

La fuerza que las Madres de Plaza de Mayo le dieron a los feminismos es innegable. De las historias que más se conocen, ninguna de aquellas madres que durante la dictadura cívico militar “y clerical”, diría Taty, salieron a golpear las puertas buscando a sus hijos e hijas, se identificaba en ese momento con el feminismo. Fue una pulsión de vida y la certeza de que el Estado no podía desaparecer, torturar y matar lo que las movió. Aprendieron antes que cualquiera que la tarea fundamental era reconocerse entre compañeras y unir las luchas contra las injusticias. 

En 2018, cuando el debate por el derecho al aborto legal, seguro y gratuito se masivizó y tomó las calles, Taty también estuvo acompañando. El pañuelo verde que se propagó en el ambito del feminismo desde 2003 estuvo inspirado en el pañuelo blanco de las Madres, tomado como un símbolo de lucha de las mujeres. 

La mirada de Taty tuvo una marcada perspectiva feminista que se fue gestando con los años. “No hay que tenerle miedo a la palabra militancia”, decía. En cada marcha del movimiento su presencia estaba asegurada con su cuerpo o con su voz. En una de las tantas entrevistas que dio en los últimos años, Taty se refirió al rol de los padres de desaparecidos y destacó que fue el machismo el que impidió que mostraran su dolor. “Muchos murieron de infarto por no poder expresar su tristeza, porque estaba mal visto que los hombres lloren”

“Las mujeres, nosotras las Madres, las locas realmente ocupamos lugares importantísimos, fuimos conquistando lugares muy importantes con nuestro pañuelo blanco que recorrió el mundo”, dijo Taty Almeida en una entrevista para la Radio y Televisión Pública cuando se cumplieron 40 años de la dictadura. “Del ámbito doméstico salimos a la calle a la plaza a ocupar lugares que eran reservados para los hombres. Pusimos nuestro cuerpo en las marchas, en todo”, recordó. En cada entrevista, Taty destacaba que no había heroicidad en sus actos, “nos arrebataron lo más preciado en mi  caso, Alejandro”, pero también recordaba “fuimos construyendo una muralla de resistencia. Nunca se esperaron que mujeres que parecíamos todas amas de casa saliéramos como leonas”. 

“Militancia y joda” era una de las frases que repetía Taty. Un mandato quizá para seguir construyendo memoria colectiva, para seguir preguntándonos qué hicieron con nuestras y nuestros desaparecidos. 

En tiempos de violencia, en épocas de oscuridad, en estos días en que en la Argentina hay un crimen de odio al género cada 30 horas más que nunca las luchas transfeministas necesitan cobijarse en Taty.  

Nos quedamos un poco más huérfanas sin su cara sonriente  sin sus ojos brillantes y el rostro de Alejandro a quien queremos todas como si fuera nuestro hermano. “Si las madres pudieron, ¿por qué no nosotras?”. 

Gracias Taty.