El presidente lo pondera como un modelo exitoso de cine privado, pero obtuvo 150 millones de pesos del Ministro de Desarrollo Económico porteño, en ese entonces gestionado por Roberto García Moritán, ex de Pampita. La revelación desató críticas porque contrasta con el brutal vaciamiento del Incaa y el discurso oficial.

El subsidio se estima en unos 150 millones de pesos. Se trató de un certamen destinado a devolver parte de la inversión a productoras con “proyección internacional” y fue gestionado en ese momento por Roberto García Moritán, entonces ministro de Desarrollo Económico porteño. La revelación derrumba la narrativa de un largometraje financiado de manera exclusiva con capitales privados y vuelve a instalar el debate sobre la distribución de recursos en la industria audiovisual.
El contraste es evidente: mientras el Gobierno nacional recortó los fondos del Instituto Nacional de Cine y Artes Audiovisuales (Incaa) mediante el decreto 662, que limita los subsidios a pequeñas y medianas producciones, Homo Argentum accedió a fondos públicos que le permitieron consolidar una estructura de estreno masivo. Ese mismo Incaa, históricamente clave para el desarrollo del cine argentino en la posdictadura, fue el que en sus primeros años acompañó también a Cohn y Duprat con recursos que impulsaron títulos hoy reconocidos.
El presidente del organismo, Carlos Pirovano, salió en defensa de la película y del programa de financiamiento, aunque admitió no haberla visto completa. “No pude ir al cine, pero vi TikToks; cuando ves TikToks ves casi toda la película”, declaró, generando una nueva polémica en redes sociales y en el propio sector audiovisual. Sus palabras contrastaron con la férrea defensa que hizo Milei, quien definió a la obra como “una pieza de arte” y celebró que su último tramo “desenmascara la injusticia de la llamada Justicia Social”.
La paradoja es que, en medio del vaciamiento de los mecanismos tradicionales de fomento, el caso Homo Argentum exhibe cómo la política cultural del oficialismo opera con una doble lógica: se desfinancia al cine independiente mientras se celebran, incluso con recursos públicos, las producciones que se ajustan al relato oficial. Una grieta que, más allá del marketing y de la taquilla, vuelve a poner en discusión qué lugar tendrá el cine argentino en los próximos años.
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