El show que reunió a cientos de miles de personas cobra ahora un valor simbólico aún mayor. Fue el cierre de un fenómeno cultural único en el país.

En medio de la conmoción por la muerte del músico a los 77 años, aquel show vuelve a cobrar una dimensión especial. La presentación en Olavarría no solo representó una nueva «misa ricotera», sino también el cierre definitivo de un fenómeno cultural sin precedentes en la música popular argentina.
Miles de seguidores llegaron desde distintos puntos del país para presenciar una jornada histórica. Con el predio desbordado de público y una expectativa que se sentía en el aire, la noche alcanzó su punto más emotivo cuando se apagaron las luces y comenzó a sonar la introducción instrumental que anticipaba la salida del artista.
Minutos después, Solari apareció en escena junto a Los Fundamentalistas del Aire Acondicionado y abrió el recital con «Barba Azul vs. El amor letal», desatando la euforia de una multitud que acompañó cada canción como si se tratara de una celebración irrepetible.
Apenas transcurridos veinte minutos desde el inicio del recital, Solari interrumpió la presentación al advertir situaciones de riesgo en los sectores más cercanos al escenario, donde varios asistentes estaban siendo empujados y aplastados por la multitud. Ante ese panorama, solicitó encender las luces del predio y el show quedó suspendido durante unos veinte minutos.
Tras la pausa, el músico retomó el concierto con «Héroe del whisky» y «Etiqueta negra», aunque debió volver a detener la actuación debido a nuevos incidentes en los primeros metros del campo. Más tarde, luego de interpretar «Esa estrella era mi lujo», expresó su malestar ante la situación y volvió a interrumpir el espectáculo.
Minutos después regresó al escenario para continuar con «Todo preso es político», acompañado por un mensaje en apoyo a las Abuelas de Plaza de Mayo y una reflexión sobre la baja de la edad de imputabilidad.
Pese a las reiteradas interrupciones y a que el recital ya había sido cancelado, Solari decidió despedirse de su público con dos de sus canciones más emblemáticas: «Ji ji ji» y «Mi perro dinamita». Cerca de las dos horas de presentación, agradeció la presencia de los asistentes y puso punto final a lo que terminaría siendo su último show en vivo.
Con el paso del tiempo, aquel concierto adquirió un valor simbólico aún mayor. Lo que en ese momento fue una nueva demostración del poder de convocatoria del Indio terminó convirtiéndose en el último registro en vivo de una de las figuras más influyentes, populares y trascendentes de la historia del rock nacional.
La velada, sin embargo, se enlutó con la muerte de dos personas, lo que le valió al Indio numerosas críticas. A la salida del recital, además, hubo embotellamientos y numerosos perdidos.
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