Trump pone el foco en las protestas para amenazar con algún tipo de intervención en el país persa.

Desde que comenzaron las protestas el 28 de diciembre, cuando comerciantes de Teherán protestaron por la crisis monetaria y el empeoramiento de las condiciones de vida, las manifestaciones se extendieron por todo el país. En lo que concierne a cifras de víctimas entre los manifestantes, la ONG HRANA (Agencia de Noticias de Activistas de Derechos Humanos), con sede en Estados Unidos, estima que al menos 65 personas murieron en contextos de represión y 2311 fueron arrestadas.
En medio de este clima enrarecido y violento, la Cámara de Comercio de Teherán buscó llamar a la calma al asegurar que este domingo comenzará una operación de “distribución generalizada de combustible” en el mercado. “Hemos tenido escasez durante un tiempo pero estamos a punto de resolverla”, hizo saber la cámara en un comunicado recogido por la agencia Tasnim en su cuenta de X.
Las respuestas oficiales sitúan el foco del conflicto en el exterior. “El enemigo, con otra conspiración, apoyada por el régimen sionista criminal y asesino de niños, y grupos terroristas y hostiles, busca perturbar el orden y la paz de las ciudades y la seguridad pública del país”, denunció el Ejército de la República Islámica de Irán en un comunicado en el que llamó “a la nación iraní a frustrar los complots del enemigo manteniendo la vigilancia y la inteligencia nacionales y, manteniendo al mismo tiempo la unidad y la cohesión”.
Por su parte, el ayatolá Ali Jamenei, máxima autoridad política y religiosa de Irán, responsabilizó directamente al presidente Donald Trump de fomentar las protestas. En un mensaje televisivo emitido el viernes, acusó a los manifestantes de “arruinar sus propias calles para hacer feliz al presidente de otro país”, en referencia a Trump.
El Consejo de los Guardianes, una de las instituciones más poderosas del país, instrumental en la aprobación de los ganadores de las elecciones presidenciales, se pronunció este sábado en términos semejantes: “La injerencia extranjera convirtió las protestas populares en caos. Basándonos en la realidad, podemos afirmar que hay manos ocultas presentes y activas en estos disturbios”, manifestó en un comunicado.
El conflicto activó la participación de Reza Pahlaví, el hijo mayor del extinto líder monárquico, quien vive en el exilio desde la Revolución Islámica de 1979 y reside en el estado norteamericano de Maryland. En un mensaje publicado en su cuenta de X, Pahlaví se declaró convencido de que las manifestaciones lograrán poner “completamente de rodillas a la República Islámica y a su desgastado y frágil aparato de represión”. Dando un cierto fundamento a las sospechas oficiales, Pahlaví arengó a trabajadores y empleados de sectores clave de la economía, especialmente el transporte, el petróleo, el gas y la energía, “a iniciar un proceso de huelga a nivel nacional”.
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