Columna de opinión de Ivana Romero.
Por las mañanas diseñaba bocetos de obra y escuchaba por radio a Víctor Hugo Morales en su estudio-museo de la calle Humahuaca. Ahí guardaba varias de sus obras hechas de agua y luz. Él, que le temía al agua porque una vez, a los 13 años, casi se ahoga.
Cada vez que nos veíamos señalaba con orgullo una tapa que le habíamos hecho en el suplemento de cultura de Tiempo Argentino, donde decíamos que él era el Gardel de la Vanguardia. Y es que en 1944, junto con Arden Quin, Rhod Rothfuss y Edgar Bayley, entre otros, publicó la revista Arturo, que sólo salió una vez pero armó revuelo con sus pronunciamientos sobre el fin de la figuración. En 1945, vinieron las exposiciones de Arte Concreto-Invención y un año después, la creación del nombre Madí con manifiesto propio e imagen fundacional a cargo de Gyula y la fotógrafa , cerca del Obelisco.
Buen viaje, Gyula, y gracias por todo. Defenderemos el júbilo y la transgresión.
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