En el niño y la bestia, dos seres segregados y doloridos, entendidos prácticamente por nadie, se encuentran y comienzan a aprender, sin darse cuenta, mucho de lo que les falta.
Kyuta es un niño al que la justicia quiere entregar en guarda a otra familia en parte por desavenencias entre sus progenitores, otra por errores que cualquier padre puede cometer, pero sobre todo por un sistema que se atribuye el ideal de la perfección. Enojadísimo, Kyuta se escapa, odia a todo el mundo y por accidente cae en un mundo paralelo, el de las bestias. Ahí conocerá a alguien tan enojado o más: los dos son presas de su testarudez, de la inoperancia que genera la ofuscación, de la soledad que produce ese agujero que un dolor que se ha padecido ha dejado, y que aleja a todos, excepto a quien descubre cómo amarlos.
Así la película escala en aprendizajes y nuevos estadíos de ambos personajes, y en una dialéctica que en un pasaje llega a cansar, descubre su parábola, la del agujero negro que genera el odio.
Con una hábil combinación de los principales ingredientes de la animación japonesa, esto es: conflictos adolescentes, criaturas sobrenaturales que se compartan bastante humanamente, batallas épicas de interminable final, el film consigue contar su cuento, aunque por momentos subraye situaciones, como si temiera que su público no entendiera.
Ficha técnica: El niño y la bestia. Título original: Bakemono no ko. Dirección: Mamoru Hosoda. Apta para todo público con reservas.
Un juzgado de San Martín concedió el recurso en nombre del carácter alimentario de los…
El invierno vuelve a exponer una contradicción que ya debería resultar insoportable: Argentina produce niveles…
Los trabajadores de Khamsin SA advierten que la fábrica cambió de dueños y que están…
El entrenador argentino, Lionel Scaloni, fue cauteloso a la hora de responder sobre el recuerdo…
Ayer, lunes 13 de julio a las 3.57, se murió mi mamá. Le decían Beba…