Estados Unidos y el fin de una civilización

Por: Luis Klejzer

El autor describe lo que implica dar clases de historia cuando el presidente de la principal potencia militar del mundo hace una invitación a la barbarie.

El 7 de abril pasado no fue un día más. En sus redes, el presidente de EEUU Donald Trump, le advirtió al mundo que esa noche, “toda una civilización morirá para no volver jamás”.

Para quienes somos profesores de historia, y seguramente para la mayoría de la humanidad, esa frase no fue una frase más. Es la expresión de un emperador, que detenta el poder militar más importante de la historia y que pretende hacer y deshacer lo que se le antoje.

Sí, hubo varios en la historia. Pero hubo uno que vos y yo estamos pensando, que le hizo mucho daño a la humanidad y que asesinó a millones de personas hace, apenas, ochenta años.

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La palabra que utilizó Trump no fue país. Ni régimen. Ni jefe de estado. Utilizó el concepto de civilización. Esa palabra, en esa oración, implica mucho más que la guerra por el petróleo, por los derechos políticos o por el Estrecho de Ormuz. Obviamente que el trasfondo es la economía y sus recursos, pero, a diferencia del secuestro de Nicolás Maduro en Venezuela, donde la acción fue por el control del petróleo, aquí el tema es más profundo. Es el futuro del orden global, es la disputa por la hegemonía entre un imperio en decadencia: el norteamericano y la emergencia de otro que crece a pasos agigantados: China. Para los superricos de EEUU es la lucha por la supervivencia de una civilización frente a otra en construcción donde no queda tan clara la división entre el Estado, la propiedad privada y el libre comercio.

Como señala Giovanni Arrighi, durante siglos la hegemonía global fue europea. Primero genovesa (siglos XV-XVI), luego holandesa (siglo XVII), posteriormente británica (siglos XIX-XX) y es estadounidense desde la segunda guerra mundial. Este orden global está basado en tres pilares fundamentales: la ONU + consejo de seguridad (orden político), el FMI + Banco Mundial (orden financiero) y el GATT (actual OMC, orden comercial). Este orden global está en profundo declive.

Mucho antes de la industrial y la francesa, la doble revolución, como la llamó Eric Hobsbawm, el centro del mundo era oriente con China e India como eje.

Como dice Claudio Katz, “la guerra de Irán retrata el declive imperial de Estados Unidos”. Esta caída, como todas las caídas de los imperios, trae aparejados signos de violencia, terror y destrucción. El perdedor se sabe perdedor y en su fracaso, como diría Discépolo, está solo y enojado con el mundo. Por eso, en su caída, pretende destruirlo todo.

Por suerte, en esta, algunos jefes de estado no son de la partida. Ni España, ni Francia, ni Alemania, ni Italia. El grupo de países que comparten la OTAN están ocupados en otro frente: Rusia.

Solo uno es aliado de Trump: Netanyahu.

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El aula es un lugar de aprendizaje, de vínculos saludables, de construcción de una educación respetuosa por la humanidad. Y en mis clases respetamos la historia poniendo foco y revalorizando la acción de las personas, como diría Marc Bloch. Porque la historia la hacen los hombres y las mujeres, porque esa acción construye civilización.

Cuando el 7 de abril pasado, el hombre más poderoso del mundo quiso arrastrar a toda una civilización y con ella a la humanidad al desastre, el mundo tembló como lo hizo durante trece días en la crisis de los misiles en octubre de 1962 en Cuba. En aquel momento, en medio de un equilibrio de poder llamado guerra fría, se llegó a un acuerdo bilateral.

Foto: AFP

Hoy el imperio se pretende como único juez. Desafía, avanza, asesina y retrocede.

El imperio norteamericano, al igual que los anteriores, se valió del poder militar para construir y sostener su orden. Hoy ya no le alcanzan sus misiles, ni su palabrerío como sucedió con George W. Bush en Iraq y sus inexistentes armas de destrucción masiva.

En mis clases respetamos la historia porque no es nuestra. No hacemos lo que queremos con ella. No nos consideramos sus dueños. No la manipulamos. Tan solo la enseñamos.

Y hoy nos toca enseñar que un solo tipo, al que muchos ciudadanos le dieron su voto transitoriamente por diversas razones, se cree que puede hacer desaparecer toda una civilización, esa que nació hace más de 2500 años, tan solo porque a un grupito de milmillonarios no le están cerrando las cuentas.

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La historia es mucho más que eso. La civilización persa tiene su origen en la irrupción de los indoeuropeos en esa región hacia el año 2000a.C. En esas incursiones conmovieron por el uso del caballo y los carros de combate. La segunda invasión fue hacia 1200a.C donde el uso del hierro en su armamento prevaleció sobre el bronce que usaban otros pueblos. En ese período fue que llegaron los Medos y los Persas. Los primeros dominaron a los segundos. Finalmente, fue Ciro quien unió a todas las tribus, venció a los Medos y levantó el imperio Persa en el 550 a.C.

Luego llegaron los musulmanes en el siglo VII y su expansión del comercio y la cultura. A partir del siglo XVIII ya metieron mano los europeos haciéndole perder el control de vastas regiones. Y en el siglo XX los ingleses dominaron la zona debido al creciente poder que le otorgaba el petróleo recién descubierto.

La historia reciente también aparece en el mensaje escrito por Trump: “45 años de extorsión, corrupción y muerte llegarán a su fin”. El mensaje hace referencia a la revolución iraní que en 1979 puso fin a la dictadura instalada en 1953 con el apoyo militar de la CIA, justamente, porque nacionalizaron el petróleo.

Desde ese momento, la falta de control sobre el Estrecho de Ormuz, por donde circula el 20% del petróleo del mundo, va en detrimento del poderío económico de EEUU y a favor de China.

En mis clases de historia hablo de muchas civilizaciones pasadas. Arrancamos el primer año con la Mesopotamia, seguimos con Egipto, Asiria, Acadia, Fenicia y Babilonia. Luego llegan los persas. El mensaje es que todas dejaron algo bueno para el progreso de la humanidad y nuestra cultura. Incluida la norteamericana.

Lo que está desapareciendo es el imperio norteamericano y esperemos que su decadencia no sea sinónimo de fin de la humanidad.

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