Por Carlos Chernov, escritor y psicoanalista
En Medicina se dice o se decía que las mujeres suelen ser más estreñidas que los hombres, por una cuestión cultural: intentan ocultar lo repulsivo. Si un adolescente hace ruidos escatológicos puede pasar como una gracia, si los hace una mujer se interpreta como un rasgo de mal gusto. Así como el alcoholismo femenino se esconde más que el masculino, que es visto con más indulgencia, es menos descalificador y más aceptado como costumbre. En tanto el hombre bebe en público y existen instituciones específicas para ello: los bares o pubs, la mujer bebe o bebía en la casa, igualdad de los sexos mediante, ahora ya no se oculta tanto. Sé con seguridad que es raro encontrar una mujer que sepa expectorar y escupir la flema. Y eso es enteramente cultural, no hay estructura anatómica que lo impida, sí, tal vez, los ruidos y muecas acompañantes. Quizá la menstruación, considerada impura para muchas culturas, funcione como el núcleo de esta lucha contra lo asqueroso, esta permanente lucha para permanecer inmaculada, como la virgen.
El viejo diccionario etimológico de Monleau dice en la entrada Mujer. Mujer, Muyer. En catalán muller, moller, en italiano, moglie, del latín, mulier, mujer, derivada, según algunos autores, de mulgere, ordeñar, porque en la casa rústica la mujer es la que suele ordeñar. Pero, oh sorpresa, en la misma página, algunas entradas más arriba, se lee Mugre. Según Covarrubias, del latín mulgere, ordeñar, por ser la mugre, grasa que destila el cuerpo «
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